Muchas de las comodidades de nuestra vida cotidiana no las apreciamos hasta que desaparecen. Pero dejar de disfrutarlas puede suponer el descubrimiento de alternativas incluso más gratificantes. Unos jóvenes de un piso del barrio de El Clot, en Barcelona, aseguran que vivir sin luz ha sido “una especie de revelación. Puedes montarte tu vida de otra forma y valorando mucho más las cosas”.
Estos inquilinos heredaron la deuda de un año de los anteriores vecinos con la compañía eléctrica y optaron por buscar soluciones propias al problema: “No teníamos ni idea de nada y fuimos aprendiendo sobre la marcha para vivir un poco mejor, preguntamos mucho a nuestros abuelos. Nos dimos cuenta de que en realidad queríamos vivir sin electricidad. Y así seguimos desde hace ya seis meses”, recuerda Marcel.
Cómo se puede vivir sin electricidad
Había que enfrentar muchas situaciones que antes no se planteaban, pues se resolvían de forma automática o simplemente pulsando el interruptor o conectándose al enchufe.
Para conservar la comida
Decidieron empezar por lo básico: la alimentación. Cambiaron de dieta. Al no poder conservar alimentos ya no consumen mucha carne y compran a diario. En el mercado ya les conocen y muchas veces consiguen gratis fruta y verdura que no se puede vender porque tienen pequeñas taras.
Para tener luz por la noche
Para iluminarse, primero recurrieron a lo obvio, las velas, “pero nos salía demasiado caro”, dice Arnau.
De hecho, ahora reutilizan los restos de cera y hacen velas nuevas con mechas trenzadas para que duren más. El precio de las velas y la necesidad de cargar algunos aparatos (ordenadores, móviles) les hizo plantearse la posibilidad de generar electricidad en casa, descartando las placas solares porque también son muy costosas.
Buscando en internet y preguntando a los mecánicos del barrio construyeron una bicicleta que, mediante un alternador, transforma la energía mecánica en eléctrica, que se almacena en una batería de coche de 12 voltios. Media hora de pedaleo basta para cargar la batería, “después necesitamos transformar esa energía de 12 voltios a los 220 que necesitamos para luces, cargar aparatos, etc., para eso tenemos un transformador”.
No han establecido turnos en la bici, pedalea el que tienes ganas y si algún día no está cargada la batería, no pasa nada. O se van a la biblioteca o se adaptan a la ausencia de luz; además, esta situación obliga a gestionar el consumo, a “pensar en cuánto rato tienes la luz encendida”, apunta Arnau.
Para cocinar, ducharse, lavar la ropa …
Agudizando el ingenio, también han logrado resolver los problemas de la cocina y la ducha. Una lata de cerveza se convirtió -siguiendo unos vídeos de YouTube- en un hornillo que utiliza alcohol de quemar. Darse una ducha caliente requiere un poco más de trabajo, pero aporta la satisfacción de disfrutar de tu propio invento: se calienta agua en el hornillo, se llena un depósito conectado con la ducha y se inyecta presión con un pedal de hinchar balsas.
Y lavar la ropa se ha convertido en una actividad social, “vamos a una lavandería del barrio, donde al final hemos conocido a mucha gente que de otra forma nunca hubiéramos conocido”.
Para Arnau y Marcel quedarse sin luz ha supuesto “autogestionar nuestra vida por nuestra cuenta, fuera de la sociedad” y la experiencia está resultando mucho más gratificante, “aunque tengas pocas cosas, si las compartes con la gente las disfrutas mucho más”.
En el piso se ha generado mayor unión porque cuando había electricidad, cada uno se iba a su cuarto con su ordenador, “ahora cuando llegamos a casa nos encontramos a gente hablando en el sofá. Hay un cambio, ahora somos más una comunidad y nos hemos dado cuenta de que no está nada mal”.
GRACIAS MACRI, POR HACERNOS LIBRES DEL YUGO ELECTRICO, IMPUESTO A SANGRE Y FUEGO POR LOS COMUNISTAS