Fragmentos de Cuentos en el Folclore Europeo [1347-1730]
La transmisión oral ha sido la encargada de generar los mayores mitos y las más arraigadas historias de nuestra cultura; aquí van algunos ejemplos de fragmentos contados por los campesinos galos durante los siglos dominados por el maltusianismo:
La Caperucita Roja
Había una vez una niñita a la que su madre le dijo que llevara pan y
leche a su abuela. Mientras la niña caminaba por el bosque, un lobo se
le acercó y le preguntó adonde se dirigía.
—A la casa de mi abuela —le contestó.
—¿Qué camino vas a tomar, el camino de las agujas o el de los
alfileres?
—El camino de las agujas.
El lobo tomó el camino de los alfileres y llegó primero a la casa.
Mató a la abuela, puso su sangre en una botella y partió su carne en
rebanadas sobre un platón. Después se vistió con el camisón de la abuela
y esperó acostado en la cama.
La niña tocó a la puerta.
—Entra, hijita.
—-¿Cómo estás, abuelita? Te traje pan y leche.
—Come tú también, hijita. Hay carne y vino en la alacena.
La pequeña niña comió así lo que se le ofrecía; y mientras lo hacía,
un gatito dijo:
—¡Cochina! ¡Has comido la carne y has bebido la sangre de tu
abuela!
Después el lobo le dijo:
—Desvístete y métete en la cama conmigo.
—¿Dónde pongo mi delantal?
—Tíralo al fuego; nunca más lo necesitarás.
Cada vez que se quitaba una prenda (el corpino, la falda, las
y las medias), la niña hacía la misma pregunta; y cada vez el
contestaba:
—Tírala al fuego; nunca más la necesitarás.
Cuando la niña se metió en la cama, preguntó:
—Abuela, ¿por qué estás tan peluda?
—Para calentarme mejor, hijita.
—Abuela, ¿por qué tienes esos hombros tan grandes?
—Para poder cargar mejor la leña, hijita.
—Abuela, ¿por qué tienes esas uñas tan grandes?
—Para rascarme mejor, hijita.
—Abuela, ¿por qué tienes esos dientes tan grandes?
—Para comerte mejor, hijita.
Y el lobo se la comió.
Pulgarcito
Había una vez una vieja que vivía en un zapato;
tenía tantos hijos que no sabía qué hacer.
Como los campesinos en todas partes, ella los alimentaba con caldo,
pero no podía darles pan; y manifestaba su desesperación azotándolos.
Potaje caliente de chícharos, Frío potaje de chícharos. En la olla había Potaje de chícharos de hace nueve días.Tampoco eran mejores sus vestidos:Cuando yo era una pequeña,De unos siete años de edad,No tenía ni camisa Para el frío espantar.
A pesar de la considerable población de fantasmas y duendes, el mundo de los cuentos ingleses parece mucho más alegre. Hasta la matanza de gigantes se realiza en un país de sueños; asi se inicia "Jack Matagigantes" en una versión oral:
Jack Matagigantes
Había un tiempo (y era muy bueno) en que los lechones oran puercos, los perros comían cal y los monos mascaban tabaco, las casas estaban techadas de panqués, las calles pavimentadas con budines de ciruelas, los puercos asados corrían de arriba abajo en las calles con cuchillos y tenedores encajados en sus lomos, y gritaban: "¡Ven y cómeme!" Aquella era una buena época para los viajeros.
Anónimo
Había una vieja No tenía qué perder,
Que nada tenía. Ni nada qué temer,
Pensaron y dijeron Ni nada qué pedir,
Que había enloquecido, Ni nada qué dar,
No tenía qué comer,
No tenía qué ponerse,
Y cuando se murió,
Nada, nada dejó.
El Pequeño Jim
Señor rey, ¿qué está usted haciendo con una jaula de hierro?", le preguntó el gigante. "Estoy tratando de atrapar al pequeño Jim, quien me ha jugado todo tipo de tretas", le responde e! pequeño Jim. "También se ha portado muy mal conmigo, y estoy buscándolo". "Pero, gigante, ¿es usted tan fuerte como para poder atraparlo solo? La gente dice que es terriblemente fuerte. No estoy seguro de poder encerrarlo en esta jaula de hierro". "No se apure, señor rey, puedo encargarme de él sin necesidad de jaula; y si usted gusta, yo mismo la probaré".