El lobo
El lobo (Canis lupus) es una especie de mamífero placentario del orden de los carnívoros.
Los lobos fueron antaño abundantes y se distribuían por Norteamérica, Eurasia y el Oriente Medio. Actualmente, por una serie de razones relacionadas con el hombre, incluyendo el muy extendido hábito de la caza, los lobos habitan únicamente en una muy limitada porción del que antes fue su territorio.
El lobo, que es un depredador, se halla en una gran cantidad de ecosistemas. Este amplio territorio de hábitat donde los lobos medran refleja su adaptabilidad como especie, ya que puede vivir en bosques, montañas, tundras, taigas y praderas.
El peso y tamaño del lobo puede variar considerablemente a lo largo del mundo, y tiende a incrementarse proporcionalmente con la latitud, como predijo la regla de Bergmann. En términos generales la altura varía entre los 60 y los 90 centímetros hasta el hombro, y tienen un peso de entre 32 y 70 kilos. Aunque raramente encontrados, especímenes de más de 77 kg han sido hallados en Alaska y Canadá;8 el lobo salvaje más pesado, cazado en Alaska en 1939, pesaba 80 kg.9 Hay algunos casos sin confirmar de lobos cazados en el nordeste de Rusia que alcanzaban los 100 kg. Los lobos más pequeños son las sub-especies de lobos árabes, las hembras de estas pueden pesar unos 10 kg en la madurez. Las hembras en una población dada pesan alrededor de un 20 % menos que los machos.10 Los lobos pueden medir entre 1,3 a 2 metros desde el hocico hasta la punta de la cola, siendo esta aproximadamente un cuarto de la longitud total del cuerpo.
Los lobos poseen rasgos ideales para viajes de larga distancia. Su estrecho pecho y su potente espalda y piernas facilitan una locomoción eficiente. Son capaces de cubrir varios kilómetros trotando a una velocidad de 10 km/h, pudiendo alcanzar velocidades punta de 65 km/h en una persecución. Mientras corren a gran velocidad pueden cubrir cinco metros por salto. Las patas de los lobos están diseñadas para andar con facilidad por una amplia variedad de terrenos, especialmente nieve.
Tienen una pequeña membrana entre cada dedo, lo que les permite moverse por la nieve con más facilidad que a sus presas. Los lobos son digitígrados, y cuentan con patas traseras más largas y un quinto dedo vestigial, solo presentes en las delanteras, siendo sus garras de coloración oscura/negra y no retráctiles. Pelos erectos y garras desafiladas realzan el agarre en superficies resbaladizas, y vasos sanguíneos especiales evitan el enfriamiento de las almohadillas de las patas. Unas glándulas les ayudan a moverse por grandes extensiones mientras informa a los otros acerca de su paradero.
El mayor tamaño y longitud de las patas, ojos amarillos y mayores dientes hacen distinguir a los lobos adultos de otros cánidos, particularmente perros. Existe una glándula odorífica presente en la base de la cola de los lobos, la cual le confiere a cada individuo un rastro aromático único, que les sirve para poder identificarse entre ellos.
Los lobos y la mayoría de los perros grandes comparten idéntica dentadura; el maxilar tiene seis incisivos, dos caninos, ocho premolares y cuatro molares. El maxilar inferior tiene seis incisivos, dos caninos, ocho premolares y seis molares.
Los cuatro premolares superiores y los primeros molares inferiores constituyen los dientes carnasiales, los cuales son herramientas esenciales para cortar carne. Los largos dientes caninos son también importantes, ya que están adaptados para mantener y contener a la presa. Por tanto, cualquier lesión en la mandíbula o en los dientes puede ser devastador para un lobo, destinándolo a la inanición o a la incapacidad.
Pueden cazar tanto de día como de noche gracias a su agudísimo sentido del olfato y a su visión nictálope, para poca luz, dado que sus ojos poseen un tapetum lucidum tras la retina. Sus largos y poderosos hocicos ayudan a distinguirlos de los coyotes y chacales, los cuales tienen hocicos más estrechos; y de los perros que generalmente los tienen más pequeños. Los lobos difieren también en ciertas dimensiones craneales, teniendo un ángulo orbital más pequeño que, por ejemplo, los perros (53º estos y 45º los lobos), así como en una mayor capacidad cerebral, siendo la bóveda craneana un 20 % más grande.
En ocasiones un lobo parece más pesado de lo que realmente es, debido a su voluminoso pelaje, compuesto por dos capas. La primera capa está adaptada para repeler el agua y la suciedad. La segunda es un denso subpelaje resistente al agua que aísla al lobo. Este se torna en una gran mata de pelo a finales de primavera o comienzos de verano. Un lobo se frota normalmente contra objetos tales como rocas y ramas para fomentar la pérdida del pelaje. El subpelaje es usualmente gris sin tener en cuenta la apariencia del pelaje exterior. Los lobos tienen distintos pelajes en invierno y en verano que alternan en primavera y otoño. Las hembras tienden a conservar sus pelajes invernales más allá de la primavera a diferencia de los machos.
