El autor de estos cuentos que modifico Disney fue Charles Perrault que vino al mundo en el año 273 a.WD (antes de Walt Disney). Aquel 12 de enero de 1628, una mujer dio a luz gemelos. Solo uno consiguió sobrevivir. Hijo de un matrimonio burgués acomodado, se crió entre algodones y se formó en leyes y en lenguas muertas.
Perrault vivió 75 confortables años -funcionario de profesión y escritor de vocación- y, a pesar de haber sido miembro de la Academia Francesa y rostro conocido de la corte de Luis XIV, casi no pasa a la historia. Por los pelos, pero lo hizo. Seis años antes de morir, publicó bajo el nombre de su hijo un breve volumen de cuentos que sentarían los cimientos de la literatura infantil actual.
La bella durimiente
La historia de Aurora, protagonista de La Bella Durmiente, continúa en el cuento de Charles Perrault más allá de su boda con el príncipe que la despierta, con un beso, de su larguísima siesta. Tiene dos hijos y el apuesto galán acaba abandonándola. ¿La razón? Tiene miedo a su propia madre. Cuando al fin se atreve a presentarles a su esposa y sus dos jóvenes vástagos, la reina madre no se lo toma nada bien y, en esta ideal situación, al chico no se le ocurra otra cosa que largarse de palacio y dejar a su mujer sola con su suegra. Durante su ausencia, su madre -que, al parecer, tenía tendencias caníbales- ordena cocinar a los dos pequeños para zampárselos, pero el héroe llega a tiempo de salvarlos y la malvada antagonista del relato acaba suicidándose en la olla preparada para guisar a los chiquillos.
Caperucita
En la versión de Charles Perrault, Caperucita se mete desnuda en la cama del lobo y el animal acaba comiéndosela. Los hermanos alemanes optaron por introducir en la trama algo de tela -la protagonista del cuento no está en cueros en ningún momento y el mamífero se enfunda en el camisón de la abuelita-, un fortachón -el cazador- que aparece justo en el momento adecuado para salvar a la niña incauta y un final feliz.
Cenicienta
Cenicienta, por ejemplo. Al señor Walt Disney la historia original de los hermanos alemanes debió parecerle algo sádica y prefirió, por tanto, omitir la parte en la que la madrastra ordena a sus dos hijas -que hoy conocemos como Drizella y Anastasia- que se corten dos dedos de los pies y el talón para poder calzarse el dichoso y frágil zapato al que el príncipe busca dueña. También se saltó el párrafo final, en el que se explica cómo las malvadas hermanastras «son picadas en los ojos por palomas, que las dejan ciegas en castigo por su maldad». En una versión anterior a la de Charles Perraul