Rompiendo tabúes: una mirada científica al sexo anal y todo lo que deberías saber sobre esta práctica.
El sexo anal refiere a la práctica sexual en la que hay penetración o estimulación oral del ano y/o recto de una persona con la única finalidad de obtener placer sexual. Siendo uno de los tabúes más persistentes aún en nuestros días, las dudas e inquietudes en torno a esta temática son igual de recurrentes. Por esta razón, hoy queremos invitarte a echarle una mirada científica al sexo anal y todo lo que deberías saber sobre esta práctica.
¿Por qué no hablamos de sexo anal?
En general, en el imaginario colectivo de la gente, el sexo anal comúnmente es asociado a parejas de hombres homosexuales. Sin embargo, no todos los hombres homosexuales lo practican y no es tan poco común en parejas heterosexuales o en parejas de mujeres homosexuales, como erróneamente suele creerse. Además, esta práctica es poco mencionada en ámbitos científicos y en la cultura general debido a la fuerte controversia que suele despertar, siendo un verdadero tabú. Esto hace que tengamos muchas dudas y conceptos erróneos sobre el tema.
Por otra parte, en muchas religiones el sexo anal es condenado y considerado un acto prohibido, entre otras razones, porque no conduce a la procreación y carece de fines reproductivos. En el cristianismo, por ejemplo, se utiliza el término «sodomía» (derivado de la historia de «Sodoma y Gomorra» en la Biblia) para referirse a este acto, ya que se la considera una práctica sexual que «va en contra de la naturaleza».
De hecho, en varios países existe la llamada ley de sodomía, la cual penaliza a toda persona que practique actos sexuales que no conducen a la procreación, sobre todo el sexo anal. Esto sucede en general en países de África y Asia, donde las penas van desde condenas a trabajos forzados en campos y meses o años de prisión hasta la pena de muerte.
Más allá de la religión, muchas personas consideran que el sexo anal es una práctica «poco natural» y «antihigiénica». Además, se ha reportado que en muchos casos el sexo anal puede resultar doloroso o incluso extremadamente doloroso, lo cual se ha relacionado principalmente con problemas psicológicos que imposibilitan el relajamiento de la zona.
Por esta razón, una de las grandes interrogantes que suele aparecer es si el sexo anal realmente genera placer, sobre todo para la persona receptiva en particular.
Los riesgos de practicar el sexo anal
Como en toda actividad sexual, las personas que practican el sexo anal tienen el riesgo de contraer enfermedades infecciosas, desde gonorrea y herpes, hasta hepatitis B y VIH. Sin embargo, esta práctica es incluso de las más riesgosas debido a la alta concentración de bacterias en el ano y el recto, razón por la cual la OMS especialmente recomienda el uso del preservativo en el sexo anal.
Por otra parte, la práctica en sí puede ser riesgosa debido a la vulnerabilidad del ano y el recto. Más precisamente, debido a que los tejidos de estas partes del organismo son considerablemente delicados y carecen de una lubricación natural, por lo cual fácilmente se pueden rasgar y ocasionar lesiones graves si no se toman los cuidados adecuados, como utilizar un lubricante.
No obstante, pese a ser una práctica con riesgos que requiere cuidado y protección, puede ser también muy placentera.
El placer durante el sexo anal
Las personas que practican el sexo anal pueden experimentar placer a través de la estimulación del ano, el recto o la próstata (en el caso de los hombres). En cada uno de los tejidos que constituyen estas partes del organismo hay nervios que envían señales al cerebro tras la estimulación. En el ano se estimulan los llamados nervios anales inferiores, los cuales nacen del nervio pudendo en la pelvis y terminan en los genitales externos (tanto en hombres como en mujeres), en los esfínteres de la vejiga y en el recto. Precisamente en este último se estimulan los nervios pélvicos, mientras que los nervios hipogástricos lo hacen en la próstata.
En el caso de los hombres, el orgasmo que resulta de la estimulación de los nervios hipogástricos se suele describir como mucho más profundo e intenso que el orgasmo que resulta de la estimulación del pene.
Las mujeres pueden experimental el sexo anal como algo placentero debido a la estimulación directa del clítoris por contacto con los nervios, en particular del nervio pudendo, de la vagina y el cuello uterino por el nervio pélvico o del útero por el nervio hipogástrico. Esto es posible principalmente a la proximidad entre la cavidad vaginal y la rectal.
Desde un punto de vista anatómico, la persona receptora es capaz de sentir placer durante el sexo anal. Sin embargo, los impedimentos de origen psicológico y cultural aún hoy constituyen el mayor impedimento para disfrutar de esta práctica sexual.