La coloración varía; va del gris al gris marrón, a través del espectro canino del blanco, rojo, marrón y negro. Estos colores tienden a mezclarse en muchas poblaciones para formar individuos predominantemente mezclados, aunque no es infrecuente que un individuo o una población entera sea de un mismo color, normalmente todos negros o todos blancos. El color del pelaje a veces corresponde con el ambiente en el que una población de lobos se desenvuelve; por ejemplo; todos los lobos blancos son mucho más comunes en áreas nevadas. Con el crecimiento van adquiriendo un matiz grisáceo en sus pelajes. Normalmente se cree que la coloración del pelaje del lobo sirve como mecanismo de camuflaje. Esto no es totalmente correcto, dado que algunos científicos han demostrado que la mezcla de colores tiene más que ver con enfatizar gestos, tanto como la sombra de ojos o el lápiz de labios en los humanos.
Al nacer, los cachorros tienden a tener el pelaje más oscuro y los ojos azules que se volverán amarillos-dorados o naranjas cuando tengan entre 8 a 16 semanas. Aunque es extremadamente inusual, es posible que un adulto retenga los ojos azules.
Hábitos alimenticios
Los lobos se alimentan principalmente de ungulados de medio y gran tamaño, incluyendo ovejas, cabras, rebecos, cerdos, ciervos, antílopes, renos, caballos, alces, yaks y bisontes. Otras presas incluyen mamíferos marinos como las focas y ballenas varadas. El canibalismo entre los lobos ha sido documentado en tiempos de escasez de alimentos.25 Los lobos solitarios dependen más de animales pequeños que pueden cazar saltando encima de ellos y sujetándolos con sus patas delanteras, aunque se han documentado casos de individuos solitarios que han podido llegar a cazar animales de gran tamaño. Algunas manadas de Alaska y el oeste de Canadá han sido vistas alimentándose de salmón.
También cazan roedores, aves y otros animales pequeños. Un solo lobo suele comer entre 3,2 a 3,5 kilos de comida de una vez, aunque pueden llegar a comer de 7 a 14 kg. en situaciones excepcionales cuando escasea el alimento. El alimento anual requerido es de alrededor de 1,5 toneladas de carne. Pueden sobrevivir largos períodos sin probar bocado. El caso extremo lo muestra un registro ruso que afirma que un ejemplar sobrevivió 17 días sin alimento. Después de comer, los lobos ingerirán copiosas cantidades de agua para prevenir problemas urémicos. El estómago de un lobo puede albergar 7,5 litros de agua.
Los lobos evitarán una presa potencial que no se ajuste a lo que experimentaron durante sus vidas. Generalmente cuanta mayor discrepancia haya respecto a lo que están acostumbrados.
No obstante, incluso cuando no hay escasez de alimento, los lobos explorarán una presa alternativa si interactúan con frecuencia y se habitúan mutuamente. Las manadas de lobos muestran estrategias de caza menos complejas que las de otras especies de carnívoros sociales como los leones, aunque parejas de lobos han mostrado un comportamiento estratégico cuando atacan presas de gran tamaño. Al cazar presas grandes, normalmente intentarán ocultarse a medida que se aproximan al animal elegido. Por norma general, esperarán a que la presa paste, momento en el cual está distraída. Matan a las presas de mayor tamaño lanzándose sobre la zona trasera y el área del perineo, provocando un desangramiento. En ocasiones, atacan a la garganta, dañando severamente la yugular y la tráquea.
Un único mordisco puede causar una perforación de entre 10 a 15 cm de longitud. Una vez que la presa se desploma, los lobos abrirán la cavidad abdominal y comenzarán a devorar al animal, a veces cuando la presa está aún viva. En algunas ocasiones no presionarán a la presa sino que esperarán a que fallezca a causa de las heridas para empezar a alimentarse. El estatus de la manada se refuerza durante la alimentación. La pareja reproductora suele comer primero, comenzando por el corazón, hígado y pulmones. Los lobos de un rango intermedio prevendrán a los lobos de estatus inferior a que se abstengan de alimentarse hasta que la pareja dominante finalice. Comen el estómago, dejando el contenido intacto. Los músculos de las piernas son las siguientes siendo los huesos lo último en ser comido. Existen excepciones, habiendo sido documentado que algunas manadas muestran más preferencia por los depósitos de grasa de la presa que por los órganos internos.
Aunque generalmente se centran en animales enfermos, hay poca evidencia que demuestre que se limitan a esa clase de blancos. Más al contrario, la evidencia asevera que los lobos se centrarán en las opciones más accesibles y válidas, lo cual si bien supone que animales enfermos sean presas potenciales, también se incluye a animales jóvenes y a hembras encintas.
En alguna ocasión se ha observado cómo se dedican a cazar para tener un excedente. Un ejemplo de ello fue documentado por el responsable de conservación del Minnesota Department of Natural Resources, declarando que durante una tormenta de nieve primaveral, dos lobos mataron 21 ciervos, consumiendo sólo dos. La caza excedentaria ocurre en los meses invernales cuando la densa nieve impide el movimiento de las presas de gran tamaño. En ocasiones atacan a ungulados preñados para alimentarse del feto, dejando a la madre intacta. Ocasionalmente complementan su dieta con vegetación. En algunas zonas de la antigua Unión Soviética se documentaron los daños que los lobos habían causado a las plantaciones de sandía.
