InicioInfoLa mujer de los mil rostros que salvó a cientos de soldados

La mujer de los mil rostros que salvó a cientos de soldados

Info•12/12/2016








Durante la Primera Guerra Mundial, unos 8 millones de solados murieron, 20 millones más resultaron heridos y más de 20 mil soldados perdieron el rostro. Algunos debido a las metrallas violentas que significaban la pérdida de la esperanza, otros por alguna granada poco segura pero muy certera a la hora de estallar. Los ejércitos empezaron a implementar nuevas técnicas para poder darle un futuro adecuado a los veteranos de guerra, pero sin mucho éxito. Algunos empezaron a experimentar con técnicas de cirugía estética por primera vez, como el cirujano Harold Gillies y el dentista Varaztad Kazanjian; sin embargo, reconstruir los rostros devastados no era suficiente.








Los soldados lucían sus heridas sin orgullo, con la vergüenza de nunca más poder encajar en la sociedad. Muchos trabajaban en empleos impensables con el único objetivo de que nadie tuviera que mirar su rostro.

Derwert Wood intentó solucionar el problema con otros métodos. Encantado por la escultura, comenzó a hacer experimentos en un hospital británico donde trabajaba como camillero. Con goma y gelatina comenzó a crear máscaras que más tarde convertirían en un negocio redituable llamado “Tin Noses Shop”, escribió en la revista médica británica “The Lancet”: “Su propia existencia deja de ser una fuente de melancolía”.










En 1917, Anna Coleman Ladd, proveniente de Filadelfia, se encontró el artículo de Wood. Había estudiado en las mejores escuelas de París y Roma para dedicarse a la escultura de grandes obras de arte; sin embargo, cuando supo que había algo mucho más importante que participar en los museos populares de Estados Unidos, se dio cuenta de que podía aportar su conocimiento para hacer que la felicidad de esos hombres incrementara de manera estratosférica. En lugar de hacerlo en Inglaterra, como Wood, llevó su conocimiento a Francia.








Acompañada de cuatro asistentes, recorría hospitales de París para buscar pacientes. Fundó el Estudio de máscaras-retrato de la Cruz Roja Americana en París y más de doscientos soldados acudieron a su estudio para buscar ayuda. Los espejos estaban prohibidos, pero siempre, los otros pacientes, Anna Ladd y sus asistentes, tenían una cara amable para cualquier ocasión.







Conocidos más tarde como los valientes sin rostro, el trabajo de Ladd era basarse en fotografías antiguas y charlas para lograr darle a sus pacientes un rostro adecuado que cumpliera con sus expresiones faciales más comunes. Elaboraba un vaciado de yeso del rostro, hacía un molde con arcilla y plastilina para crear una réplica de cobre galvanizado maleable y menos pesado. Las máscaras pesaban entre 100 y 250 gramos.










Ladd soldaba el resultado para darle forma a las cejas, los labios y si era necesario, cubrir la boca. Intentaban asemejar el tono de piel con un esmalte lavable que tenía un efecto bastante similar al de la piel y así simular que esos hombres que dieron su vida por muchos, eran tan normales como el resto. Si el paciente quería barba, bigote o lentes, esto también era incluido en la máscara.










Las familias de los soldados ya no les tenían miedo, podían optar por realizar un trabajo que verdaderamente les gustara, caminaban al lado de sus hijos por la calle sin que alguien saliera corriendo y sus parejas ya no los repudiaban. Uno de los hombres, de hecho, le pidió matrimonio a una mujer por la que moría y ella, sin pensarlo, le dijo que sí.







La mutilación era aceptada, pero ver a un hombre sin nariz, oreja o con la cara desfigurada era un horror. Algunos hombres no podían ni siquiera recordar cómo eran antes de la guerra y gracias a Ladd lo lograron. Las máscaras poco a poco se deterioraron y no existe casi ningún testimonio de ellas, mas que los que conserva el instituto Smithsonian.





Cada documento, foto, diario y hasta un video, se encuentran conservados a la perfección. Anna fue condecorada con la Medalla de la Legión de Honor, nombrada caballero de la Croix de la orden de San Sava de Serbia y su historia sirvió de inspiración para tres novelas, dos escritas por ella. Lamentablemente, murió el 3 de junio de 1939, antes de poder hacer algo por todos aquellos heridos de la Segunda Guerra Mundial
.



“Gracias a usted, puedo volver a vivir. Gracias a usted, no me he enterrado vivo en las profundidades de un hospital para discapacitados”.








Datos archivados del Taringa! original
412puntos
1,399visitas
0comentarios
Actividad nueva en Posteamelo
0puntos
7visitas
0comentarios
Dar puntos:

Dejá tu comentario

0/2000

Autor del Post

d
dairoquis🇦🇷
Usuario
Puntos0
Posts90
Ver perfil →
PosteameloArchivo Histórico de Taringa! (2004-2017). Preservando la inteligencia colectiva de la internet hispanohablante.

CONTACTO

18 de Septiembre 455, Casilla 52

Chillán, Región de Ñuble, Chile

Solo correo postal

© 2026 Posteamelo.com. No afiliado con Taringa! ni sus sucesores.

Contenido preservado con fines históricos y culturales.