Fin del Post, saludos.
El sexo anal refiere a la práctica sexual en la que hay penetración o estimulación oral del ano y/o recto de una persona con la única finalidad de obtener placer sexual. Siendo uno de los tabúes más persistentes aún en nuestros días, las dudas e inquietudes en torno a esta temática son igual de recurrentes. Por esta razón, hoy queremos invitarte a echarle una mirada científica al sexo anal y todo lo que deberías saber sobre esta práctica.
¿Por qué no hablamos de sexo anal?
En general, en el imaginario colectivo de la gente, el sexo anal comúnmente es asociado a parejas de hombres homosexuales. Sin embargo, no todos los hombres homosexuales lo practican y no es tan poco común en parejas heterosexuales o en parejas de mujeres homosexuales, como erróneamente suele creerse. Además, esta práctica es poco mencionada en ámbitos científicos y en la cultura general debido a la fuerte controversia que suele despertar, siendo un verdadero tabú. Esto hace que tengamos muchas dudas y conceptos erróneos sobre el tema.
Por otra parte, en muchas religiones el sexo anal es condenado y considerado un acto prohibido, entre otras razones, porque no conduce a la procreación y carece de fines reproductivos. En el cristianismo, por ejemplo, se utiliza el término «sodomía» (derivado de la historia de «Sodoma y Gomorra» en la Biblia) para referirse a este acto, ya que se la considera una práctica sexual que «va en contra de la naturaleza».
De hecho, en varios países existe la llamada ley de sodomía, la cual penaliza a toda persona que practique actos sexuales que no conducen a la procreación, sobre todo el sexo anal. Esto sucede en general en países de África y Asia, donde las penas van desde condenas a trabajos forzados en campos y meses o años de prisión hasta la pena de muerte.
Más allá de la religión, muchas personas consideran que el sexo anal es una práctica «poco natural» y «antihigiénica». Además, se ha reportado que en muchos casos el sexo anal puede resultar doloroso o incluso extremadamente doloroso, lo cual se ha relacionado principalmente con problemas psicológicos que imposibilitan el relajamiento de la zona.
Por esta razón, una de las grandes interrogantes que suele aparecer es si el sexo anal realmente genera placer, sobre todo para la persona receptiva en particular.
Los riesgos de practicar el sexo anal
Como en toda actividad sexual, las personas que practican el sexo anal tienen el riesgo de contraer enfermedades infecciosas, desde gonorrea y herpes, hasta hepatitis B y VIH. Sin embargo, esta práctica es incluso de las más riesgosas debido a la alta concentración de bacterias en el ano y el recto, razón por la cual la OMS especialmente recomienda el uso del preservativo en el sexo anal.
Por otra parte, la práctica en sí puede ser riesgosa debido a la vulnerabilidad del ano y el recto. Más precisamente, debido a que los tejidos de estas partes del organismo son considerablemente delicados y carecen de una lubricación natural, por lo cual fácilmente se pueden rasgar y ocasionar lesiones graves si no se toman los cuidados adecuados, como utilizar un lubricante.
No obstante, pese a ser una práctica con riesgos que requiere cuidado y protección, puede ser también muy placentera.
El placer durante el sexo anal
Las personas que practican el sexo anal pueden experimentar placer a través de la estimulación del ano, el recto o la próstata (en el caso de los hombres). En cada uno de los tejidos que constituyen estas partes del organismo hay nervios que envían señales al cerebro tras la estimulación. En el ano se estimulan los llamados nervios anales inferiores, los cuales nacen del nervio pudendo en la pelvis y terminan en los genitales externos (tanto en hombres como en mujeres), en los esfínteres de la vejiga y en el recto. Precisamente en este último se estimulan los nervios pélvicos, mientras que los nervios hipogástricos lo hacen en la próstata.
En el caso de los hombres, el orgasmo que resulta de la estimulación de los nervios hipogástricos se suele describir como mucho más profundo e intenso que el orgasmo que resulta de la estimulación del pene.
Las mujeres pueden experimental el sexo anal como algo placentero debido a la estimulación directa del clítoris por contacto con los nervios, en particular del nervio pudendo, de la vagina y el cuello uterino por el nervio pélvico o del útero por el nervio hipogástrico. Esto es posible principalmente a la proximidad entre la cavidad vaginal y la rectal.
Desde un punto de vista anatómico, la persona receptora es capaz de sentir placer durante el sexo anal. Sin embargo, los impedimentos de origen psicológico y cultural aún hoy constituyen el mayor impedimento para disfrutar de esta práctica sexual.
Fin del Post, saludos.