El día 21 de julio de 1941, el Kremlin sufre un ataque aéreo por parte de la Luftwaffe, que tenía planeado para aquel día realizar un bombardeo masivo de la ciudad de Moscú. Una flota de 195 bombarderos He-111 se dirigieron hacia la capital rusa con la intención de descargar sus bombas sobre ella, aunque la férrea defensa soviética no se lo puso nada fácil a los pilotos alemanes, que no se esperaban encontrar con las dificultades con las que tuvieron que enfrentarse.
La ciudad estaba preparada para repeler un ataque de aquel tipo ya que tenía emplazados 796 cañones antiaéreos medianos, 248 ligeros y 336 ametralladoras que podían ser apuntados hacia los aviones gracias a los 618 proyectores de luz que iluminaban el cielo moscovita. Equipos de radar RUS-1 y RUS-2, con capacidad para detectar aeronaves a una distancia de 120 kms. dieron la voz de alarma y cazas de la defensa antiaérea salieron en busca de los bombarderos.
Para complicarlo aún más, cuando llegaron sobre el cielo de Moscú, barreras de globos aerostáticos en cuyo cable de suspensión se habían colocado explosivos, hacían más difícil la navegación. El balance de esta incursión no fue nada positivo para la Luftwaffe, puesto que de los 200 bombarderos que habían partido hacia Moscú, entre 6 y 22 fueron derribados (según varias fuentes) y solamente 100 pudieron descargar sus bombas, que mataron a 130 personas y causaron 1116 incendios, los últimos de los cuales fueron sofocados a las 9:00h. de la mañana del día 22 de julio. Un tren cargado de municiones fue alcanzado en la estación central.
Margaret Bourke-White era una fotógrafa y pintora americana que se encontraba en Moscú trabajando para la revista Life. Aquella noche, desde las cubiertas de la embajada americana pudo sacar unas fotografías excepcionales del ataque aéreo y de las defensas soviéticas rechazándolo.
He aquí las fotos, entre las que aparece Margaret Bourke-White.
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