Mujeres de todo el país llegan a Río con la intención de prostituirse. Atraídas por el aluvión de turistas durante los Juegos y la oferta de un club recién reabierto, dejaron familia, hijos y estudios para intentar amasar una pequeña fortuna durante el evento.
Maria tiene 24 años y odia su trabajo, pero necesita pagar sus facturas. Su sueño es graduarse en la universidad como auxiliar de autopsia y continuar estudiando en el extranjero. Decepcionada con la promesa de dinero que la trajo a Río, abandonó tras cinco días en la ciudad. "Solo vuelvo a Río para pasear", dice.
En un apartamento, situado en el rico barrio de Jardín Botánico y pagado por los gerentes de un club de prostitución, conviven 13 mujeres con tres cosas en común: se acuestan con hombres por dinero, detestan su trabajo y vinieron a Río para hacer una pequeña fortuna durante los Juegos Olímpicos. Flora, que tiene un hijo, aceptó posar para la foto, pero no quiso ser entrevistada.
La oferta que estas mujeres recibieron incluía el viaje de ida para Río, alimentación, transporte y hospedaje gratis. A cambio, están obligadas a trabajar en un club ocho horas por día, de lunes a viernes, hacer que los clientes consuman y acostarse, cada noche, con el mayor número de hombres posible.
Laura es una de las 13 mujeres que conviven en un apartamento de lujo en el Jardín Botánico alquilado por una casa de prostitución que reabrió para las Olimpíadas. Ella solo fue fotografiada, no quiso conceder entrevista.