InicioInfo[Inteligencia Colectiva] Neoliberalismo e Intervencionismo
Hola linces, les quiero dejar este ensayo que hice después de tener una acalorada discusión en clases con mi profesora y el resto de mis compañeros, que son K. Al final, para aclarar la situación, redacté este ensayo para que mi punto de vista no se vea tergiversado. En fin, leanlo, si quieren.



Neoliberalismo e Invervencionismo

El común de las personas tiene la siguiente imagen de un capitalista: Un hombre gordo, calvo, con un traje de millonario, fumando un habano en un sillón ejecutivo y con cara de ser el esbirro más allegado a Satanás. Definitivamente a diario uno lo percibe por la fuerte prensa (se dice que no hay prensa mala) que lo rodea. Pero ahora bien, ¿es realmente un capitalista (o neoliberal) realmente de esa manera? ¿Es definitivo este capitalismo? ¿Qué es lo que nuestros ojos no ven?



Desde ya la misma palabra hace hincapié en un término amplio: la libertad. Rousseau quizás es el mejor y el máximo exponente acerca de ella: “Renunciar a nuestra libertad es renunciar a nuestra calidad de hombres, y con esto a todos los deberes de la humanidad.” No es un concepto ameno, pues la libertad se extiende desde un punto de vista económico hasta un punto de vista con un trasfondo magnifico sobre las victorias de nuestro país para volver a ser hombres. Desde los conflictos de Mayo, pasando por las dictaduras y hasta la actualidad, día tras día es una victoria de ella. La libertad, entonces, puede ser planteada desde la economía.



Nuestro país, a lo largo del tiempo y con sus inicios en la primera Constitución, ya explicitaba que cualquier sistema económico podría ser aceptado, en tanto este no altere con las normas fundamentales de un estado. El neoliberalismo parece ser una llama que engrandece el espíritu plasmado en la carta magna. Una libertad que es magistral ante la letra de grandes líderes e intelectuales que no deseaban otra cosa más que el bienestar de su pueblo: desde el mismo Rousseau hasta Gandhi.

intervencionismo estatal

Sin embargo, esto puede ser tergiversado. La libertad puede no ser la perfección de la que hablaba Tocqueville, Locke, Voltaire. Se queda un poco corta, no apunta a un término concreto. La excepción de la regla seria el británico, el cual dejaba en claro que la primera causa de la división era el dinero. Muy correcto pues, el neoliberalismo crea, en palabras de Hegel, amos y esclavos, ricos y desahuciados. El mercado consiste en un darwinismo social en la que, la empresa más grande se alimenta de la más pequeña y sólo evoluciona la más apta dentro del medio. Precisamente, de eso se trata el capitalismo: beneficio y pérdida. El neoliberal plantea que te adentres en la selva para conseguir tu alimento, construye tu lanza, y haya tú. El intervencionismo, te da la lanza para que caces, y si no consigues la comida, te respalda con un poco de alimento. En el largo plazo, el neoliberal parece más fuerte ¿Por qué? Simple, es una evolución de aquel que se ha de resguardar en el ala del gobierno. Como país, es posible alcanzar la prosperidad alemana o el sueño americano. El proteccionismo es el medio, el neoliberalismo es un procedimiento en el medio, y el futuro es incierto y nos sonríe. La pregunta es cómo podemos lograrlo.



La cuestión parece sencilla, siguiendo los consejos de David Ricardo o de Smith: invertir, gastar, o producir aquello en lo que nos especializamos. Dejar de lado aquello que probablemente no podría ser beneficioso para muchos, sería un buen comienzo, pues, ¿De qué le sirve al país que alguna vez fue el granero del mundo valerse de actividades que nada puede aportar a agrandarlo? Aquí es donde surge la verdadera cuestión. Si un pequeño productor de bananas ve diezmado su capital por los altos precios que le cuesta sembrar y cosecharlas, debería simplemente abandonar esta actividad, y concentrarse en una próspera y provechosa para su bolsillo y el de sus empleados.



Ahora bien, no podrá hacerlo de un día para el otro. Ni de un período de gobierno, ni de dos. Hace falta un proceso de transición bastante amplio para que pueda abandonar el cultivo de bananas y se enfoque en la soja, el trigo, o las vacas. Ahora bien, el productor solo está pensando en su buen pasar, y aquí se despliega el núcleo de la cuestión en La riqueza de las Naciones: la mano invisible. El hombre no desea el bien de todos, pero en su egoísmo, está haciendo un bien para aquellos que lo rodean, sin que éste así lo haya querido. No obstante, existe un factor que rechaza lo bueno que la justicia social, ya incluida en la Constitución, y es un factor bien atribuido, a las empresas privadas que son en fin las que atropellan a las más pequeñas. Sabidas son las consecuencias: el empobrecimiento de la clase media, el congelamiento (y hasta mermas) en los salarios, la carencia asistencial a la sociedad excluida, un tumor en lo bueno de las personas: el trabajo. Este permite satisfacer nuestras necesidades económicas y relacionarnos los unos con los otros dentro de un ámbito determinado: crea valores, construye al ser y despojarlo de él es perverso. Introducirlos en otro ámbito, productivo y beneficioso, no. Las prácticas arcaicas deben de extinguirse y concentrarnos en lo rico que tiene nuestro país hoy por hoy, sin dejar de lado al desprotegido. Reinsertarlo con políticas coherentes, por más irrisorias o plausibles que puedan resultar. Respaldar una fuente de ingresos y trabajo es lo que enorgullece a un país y a sus parroquianos. Con empresas, industrial y fabricas lo suficientemente poderosas, el país despega del maltrato que sufrió desde siempre el latinoamericano. En Argentina todos tienen el orgullo hoy de pertenecer al mundo y defenderse de aquellos que intentan violentarla.



Un mercado libre parece peligroso para un país emergente como el nuestro. Quizás no es momento aún de adentrarse a él, pero aun así es innegable el hecho que al círculo neoliberal solo pertenecen aquellos que poseen una hegemonía económica, política, social y militar. Lo que nosotros podemos apreciar gracias a los medios es solo la punta del iceberg: el intervencionismo existe en los estados neoliberales: así amplían el margen de su poder. Esa sería realmente la posición que en algún momento debería ocupar el país. Una nación como ya la soñaba Belgrano, Moreno, San Martín, Sarmiento, Perón, Yrigoyen y como la sueñan los sucesores de estos dos últimos. Parece nada más una simple utopía, pero dentro de nuestra argentinidad, el futuro es incierto y mientras ladran los perros, nosotros sólo cabalgamos.





Saludos, y gracias al que lo leyó... si es que lo leyó.

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