Comportamiento social
Los lobos suelen organizarse en manadas siguiendo una estricta jerarquía social. Se cree que este alto nivel de organización social tenía que ver con el éxito en la caza. Teorías recientes sugieren, empero, que tal organización está más relacionada con un éxito reproductivo.
La manada la lideran dos individuos que están en lo más alto de la jerarquía social: el macho reproductor y la hembra reproductora. La pareja reproductora tiene una gran libertad social en comparación con el resto de la manada. Aunque no son líderes en el sentido humano del término, ayudan a resolver cualquier disputa dentro de la manada, y disponen de un gran control de los recursos, como la comida, y aún más importante, mantienen a la manada unida. que posee fuertes instintos de compañerismo, el resto de la manada normalmente los sigue.
Mientras que la mayoría de las parejas son monógamas, existen excepciones. Un animal alfa podría preferir emparejarse con un animal de baja posición en la jerarquía, especialmente si está relacionado con el otro alfa (un hermano o hermana verbigracia). La muerte de uno de los alfas no afecta al estatus del otro alfa, quien se emparejará rápidamente.
El tamaño de la manada puede cambiar a lo largo del tiempo y se controla por diversos factores, incluyendo el hábitat, las personalidades de los miembros dentro de la manada, y las reservas de comida. Las manadas pueden contener desde dos a veinte lobos, aunque en una manada normal suele haber ocho. Nuevas manadas se forman cuando un lobo deja su manada de nacimiento, encuentra una pareja, y reclama un territorio. Lobos solitarios en busca de otros individuos pueden viajar grandes distancias. Lobos dispersos deben evitar los territorios de otros lobos porque los intrusos en territorios ocupados pueden ser ahuyentados o asesinados. Es tabú para un lobo viajar hacia otro territorio sin ser invitado. La mayoría de los perros, excepto quizás los de gran tamaño, no tienen nada que hacer contra una manada de lobos protegiendo su territorio de un intruso.
Los lobos que actúen de un modo inusual dentro de la manada, tal como cachorros epilépticos o adultos malheridos por una trampa o por una escopeta son normalmente matados por los miembros de su propia manada. Un cachorro de lobo alfa puede pasar al puesto de su padre, o de su madre a través de unas pruebas
Expresion vocal (aullar)
Aullar ayuda a los miembros de la manada a mantenerse en contacto, permitiéndoles comunicarse con efectividad en bosques densos o en grandes distancias. Aullar también ayuda a llamar a los miembros de la manada a una localización específica. Puede también servir como declaración del territorio, mostrando una tendencia dominante en una imitación humana de un lobo “rival” en un área que el lobo considera suya. Este comportamiento es estimulado cuando una manada tiene algo que proteger, tal como una presa fresca. Manadas adyacentes pueden responder a los aullidos de otros, lo cual puede significar un problema para la manada más pequeña. Los lobos, por lo tanto, tienden a aullar con sumo cuidado.
Aúllan también por razones de comunidad. Algunos científicos especulan que fortalecen la camaradería y la unión social. Durante tales sesiones corales, los lobos aullarán en voces diferentes y variando los tonos, resultando difícil estimar el número de lobos implicados. Esta confusión del número hace que una manada rival sea cauta a la hora de escoger la acción a realizar.
Por ejemplo, la confrontación puede ser desastrosa si la manada rival subestima el número de miembros de la otra. Las observaciones de las manadas sugieren que el aullido tiene lugar más a menudo durante las horas del crepúsculo, precediendo la partida de los adultos para cazar y siguiendo su retorno.
El gruñido, es la muestra auditiva de advertencia más efectiva que emplean los lobos. El gruñido del lobo tiene un claro e intenso tono, similar a un bajo, y los emplean normalmente para amenazar a los rivales, aunque no necesariamente para defenderse a ellos mismos. Pueden gruñir a otros lobos mientras son agresivamente dominantes.
Los lobos ladran cuando están nerviosos o cuando quieren advertir a otros lobos de un peligro. Ladran muy discretamente, y generalmente no ladrarán ni fuerte ni repetidamente como los perros; en cambio, usan un poco intenso tono y una audible respiración para llamar la atención de otros lobos. Asimismo emiten una especie de ladrido-gruñido añadiendo un breve gruñido al final del ladrido. Hacen esto, por la misma razón que ladran. Generalmente los cachorros ladran-gruñen con mayor frecuencia que los adultos, utilizando estas vocalizaciones para llorar y obtener atención, cuidados o comida.
Un sonido menos conocido es el sonido de unión. Este sonido similar a un ladrido es empleado normalmente como muestra de sumisión al macho alfa de la manada por otros lobos. Pueden también gimotear, habitualmente cuando se someten a otros lobos. Los cachorros gimotean cuando necesitan seguridad de sus padres u otros lobos.
