

Basil Brown
Acérrimo defensor de la cocina sana, murió debido a una severa inflamación de hígado producida por haber bebido hasta 40 litros de zumo de naranja en menos de 10 días.
Menelik II de Etiopía
El monarca era un obseso de la carne, lo cual acabó debilitando seriamente su salud. Sus médicos le dijeron que si quería vivir solo le quedaba rezar, y el rey tuvo la pintoresca idea de comerse su Biblia esperando que esto produjera un milagro. Murió intoxicado a las pocas horas.
Calcas
Podemos decir que el filósofo griego Calcas murió feliz: bebía vino en el momento en que le dio un ataque de risa tan incontrolable que hizo que se atragantara y falleciera allí mismo.
Tenesse Williams
Este dramaturgo se encontraba en la bañera cuando intentó abrir un recipiente con la boca (no se sabe si era su medicina o una botella de vino), con la mala fortuna de que se atragantó con el tapón y acabó muriendo.
Bobby Leach
Bobby Leach era un aventurero que se atrevió con todo tipo de experiencias extremas como bajar las cataratas del Niágara. Su muerte, sin embargo, se debió a algo mucho más cotidiano: pisó una cáscara de naranja y cayó, haciéndose una herida que posteriormente se engangrenó.
Sherwood Anderson
Los mondadientes requieren cierta destreza si no queremos que acaben siendo un arma mortal, que es lo que le pasó a este escritor, que murió días después de haberse tragado accidentalmente uno de estos palillos.
Julien Offray de Mettrie
Conocida es la afición de los franceses por el paté, pero este filósofo de la ilustración la llevó demasiado lejos y murió tras un atracón de paté de faisán y hojaldre.
Carlos II de Navarra
El monarca había sido herido en batalla y mientras sus médicos desinfectaban sus heridas con vendajes empapados en brandy, uno de sus criados dejo caer una vela encendida por accidente, lo que provocó que el alcohol empezara a arder y Carlos II muriera quemado.
Archiduque Carlos de Austria
Se sabe que el archiduque era un auténtico amante de las setas, lo que nunca se sabrá es si murió por comer demasiadas o porque alguien aprovechó su devoción para cambiar las setas de su plato por setas venenosas y acabar así con su vida.
François Vatel
François era el chef del monarca Louis XIV y, según cuentan, un perfeccionista obsesivo. Tanto era así que decidió suicidarse cuando supo que el marisco que necesitaba para un banquete de 2000 invitados no llegaría a tiempo.
Papa Adriano IV
El papa inglés Adriano IV tuvo la mala fortuna de tragarse y asfixiarse con una mosca que se coló en su vaso de agua mientras daba un sermón en una calle de Roma.
Gustavo de Suecia
El rey Gustavo de Suecia murió sencillamente por comer demasiado. Nada parecía satisfacerle durante un festín celebrado en su palacio y comió carne de caza, faisán, ostras y una gran cantidad de dulces a la hora del postre. "De grandes cenas, están las tumbas llenas".
Francis Bacon
Este ciéntifico quiso demostrar que el hielo servía para conservar los cadáveres, para lo cual decidió acometer el experimento de enterrar un pollo en la nieve, con tan mala suerte de que esto le hizo enfermar de bronquitis y morir a las pocas semanas.
Demócrito
Tal era la obsesión del filósofo griego con la pureza del cuerpo que redujo su dieta a pequeñas cantidades de miel ocasionalmente. Como era de esperar, murió de inanición.
El emperador Claudio
El emperador romano no imaginaba que su gusto por los platos de setas acabaría jugando en su contra: sus enemigos cambiaron los champiñones comunes de su cena por unas "amanitas phalloides", muy venenosas.
Maximiliano de Austria
Hasta algo tan saludable como la fruta puede ser malo si nos excedemos. Y si no que se lo digan al abuelo de Carlos V, que falleció debido a un empacho de melón.
San Lorenzo
Uno de los primeros mártires de la Iglesia Católica y patrón de los cocineros, fue torturado hasta la muerte en un parrilla calentada al rojo vivo.
Atila
El legendario Atila no solía ser excesivo en sus costumbres alimenticias hasta el día de su boda. Fue entonces, durante el banquete, que comió y bebió tanto que cuando fue a acostarse no se dio cuenta de que le sangraba la nariz y, durante la noche, murió ahogado en su propia sangre.
Harry Houdini: Cerveza
La muerte de uno de Houdini, uno de los magos más reconocidos de la historia, no tiene nada de mágico: se emborrachó y retó a un amigo a golpearle en el abdomen, lo que a la postre le provocó una rotura de apéndice de la que jamás se recuperó.
Elvis Presley
Aunque las circunstancias que rodearon a su muerte no dejan de suscitar teorías tantos años después, varios expertos nutricionistas han declarado que su fallecimiento podría deberse a su mala costumbre de ingerir un sándwich hipercalórico al día.
