Por lo general, estamos seguros de que una persona no puede cambiar seriamente el rumbo de las cosas y modificar las normas establecidas.
Pero un simple mesero de una pequeña ciudad en el estado de Virginia pensó todo lo contrario e intentó combatir las groserías de los clientes en su cafetería.
Austin Simms cada día prepara latte y cappuchino a los habitantes locales y toma su oficio muy en serio.
En algún momento, Austin se cansó de la rudeza constante y la falta de cortesía de los clientes de la cafetería y acudió a un truco inusual para influir en su conducta.
Cada frase en el tablero enfrente de la entrada sugiere qué debe decir el cliente para obtener el café más económico.
Austin dice que a veces los clientes están demasiado ocupados y olvidan que los atienden personas vivas que también quieren ver una sonrisa o escuchar algo bueno por el café bien preparado.
La foto se hizo viral en Internet y se volvió un éxito total, y al chico incluso le dedicaron un reportaje en la televisión.
Ahora no hay duda de que Austin escuchará más seguido palabras bonitas. Al menos porque este acto provoca sinceras ganas de sonreír y ser educado.
Pero un simple mesero de una pequeña ciudad en el estado de Virginia pensó todo lo contrario e intentó combatir las groserías de los clientes en su cafetería.
Austin Simms cada día prepara latte y cappuchino a los habitantes locales y toma su oficio muy en serio.
En algún momento, Austin se cansó de la rudeza constante y la falta de cortesía de los clientes de la cafetería y acudió a un truco inusual para influir en su conducta.
Cada frase en el tablero enfrente de la entrada sugiere qué debe decir el cliente para obtener el café más económico.
Austin dice que a veces los clientes están demasiado ocupados y olvidan que los atienden personas vivas que también quieren ver una sonrisa o escuchar algo bueno por el café bien preparado.
La foto se hizo viral en Internet y se volvió un éxito total, y al chico incluso le dedicaron un reportaje en la televisión.
Ahora no hay duda de que Austin escuchará más seguido palabras bonitas. Al menos porque este acto provoca sinceras ganas de sonreír y ser educado.