Especies de Lobo
Lobo Artico
Una de las criaturas más fascinantes que habitan en el Ártico es precisamente el lobo ártico (Canis lupus arctos). Este animal puede ser considerado como una raza, subespecie o variante geográfica del lobo gris (Canis Lupus), una especie que originalmente vivía en todo el hemisferio norte. Al año de nacido, el lobo ártico comienza a mostrar una piel blanca con la nariz ligeramente achatada al igual que sus orejas, lo que permite distinguirlo de otras variantes de lobo gris. No obstante, la vida de esta especie es prácticamente similar a la de otros lobos alrededor del mundo.
El lobo ártico habita toda la zona que compone el borde norte de América del Norte y hacia el Polo, así como a lo largo de las costas este y norte de Groenlandia. Varias islas de gran tamaño ocupan la región comprendida entre el extremo norte del continente y el Polo. Aunque el hielo y la nieve cubren permanentemente gran parte de la zona, algunas áreas de estas islas se deshielan entre mediados de junio y agosto, lo que permite la presencia de plantas de bajo crecimiento para alimentar a bueyes almizcleros, renos y liebres árticas. Estas criaturas constituyen la mayor parte del suministro de alimentos para los lobos blancos que viven en lo que llamamos el “Alto Ártico”.
Algunos lobos blancos pueden ser encontrados un poco más al Sur, en el Parque Nacional del Búfalo de los Bosques, al norte de Alberta en Canadá, y al menos un ejemplar de lobo ártico ha sido avistado en la región norte de Minnesota. Por otro lado, la mayoría de estos lobos sureños, que pueden ser encontrados en la frontera norte de la América del Norte continental, presentan un pelaje gris y en ocasiones negro, mientras que en zonas más frías, la mayoría de los ejemplares poseen un aspecto enteramente blanco.
El color del pelaje es en realidad una característica muy vaga para evaluar animal alguno. En lo que respecta al lobo ártico, este posee la forma de cualquier otro lobo, actúa como cualquier otro lobo, se desplaza como cualquier otro lobo y posee hábitos de reproducción como cualquier otro lobo.
Lobo del Himalaya
Los lobos son el tronco común de todas esas razas de perros que tanto te gustan para acompañarte a lo largo de tu vida. Sin embargo, aún existen y campean por su respeto en todos los hábitats que pueden ser encontrados y es muy importante saber que no existe una única especie de lobo.
Como ejemplo, solamente en el subcontinente indio pueden verse tres linajes de lobos distintos: los euroasiáticos, los indios y los lobos tibetanos.
Durante muchos años se creyó que dentro de este último linaje, el de los tibetanos, estaban los lobos del Himalaya, a los que dedicaremos este artículo. No obstante, estudios científicos y genéticos recientes descubrieron que estos eran una subespecie del lobo gris, el tipo más común de lobo que la mayoría de la gente conoce, y no del tibetano.
Los lobos del Himalaya habitan fundamentalmente en áreas específicas de la India como Jammu y Cachemira, Nepal, China, Mongolia y, por supuesto, el Himalaya.
Antes se creía por el nombre que sólo habitaban en la famosa cordillera, pero avistamientos y estudios a la subespecie han arrojado que puede encontrarse en sobrevivir en varios hábitats, sobre todo en regiones como las mencionadas anteriormente.
Los lobos del Himalaya son generalmente de color marrón claro con algunos tonos grises en su cuerpo. De igual forma, algunos ejemplares pueden tener tonos blancos o negros alrededor de la cara o a lo largo del pecho.
Al igual que el lobo rojo, el del Himalaya es social por naturaleza y tiende a permanecer en manadas, solo que como son menores en número, comparándolos con poblaciones de otras subespecies, estas son más pequeñas (generalmente de seis u ocho miembros).
Los lobos del Himalaya no son tan agresivos cuando se trata de proteger su territorio, a diferencia de otras subespecies que sí son más territoriales. Igualmente, en raras ocasiones se les verán mostrando confrontación física con otras especies de lobos.
Como sucede con muchos animales, los seres humanos constituyen la principal amenaza para los lobos del Himalaya. Habitantes indígenas de las zonas que habitan los matan indiscriminadamente como consecuencia de que los lobos se alimentan de su ganado.
Dada su escasa población actual, esta subespecie fue incluida en la Lista de Especies Amenazadas por el Gobierno de la India en 1998. Otra medida de protección en esa nación fue la instrumentación de un programa de cría para salvarla de la extinción.
Lobo Etiope
Las extremidades del lobo etíope son sorprendentemente largas y delgadas, una adaptación aparentemente adecuada para cursar en campos abiertos. Su hocico es largo, y los dientes pequeños y bien espaciados, lo que sugiere una variación morfológica para alimentarse de roedores.
Las orejas son puntiagudas y anchas, mientras que su pelaje rojizo combina con flecos de pelos blancos que crecen en la garganta, el pecho, la banda alrededor de la parte ventral del cuello, las partes inferiores y en el interior de las extremidades.
Las líneas entre el rojo y el blanco de su pelaje se encuentran bien definidas. La cola por su parte, es de color negro, abultada y con áreas blanquecinas. Los lobos etíopes machos son significativamente más grandes que las hembras, con 16 y 13 kilogramos de peso respectivamente.
