Escribe Jerónimo Chemes
Fundador de La Chata Solidaria
www.lachatasolidaria.com.ar
Como bien saben todos, La Chata Solidaria ya recorrió miles de kilómetros adentro del Impenetrable chaqueño. Miles y miles. LCS llevó también miles y miles de kilos de mercadería, que se repartieron casa por casa, en la mano de la gente, sin intermediaros, en las profundidades más oscuras y olvidadas de la Patria.
Siempre nosotros “vamos” y cumplimos las misiones. Al volver, todos ustedes esperan la nota para sorprenderse con los relatos, donde descubren un mundo desconocido y atroz en todo sentido, pero siempre a través de nuestros ojos. Trato, al escribir, que ustedes sientan que van con nosotros en la Azul, viendo con sus ojos esa realidad tan dolorosa.
Pero siempre soñé con que el Impenetrable llegara a tu casa. A tu TV. A tu compu. A tu celular. La Chata Solidaria quiere que el mundo sepa que el impenetrable existe. El tema era, ¿cómo?
Bueno, hace unos meses fui invitado al programa “Pura Vida” de la TV Pública. La entrevista con Karina Mazzoco fue subiendo de intensidad a medida que yo contestaba las preguntas, hasta tornarse tan emocional que había lágrimas detrás de cámara e incluso Karina misma se contenía.
Al terminar, fuera del aire, el silencio en el estudio era notorio y se me acercaron todos a charlar, sumamente conmovidos.
Yo ya fui varias veces a la TV, incluso en vivo por CNN para toda América, pero esto que pasó en Pura Vida fue particularmente duro.
Al salir, el productor (que es fanático de Autoblog y los fierros) me dijo: “Tenemos que hablar, después te llamo”.
Durante meses hubo idas y vueltas programando algo soñado durante años por LCS. Transmitir en vivo, sin filtros, desde el Impenetrable, a todo el mundo vía satélite. Era algo imposible. Pero por eso nos animamos.
Ellos eran conscientes del riesgo que implicaba entrar. Pero dispusieron un equipo de siete personas (Rubén Ojeda, reflectorista; Cristian Quintero, ayudante de cámara; Darío Gómez y Luis Villagra, técnicos satelitales; Gabriel Bassi, realizador y Mariano Fain, productor) con equipamiento de última generación.
Nada de un pibe con una camarita. El canal se jugó todo y dispuso una unidad satelital portátil, cámara HD, micrófonos, iluminador, ayudantes, productor y el conductor, el doctor Adrián Cormillot. Se jugaron, a lo grande.
Ellos irían en avión a Salta y de ahí alquilaban dos unidades e irían al pueblo base. De ahí para adentro, la responsabilidad de llegar era de La Chata Solidaria.
Como no había que llevar peso, decidí ir en la Ranger mía, la que reemplaza a la que se quemó. Es una 2004 4×4, 2.8 turbo inyección mecánica. Le tiré arriba un grupo electrógeno y el equipo de barro profundo de LCS, por las dudas. Aproveché que tenía que llevar unas cosas a Santiago del Estero y además le enganché el tráiler grande, que uso para trabajar. Ese tráiler quedaría en el pueblo una vez vacío, para luego volver a Buenos Aires.
Nos encontramos el martes al mediodía en el pueblo base y una parte del equipo entró a conocer el lugar, grabar algunas cosas y preparar el terreno para el vivo del día siguiente.
En vivo no hay error. Nada puede salir mal. La otra parte se quedó en el pueblo, armando el equipo satelital para transmitir lo grabado esa misma noche.
Entramos, estuvimos, grabamos y salimos sin mayores novedades. Estaba lindo y el camino en buen estado. Era, hasta ese momento, un paseo.
Hasta ese momento.
Al llegar al pueblo, en el horizonte, se notaba un oscuro frente de tormenta: “Esperemos que no venga para acá”.
Luego de transmitir desde la cabaña fuimos a comer a una estación de servicio. Ya estaba nublado. Y feo. Había relámpagos. Y viento. Me llama el loco Frías por teléfono: “Venite, Jeracho. Se viene feo”. Para que el Loco me diga eso, feo es… FEO.
Lo voy a ver. Un primo de él que vive a 150 kilómetros, que también está loco, “sabe” de tormentas. No me pregunten cómo (por ahí tiene una App), pero le mandó un mensaje diciendo que venía una tormenta gigante. Me puse pálido. Le dije que en un rato volvía y me fui a la estación de servicio.
Hablé con Mariano, el productor, mientras cenábamos y me dice: “Si llueve, entramos. Si llueve mucho, tratamos de entrar. Si es demasiado fuerte decidís vos”. Destaco que en ningún momento me dijo “no”.
Bueno. Se larga a llover. Llueve más fuerte. Llueve mal. Viento terrible. El techo de la estación de servicio temblaba y aguantaba con lo justo.
