Historia contada por un policía vial de Minnesota, Estados unidos:
-Un día detuve a una dama de la tercera edad por superar el límite de velocidad en la autorruta 210, a la altura de la milla 197, al este de McGregor.
Le pedí su licencia de conducir, el registro de su vehículo y la póliza de seguro.
La dama buscó los documentos que le pedí y me los entregó. Mientras ojeaba los documentos me sentí algo sorprendido (por su avanzada edad) al ver que tenía un salvoconducto para el uso de armas de fuego. La miré y le pregunte si tenía algún arma en su poder en ese momento.
Ella me respondió que en efecto, tenía una pistola automática .45 en la guantera. Algo, quizá su lenguaje corporal me hizo querer preguntarle si tenía alguna otra arma de fuego. Ella admitió que tenía una Glock 9mm en la consola del centro del vehículo. Agregó que tenía una más, se trataba de una .38 especial en su bolso. Luego le pregunté a qué le temía.
Ella me miró directo a los ojos y me dijo. «No le temo a $%&»
-Un día detuve a una dama de la tercera edad por superar el límite de velocidad en la autorruta 210, a la altura de la milla 197, al este de McGregor.
Le pedí su licencia de conducir, el registro de su vehículo y la póliza de seguro.
La dama buscó los documentos que le pedí y me los entregó. Mientras ojeaba los documentos me sentí algo sorprendido (por su avanzada edad) al ver que tenía un salvoconducto para el uso de armas de fuego. La miré y le pregunte si tenía algún arma en su poder en ese momento.
Ella me respondió que en efecto, tenía una pistola automática .45 en la guantera. Algo, quizá su lenguaje corporal me hizo querer preguntarle si tenía alguna otra arma de fuego. Ella admitió que tenía una Glock 9mm en la consola del centro del vehículo. Agregó que tenía una más, se trataba de una .38 especial en su bolso. Luego le pregunté a qué le temía.
Ella me miró directo a los ojos y me dijo. «No le temo a $%&»