Desafortunadamente, la distribución del lobo etíope está más restringida actualmente que en el pasado. Solo 500 individuos adultos se encuentran actualmente en estado salvaje, por lo que se considera el cánido más raro del mundo y el más amenazado del continente africano. Bajo las regulaciones emitidas en el año 1974 por el Organismo Etíope para la Conservación de la Vida Salvaje, esta especie cuenta con la protección oficial del gobierno, penalizando su matanza con penas de hasta dos años de prisión.
En el año 1990, el lobo etíope o abisinio pasó a formar parte de la Lista Roja de la UICN, declarándose en estado de peligro. Dos años más tarde, la rabia y la cacería furtiva provocada por la inestabilidad política de la región, devastó la población de lobos en las montañas de Bale, la mayor y más conocida población de estos animales. Como resultado de lo anterior, la existencia del lobo etíope fue clasificada como de “peligro crítico” en el año 94, y diez años más tarde, tras una discreta recuperación de su población fue reclasificado como en “peligro de extinción”, según los criterios de la organización.
Hasta hace poco, solo dos parques nacionales mantenían el hábitat afroalpino de los lobos: las montañas de Bale y de Simen, pero la extensión y creación de nuevas áreas protegidas ha permitido incrementar el número de ejemplares, de un 40% en el año 2000 a un 87% en el 2011.
El lobo etíope se limita a las altas montañas, a ambos lados del Gran Valle del Rift, en altitudes entre 3000 y 4500 metros, es decir, por encima de la frontera agrícola. Existen seis poblaciones existentes: Montañas Simen, la zona Wollo del norte y las alturas del sur, Guassa-Menz, las montañas Arsi y las montañas de Bale.
Estas poblaciones se encuentran aisladas unas de otras, pues la distancia que las separa es mucho mayor que el grado de dispersión de los lobos (de unos 20 kilómetros según las investigaciones).
Los lobos abisinios viven en discretas y muy unidas manadas familiares que comparten y defienden un territorio exclusivo. Estos grupos se congregan para patrullar las fronteras territoriales al amanecer, al mediodía y por la noche, y descansan juntos a la intemperie en el horario de la madrugada. Las jerarquías dentro de estas manadas se encuentran bien establecidas con muestras frecuentes de dominación y subordinación.
La dispersión que experimentan las manadas se encuentra fuertemente limitada por la escasez de hábitats desocupados. Algunos grupos están formados por dispersiones de machos jóvenes y ejemplares hembras muy dadas a la reproducción. A su muerte, las hembras reproductoras serán reemplazadas por alguna hembra joven del grupo.
En hábitats óptimos, los grupos familiares pueden contener hasta veinte lobos mayores de un año, pero generalmente se componen de seis ejemplares, con un territorio comunal de unos seis kilómetros cuadrados en promedio. Mientras mayor sea la manada, mayor será el territorio bajo sus dominios.
Cuando las manadas llevan a cabo las labores de patrullaje, suelen marcar las fronteras con su olor, llegando a producirse por este hecho numerosos altercados entre manadas vecinas. Tras la disputa, el grupo más débil terminará retirándose. En hábitats menos adecuados, los lobos suelen vivir en pareja, a veces acompañados por su descendencia y en territorios mayores a los diez kilómetros cuadrados.
Lobo Gris
La historia del lobo gris es una de las más conocidas de la fauna americana. Tiempo atrás, el lobo gris se encontraba grandemente esparcido por todo el territorio de Norteamérica, pero la caza despiadada terminó por mermar parte de su población.
Hoy en día, esta especie de cánido ha comenzado a mostrar signos de recuperación gracias a una exitosa labor de conservación. Muchas investigaciones han demostrado la importancia de estos animales en el bienestar y el funcionamiento adecuado de los ecosistemas.
Los lobos grises son cánidos con colas abultadas, largas y a menudo con una ligera coloración negra en la punta. El color de su pelaje es básicamente una mezcla de gris y marrón con marcas faciales muy peculiares que pueden variar su color desde el blanco sólido hasta algunas combinaciones de negro. Los lobos grises lucen de alguna manera como un gran perro pastor alemán.
Estos lobos varían su tamaño en dependencia del lugar donde viven. Los ejemplares del norte son usualmente más grandes que sus parientes en el sur. El tamaño medio del cuerpo de un lobo gris varía entre tres y cinco pies de largo. Sus colas son generalmente de unos dos pies de largo. Con respecto al peso, las hembras pueden medir de 27 a 45 kg (60 a 100 libras), mientras que los machos pesan entre 31 y 65 kg (70 y 145 libras).
En estado salvaje, pueden vivir entre 8 y 13 años, incluso más. En cautividad, su expectativa de vida puede alcanzar los quince años de duración.
Los lobos grises pueden prosperar en una gran diversidad de hábitats, desde bosques tupidos y forestas hasta pastizales y desiertos. Actualmente, los lobos tienen presencia en regiones como Alaska, el norte de Michigan, el norte de Wisconsin, el oeste de Montana, el norte de Idaho, al noroeste de Oregón y la zona de Yellowstone en Wyoming.