Empieza a granizar. Graniza como la última vez. Vuelan techos. Caen postes de luz. Se corta la luz en todo el pueblo.
No era una tormenta. Era la cola de un tornado destrozando todo a su paso. Ya nadie comía. Todos estábamos mirando el espectáculo. En el equipo estaban preocupados. Había caras. Había miedo.
Salgo con Mariano. Nos miramos en silencio. Le doy la opción que no quería darle: “¿Preferís no entrar?”. Silencio. El silencio más largo de mi vida.
“Confío en vos. Entramos igual, yo hablo con el equipo”. Me lo dijo con una integridad digna de los elegidos. Si salía algo mal, él se jugaba el trabajo.
El equipo estaba consternado por la integridad de los aparatos técnicos, valuados en cientos de miles de dólares, de los cuales ellos son responsables. No paraba de llover.
En ese momento me sentí más sólo que nunca. Luchaba por controlar mis nervios. Trataba de tranquilizarme, pero algo me quemaba por dentro. Analizaba racionalmente todo una y otra vez. Pero la cuenta me daba siempre el mismo resultado: “Ni en pedo”.
Me separé del grupo y me quedé solo. Pude tranquilizarme y analizar. Mis nervios eran por esto:
* Vinimos solo Gastón que es fotógrafo y yo del equipo de LCS. Gastón solo vino una vez y no tiene ninguna experiencia en situaciones nivel LCS. Si bien estaba súper dispuesto, no es lo mismo que tener al grupo de enfermos mentales del resto de los integrantes, tipos con los cuales me animo a recuperar las Malvinas en 20 minutos.
* No estaba la Azul, que es la garantía de que los milagros sucedan. Dios hace milagros, y camionetas Serie F.
* LCS metió cosas increíbles por lugares inexplicables a lo largo de los años. Pero ahora debía meter gente sin experiencia en la selva a trabajar con equipos millonarios.
* Y sobre todo. Había horario. A las 9 había que estar ahí para a armar y a las 11 en punto transmitir. Este último punto es crucial. Porque no había margen de error. Y cuando no hay margen de error, hay LCS. Miré a mi Ranger y pensé. O lo logra o se incendia. No hay término medio. Si quiere ser digna de LCS, debe sufrir… mucho y aguantar… lo que nadie hace. Tengan en cuenta que ya tuvo tres dueños y más de 200 mil kilómetros. Es una unidad en buen estado que uso diariamente y le meto de 45 mil a 50 mil kilómetros por año, sólo a ella.
Tomé una decisión de las más duras que haya tomado en LCS. En el medio de un tornado, contando con una chata de 45 años y otra de 12, decidí entrar igual.
Respiré profundo. La presión me partía por dentro. Hablo con Mariano. El plan era: Yo me iba a lo del Loco a las 5 de la mañana a poner las dos “gomas pala” atrás y los 2 “tacos de barro” adelante. A las 6 el loco y yo íbamos a buscarlos, cargábamos todo y salíamos. Quedamos así. Volvímos a la cabaña y el pueblo a oscuras totalmente inundado de vereda a vereda con 10 cms de agua.
Dantesco. Era The Walking Dead.
Nos acostamos. No podía dormir. Me incendiaba por dentro. Realmente me sentía mal. Lo poco que dormí, ¿saben con qué soñé? ¡Con la Azul! Hasta cuando duermo nos protege.
Cinco de la mañana, llego a lo del loco. Estaba solo, bajo la lluvia (había calmado, solo unas gotas), en el barro de su taller, sin luz, poniendo los tacos a la F100 blanca. Me dice: “No tengo los tacos nuevos, me los prometieron pero no me los mandaron todavía, tengo los viejos, están gastadísimos pero es mejor que nada”.
Si cualquier otro ser en el universo me decía eso, yo me pegaba un tiro. Pero viniendo del Loco, era un dato menor.
Calzamos los tacos y las gomas pala atrás a mi Ranger y bajamos la presión a 15. Vamos a cargar. Todos arriba. Cargamos. Atamos. Caras serias. Tensión palpable. Paró de llover. Empezaba a limpiar.
El loco vino con “el Pumpi”, su hijo (en realidad es un clon con todas las virtudes del Loco, pero más joven) y me dice “va a manejar el Pumpi porque me duele la cintura, tomé frío y me mojé al poner los tacos, maneja él”. Ese dato es irrelevante, ya que la F100 blanca puede ser manejada por cualquier integrante de la flía Frías o incluso ya puede ir sola. Ella sabe, como los caballos más nobles.
Salimos. Encaramos la 8. El barrial era… digno de LCS. Voy adelante haciendo la huella: 4×4 alta. El 2.8 de turbo fijo es una topadora en baja, pero al no ser TGV la entrada del turbo es una patada difícil de controlar. No es progresivo. Es asesino. Como bien dije en mis notas anteriores, la Ranger generación anterior al ser angosta y alta en condiciones extremas es sólo para expertos, porque se comporta muy nerviosa, es hiper demandante y exige al conductor una tensión permanente. Quiere volcar todo el tiempo.
