"Riquezas, honra y vida son la remuneración de la humildad y del temor del Señor". Proverbios 22:4 Cuánta gente tiene amargura en contra de Dios, porque vive en escasez. Muchos están enojados con Él; se molestan con los que les rodean, no porque tengan mal carácter, sino por preocupación y angustia, al no saber de dónde sacar para vivir, pagar las deudas y suplir para su familia. La bendición de Dios es mucho más que tener dinero, ropa, casa. La prosperidad divina es un bienestar general en todas las áreas de nuestra vida. A veces somos tan orgullosos que rechazamos o no recibimos la bendición que Él quiere darnos a través de otros. Nos ofrecen un trabajo y nos parece poca cosa, nos quieren regalar ropa y no queremos aceptarla, cuando no tenemos qué ponernos. Alguien nos dice: Quiero regalarte comida; y le respondemos: Oh no, no te molestes; y nuestra alacena está tan vacía como nuestro estómago. Pero, como para recibir todas las cosas buenas, tenemos que ser humildes, Dios tiene que tratar con nuestro orgullo, con eso de querer conservar las apariencias. Decimos que no aceptamos limosnas de otros, en lugar de ver los canales de bendición que Dios quiere usar, porque muchas veces Él usa la gente que nos rodea para bendecirnos. A veces nos concentramos en el problema y el orgullo nos priva de canalizar las bendiciones de Dios. Aprendamos no sólo a dar, sino también a recibir, porque a veces nos cuesta entender que esa es la mano abierta de Dios extendida hacia nosotros supliendo nuestras necesidades.
Aliento Cotidiano 30 de Noviembre
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