Los lobos mexicanos, una subespecie del lobo gris, fueron reintroducidos en un parque protegido al este de Arizona y el suroeste de Nuevo México. El área de distribución histórica para el lobo gris cubría más de dos tercios del territorio estadounidense.
Lobo Iberico
La subespecie de lobo gris, conocida con el nombre de lobo ibérico (Canis lupus signatus), fue identificada por primera vez en el año 1907 por el zoólogo español Ángel Cabrera. Aunque muchos taxónomos no reconocen esta variante de cánido, el trabajo genético llevado a cabo por el biólogo Robert Wayne de la UCLA, ha permitido sugerir que se trata de una verdadera subespecie dentro del género.
El lobo ibérico habita en los bosques y llanuras de la región noroeste de España, la zona superior del noreste de Portugal, y algunas zonas aisladas de la Sierra Morena. Más del 50 por ciento de los lobos ibéricos residen en el norte de Castilla y León.
Los lobos ibéricos son de un tamaño mediano, con una constitución generalmente más delgada que el lobo euroasiático. Los machos pueden pesar hasta 40 kg (90 libras), y las hembras suelen poseer entre un 75 u 80 por ciento del tamaño de los machos.
Su pelaje puede variar en colores desde un gris claro o de color ocre en los meses de verano hasta un color marrón rojizo oscuro durante el invierno. La palabra signatus que acompaña su nombre científico, y cuya traducción puede entenderse como “marca”, tiene su origen en una serie de rasgos blancos presentes en los labios superiores del lobo ibérico, y oscuros en la cola y sus extremidades delanteras.
La dieta del lobo ibérico variará mucho dependiendo del lugar o la zona donde habiten. Los lobos de la zona cantábrica por ejemplo, podrán alimentarse de ciervos, corzos y jabalíes, mientras que los lobos de Galicia se alimentarán en parte de los restos de granjas avícolas y porcinas.
Por otra parte, los lobos oriundos de Castilla y León basarán su dieta principalmente en conejos. En general, la principal fuente de alimentos para estos cánidos proviene del ganado, especialmente en forma de carroña. Sin embargo, tras la prohibición de abandonar cadáveres de animales en el campo por temor a la enfermedad de las vacas locas, los lobos han comenzado a alimentarse mayormente de ovejas y vacas vivas.
El lobo ibérico una vez habitó la mayor parte de la Península Ibérica. Sin embargo, a lo largo de los años 1950 y 1960, los lobos de España fueron reconocidos oficialmente como plagas por parte del gobierno español, quien ofreció una recompensa para toda aquella persona que entregara un lobo muerto. De esta manera el número de lobos se redujo a tan solo 400 o 500 ejemplares, llegando a constituir una especie en peligro de extinción.
La caza de lobos se encuentra prohibida en estos momentos en Portugal y numerosas regiones de España. En consecuencia, su número se ha podido estimar en unos 2.000 ejemplares en España y 400 en Portugal. Su estado de conservación ha mejorado en sentido general, de ser una especie en peligro a ser una especie vulnerable. No obstante, los lobos de la Sierra Morena permanecen en peligro crítico, mientras que la población existente en Extremadura se ha declarado completamente extinta. Actualmente resulta extremadamente difícil avistar un lobo ibérico en la naturaleza, en parte debido a su instinto de conservación.
Lobo Negro
El lobo negro constituye una variante de color del conocido lobo gris. Algunos ejemplares se han encontrado integrando manadas de lobos rojos y probablemente aún hoy sea posible hacerlo. Según una investigación genética de la Universidad de Medicina de Stanford y la Universidad de California, los lobos con pieles negras deben su coloración distintiva a una mutación que se produjo en los perros domésticos, y se llevó a los lobos a través de la hibridación entre los lobos y los perros.
Los lobos negros avistados en Michigan, Estados Unidos, fueron nombrados como Canis lycaon, bajo el supuesto de que la especie era distinta de los lobos de color gris y blanco.
En Fancia, los ejemplares de esta coloración eran considerados raros pero en el sur de Europa eran muy comunes, con poblaciones en los Pirineos que superaban en número a otras formas de color. De igual forma, se registraron lobos negros en las montañas de Friuli, Italia, y alrededor de Kotor, en Montenegro, así como también en la Siberia.
A pesar de la referida rareza en el norte europeo, el Dr. Höggberg, un médico en Karlstad, menciona cinco lobos negros asesinados en la provincia sueca de Värmland en 1801. Estos lobos tenían completamente ese color y eran más grandes que la variedad gris común. Sus pieles eran consideradas lo suficientemente exóticas para venderse tres o cuatro por encima del valor establecido para formas de color más comunes.
Estudios de naturalistas evidencian que los lobos negros europeos difieren poco en tamaño de otras formas de color, pero que son superiores en fuerza física. Generalmente han sido registrados como menos agresivos que las clases ordinarias, y se dice que su cruzamiento con perros se producía más fácilmente.