Pero íbamos. Las palas traseras cavaban túneles y la blanca venía de costado atrás, con el Pumpi al volante. Despacito. Paso de hombre: íbamos.
Máxima concentración. A los pocos kilómetros, vemos a una modernísima 4×4 electrónica en la zanja, no voy a decir cuál.
Siempre digo que el marketing muere ante la brutalidad de lo real. Bueno, no soy el único que lo ve y lo dice. Por favor escuchen en la parte 5 del minuto 2:04 al 2:30, cuando alguien que no sabe de chatas lo remarca.
El chamuyo de marketing para los “tipos en 4×4” se termina dónde empiezan los hombres con camioneta.
Seguimos. Autos en la zanja. No podemos parar. Hay horario, hay que llegar: íbamos. Lamentablemente no podíamos ayudar a nadie. Hay horario. De repente había un Duna abandonado en el barrial, pero en el medio del camino. Paramos. No se podía pasar, había que tirarse a la zanja. Se ve que lo agarró el tornado y lo abandonó ahí. Máxima tensión. Paso yo, por la zanja, de costado, en un momento al 2.8 lo hago soplar para que infle la turbina y el sacudón me devuelve al medio del camino.
Lo que traccionan las gomas pala es indescriptible, el barro expulsado levanta tanto vuelo que tarda en caer. Pasé en 4×4 alta. Se manda Pumpi. La blanca cae a la zanja. Pumpi la pilotea. Le da pedal. El Perkin’ humea fuerte. La viene trayendo e intenta salir, pero se termina acostando. Los tacos estaban demasiado lisos por lo gastado. Bajo, hablo con él. Me dice: “Yo la saco, necesito tiempo pero la saco”. Empieza a hacer su magia, logra ponerla de costado, pero faltaba ese pelín que necesitaba más tiempo.
Pero tiempo era lo que no teníamos. Enganchamos las lingas de acero y le pego el tirón. El turbo infla el 2.8 y la saca. Desenganchamos. Seguimos. Falta. Se viene la hora. A medida que nos alejábamos del pueblo estaba (un poco) más firme, pero “los bajos” eran barriales inundados. Paciencia. Concentración: íbamos. Al pasar el cruce de la estatua de la Virgen, el camino mejora, podemos ir más tranquilos. Doblamos. Faltan 5 kms. Máxima concentración.
Llegamos. Llegamos. Llegamos.
Rosa nos recibe. Me mira. Se sonríe cómplice: “Yo sabía en mi corazón que ustedes iban a llegar.”
Bajamos las cosas. El equipo de la TV empieza su laburo. Los chicos miraban como si hubiese aterrizado un Ovni. Gente profesional que hace su laburo con responsabilidad y como un Tetris van armando cada uno su parte para transmitir en vivo. Yo ya no tenía nada que hacer.
Me alejé. Me apoyé en un poste. Suspiré. Miré el colegio. Miré la “revolución” que se vivía. Estaba nada menos que la TV en vivo desde el colegio. No lo podía creer.
Cinco horas antes estábamos en el medio de un tornado y ahora teníamos todo listo para realizar un programa en vivo desde el Impenetrable, vía satélite.
¿Es casualidad? ¿Es suerte? ¿Es un milagro? No. Solo somos hombres en camioneta. Una con 45 años y millones de kilómetros y la otra con 12 de castigo. Pero nobles.
El resultado es el que verán en los links de abajo. Están todos los “personajes” entrañables que ustedes ya conocen. Vean. Escuchen. Aprendan. Juzguen por ustedes mismos.
Eso que van a ver es el resultado del apoyo de todos los seguidores de LCS. Mi agradecimiento a todos los de siempre. A Megatrans y Ford Argentina por seguir bancando. A la TV Pública por animarse y jugarse. Al equipo que fue de la TV pública, por lo profesionales que demostraron ser, especialmente al productor Mariano Fain por lo tenaz de su labor, sin él esto no se hubiese hecho.
Y recuerden: Nunca esperen poco de nosotros. Porque somos LCS y no nos rendimos nunca.
Próximo viaje: diciembre 2016. Esperemos que no haya tornados.
J.Ch.
Fotos: Gastón Pelo
Emerge el submarino de La Chata Solidaria.
Gracias a los tacos de barro.
Al Loco Frías.
Y a Jero Chemes.
Cormillot Junior entrevista al Loco Frías.
Las maestras de la escuela, también en la TV Pública.
El nuevo jardín construído por LCS, ya funcionando
El equipo de la TV Pública, que transmitió por primera vez en vivo desde el Impenetrable.
El Perkin’ llegó a la tele.