La piel de un lobo negro era considerada por los nativos de Nueva Inglaterra en un valor de más de 40 pieles de castor americano y un simbolismo elevado. Si un cacique aceptaba un regalo consistente en una piel de lobo negro, se entendía que se estaba produciendo un acto de reconciliación.
En el sur estadounidense los lobos negros fueron además considerados una especie distinta a la del norte, debido a las diferencias en el color y la morfología. Por ello fueron nombrados como especie “nublada” o lobos oscuros (Canis nubilus). Las poblaciones de estos se identificaban mayormente en territorio de Missouri, y eran de un tamaño intermedio entre los lobos y coyotes comunes.
Como dato curioso, el 15 de enero de 2009, un lobo macho negro de la manada de Mollie, en el Valle Pelícano del Parque Nacional de Yellowstone, pesó 64 kg (143 libras), convirtiéndose en el lobo más grande en la historia de ese recinto.
El biólogo Adolph Murie fue uno de los primeros en especular que la amplia variación de color en los lobos fue originada por el cruce con perros. En su libro “Los lobos del monte McKinley”, aventuró que la variabilidad exhibida por lobos negros y de otras coloraciones no habituales era causadas por cruces producidos en y reportados en el medio natural e incluso en cautiverio, ya que los lobos sometidos a ese estado interactuaban habitualmente con perros.
De ser cierto, se ha demostrado que la cantidad de cruces producidos con perros no han sido suficiente para alterar mucho la composición genética de las poblaciones de lobos registradas.
Un resultado aún más concluyente se obtuvo en 2008, cuando el Dr. Gregory S. Barsh, profesor de genética y pediatría en la Facultad de Medicina de la Universidad de Stanford, utilizó técnicas de genética molecular para analizar secuencias de ADN de 150 lobos, la mitad de ellos negros. Con esto descubrió que una mutación genética, responsable de la proteína beta-defensinas 3, conocida como el locus K, era la determinante del color del pelaje negro en los perros. Se constató así que dicha mutación fue la responsable de lobos negros en Estados Unidos y el Norte los Apeninos italianos, y tras esto solo restaba descubrir el origen de la referida variación.
En ese sentido, Barsh y sus colegas concluyeron que la mutación surgió en perros en hace más de 12 mil 779, con más precisión sobre los 47 mil. Para determinar esto compararon grandes sectores de genoma de lobos, perros y coyotes.
Los lobos negros rara vez se ven en Europa y Asia, donde las interacciones con los perros domésticos se han reducido en los últimos miles de años, debido al agotamiento de las poblaciones de lobos salvajes.
No obstante, en ocasiones han aparecido, y en Rusia son conocidos los híbridos de lobo-perro, llamados casualmente "lobos negros". Además, en la actualidad entre el 20 y el 25 por ciento de la población de lobos de Italia se compone de animales negros.
Esta coloración es más común en América del Norte, donde aproximadamente la mitad de los lobos reintroducidos en la población de la especie que habita el Parque Nacional de Yellowstone son de color negro. Igualmente, en el sur de Canadá y Minnesota, la coloración negra es más común que la blanca, aunque los lobos de color gris continúan siendo predominantes.
Lobo Rojo
Más pequeño y rubicundo de pelaje que su primo el lobo gris, el lobo rojo es uno de los cánidos más amenazados del planeta. Aunque los lobos rojos lograron una vez extenderse por todo el sureste de los Estados Unidos, años recientes de caza y pérdida de hábitat natural han conducido a la especie al borde de la extinción desde el año 1970.
Como parte de un ambicioso programa de cría en cautividad, el Servicio de Pesca y Vida Silvestre de los Estados Unidos capturó a los 14 lobos rojos restantes que aún permanecían en estado silvestre. Estos lobos se consideran antepasados de los 100-120 ejemplares iniciales, y actualmente viven en el Norte de California como parte de un exitoso plan de reintroducción tras haber sido declarada la especie como extinta en estado salvaje.
Dentro de su ecosistema, los lobos juegan un papel importante en el equilibrio de otros animales que forman parte de su dieta, como los ciervos. A su vez, algunas poblaciones de presas más pequeñas tienen menos probabilidades de aumentar su número y consumir todos los nutrientes disponibles en su hábitat. Además, aunque ningún estudio se ha llevado a cabo para verificarlo, la preferencia de los lobos por estas especies problemáticas, como la nutria y el mapache, ayuda a reducir los daños en los cultivos y otras actividades humanas.
Los lobos rojos son cánidos que habitualmente presentan colas negras y peludas. Comúnmente, su pelaje es de tipo carmesí o beige, con betas negras a lo largo de su espalda. En algunas ocasiones, pueden presentar un tinte rojizo cerca del hocico, detrás de las orejas y en la parte posterior de sus extremidades. A primera vista, el lobo rojo brinda similitudes con el perro pastor alemán.
El lobo rojo es de un tamaño intermedio entre el lobo gris y el coyote. En estado adulto, esta especie alcanza cerca de 4 pies de largo y 26 pulgadas desde el suelo hasta la cruz. En cuanto a su peso, los lobos rojos median entre los 20 y los 36 kg (45/80 libras), siendo los machos los que más pesan 27 kilos (60 libras), con respecto a las hembras y sus 22 kg (50 libras).
En la naturaleza, los lobos rojos suelen vivir entre 5 y 6 años, mientras que en cautiverio, su tiempo de vida se extiende hasta los catorce años.
Tanto en pantanos y bosques como praderas costeras, los lobos rojos pueden prosperar en una amplia gama de hábitats. Históricamente, el lobo rojo osciló entre el sureste de Texas hasta el centro de Pensilvania. Hoy en día, el único hogar para estos animales en la naturaleza lo constituye la Península de Albemarle, al este de Carolina del Norte.
Los lobos rojos se aparean de por vida, y la manada se forma alrededor de la pareja reproductora. Por lo general, los lobos rojos forman un grupo de cinco a ocho ejemplares, compuestos por el macho reproductor, la hembra y sus crías de diferentes años.
La manada es una unidad familiar bien constituida. Los integrantes más viejos también participan junto a los padres en la crianza de las crías, aunque también participan en las labores de la guarida. Dentro de 1 a 3 años, los lobos más jóvenes acostumbran a salir de la manada en busca de sus propios compañeros y territorios.
Cada manada tiene sus propios límites dentro del territorio donde suelen cazar y defenderse de otros cánidos. Los lobos rojos son criaturas ferozmente territoriales, llegando a enfrentarse a otros ejemplares de la misma especie si fuera necesario.
Aunque el lobo rojo ha recorrido un largo camino, existen muchas amenazas a largo plazo para esta especie. A pesar de ser especies distintas, sus interacciones con los coyotes plantean un grave riesgo de hibridación. Los coyotes han invadido parte del hábitat que tradicionalmente ocupaban los lobos rojos, lo que supone una competencia directa por los recursos con los ejemplares que han sido reintroducidos.
Aunque los coyotes pequeños no representan un desafío directo al territorio de los lobos rojos, cualquier conflicto potencial entre los lobos rojos y los coyotes pone en peligro la viabilidad a largo plazo de los lobos rojos como especie única. Afortunadamente, el personal encargado de la gestión de estos animales ha optado por la esterilización de los coyotes, lo que evita cualquier hibridación posible, y brinda la oportunidad a la especie de incrementar su población.
Las interacciones con los humanos también representan un riesgo para el lobo rojo. Todo su hábitat, enmarcado en la península de Albemarle, se encuentra a solo tres pies sobre el nivel del mar, lo que trae consigo un cambio climático importante que puede amenazar la existencia de la especie. Aunque tímidos por naturaleza y muy poco dados a confrontar a los humanos, los cambios y la fragmentación de su hábitat, aumenta considerablemente la posibilidad de un conflicto entre ambas especies. Algunas de estas interacciones toman lugar en los accidentes automovilísticos, aunque existen otras amenazas mucho más peligrosas.
Lobo Tibetano
El lobo tibetano fue identificado como una subespecie del lobo gris en 1863 por el zoólogo británico John Edward Gray.
Otras denominaciones con las que pueden encontrarse referencias son lobo de Mongolia y el lobo chino y durante mucho tiempo se pensó que los ejemplares de esta subespecie y los del Himalaya eran parte de la misma rama estrecha o raza.
No obstante, gracias a estudios genéticos recientes se ha descubierto que son los lobos del Himalaya y los tibetanos son dos subespecies diferentes.
El lobo tibetano puede encontrarse en varias áreas del continente asiático. Así, podemos verlos en el centro de China, las selvas y desiertos de Mongolia, el norte de Sikkim, el Tíbet, al suroeste de Rusia, las regiones del Himalaya pertenecientes a la India, Nepal y Bután.
El tamaño de los lobos tibetanos desde la nariz hasta el final de la cola puede variar desde 147 hasta 165 cm, y de altura desde 68 a 76. Su peso medio está entre los 29 y 31 kg (65-70 libras) y en comparación con el lobo común europeo es un poco más pequeño, con unas piernas más cortas aunque el cráneo es similar, con un hocico largo y delgado.
Los tibetanos tienen un pelaje largo que varía su coloración de acuerdo a la estación del año. Generalmente está definido por una mezcla de blanco, amarillo, marrón, gris y negro.
El lobo tibetano, en peligro o riesgo de extinción desde 1991, alcanza la madurez sexual en su segundo año de vida.
La época de reproducción ocurre generalmente en la primavera y el hábito es que sólo el macho dominante monta a las hembras que seleccione, para garantizar la permanencia de fuerza en la manada.
Dos meses después de la fecundación, la hembra puede parir de cuatro a seis crías, con un peso cada una de una libra aproximadamente.
No será hasta las tres o cuatro semanas que los cachorros podrán salir de la guarida en que los protege la madre desde que los trajo al mundo. Durante ese tiempo, y hasta dos o tres meses después, se nutren de la leche de la progenitora, para luego empezar a alimentarse de los frutos de la caza de la manada, hasta que sean capaces de participar en la actividad como otro cazador más.
En condiciones naturales, el lobo tibetano puede vivir entre seis y diez años, pero ese tiempo se ha logrado elevar con ejemplares en cautiverio, hasta los 20.
Documentales de lobos