Tras el Tratado de Verdún en el año 843, el Imperio Carolingio se fragmentó. El hijo de Carlomagno Ludovico Pío, repartió sus territorios entres sus tres hijos. La parte más oriental fue denominada Reino de Francia Oriental o Germania, otorgándose a Luis el Gérmánico. Cuyos descendientes reinarían hasta la muerte de Luis IV el Niño, y que sería su último rey carolingio.
Los monarcas carolingios del Reino de Germania tuvieron que enfrentarse a problemas que limitaban su gobierno: las tensiones por el poder con la alta nobleza y con los ducados autónomos como el de Baviera y Sajonia; y las amenazas fronterizas de pueblos bárbaros: eslavos, normandos y húngaros.
Imperio Germánico siglos X y XI
Los monarcas carolingios del Reino de Germania tuvieron que enfrentarse a problemas que limitaban su gobierno: las tensiones por el poder con la alta nobleza y con los ducados autónomos como el de Baviera y Sajonia; y las amenazas fronterizas de pueblos bárbaros: eslavos, normandos y húngaros.
Imperio Germánico siglos X y XI
Luis II el Gérmanico (843-876)
Luis II el Gérmanico (843-876) se enfrentó de nuevo a su hermano Lotario y conquistó la zona oriental de Lorena en 870, quedándose con ella en virtud del Tratado de Mersen, mediante el cual Carlos el Calvo y Luis se repartieron la herencia de Luis II hijo de Lotario. Ahora la Francia Oriental y la Occidental estaban en contacto y seguirían las disputas por las fronteras.
Luis III el Joven (865-882)
Luis III el Joven (865-882), recibió en el año 865 Franconia, Turingia y Sajonia. Derrotó a Carlos el Calvo en una batalla en Andernach. Gracias al Tratado de Ribemont (880) obtuvo Lorena. Murió al caerse de un caballo.
Arnulfo de Carintia (887 - 899)
Arnulfo de Carintia subió al trono después de ser depuesto su tío el emperador Carlos III el Gordo, se convirtió en rey de la Francia Oriental y de Lotaringia (887).
Obtuvo una victoria frente a los vikingos en la batalla de Lovaina, actual Bélgica, en septiembre de 891. Arnulfo invadió Italia en el año 896. Con su regreso a Alemania en 896, Arnulfo encontró que su mala salud implicó que fuera incapaz de tratar con los problemas referentes a su reinado. Italia se perdió, los moravos y magiares saquearon sus tierras continuamente, y la Lotaringia estaba en rebelión contra Zwentibold. También se vio afectado por la ascendente violencia y las luchas de poder entre la baja nobleza alemana. En el 899, pidió ayuda a los magiares para derrotar al rey Berengario de Lombardía, que fue derrotado en la batalla del río Brenta. Ese mismo año murió Arnulfo, siendo sustituido por su hijo Luis.
Luís IV el Niño (899-911)
Luís IV el Niño (899-911) fue el último rey carolingio, fue rey bajo regencia desde 899 hasta su muerte, doce años después. Durante su breve reinado se produjeron ataques húngaros y la ascensión de los ducados hereditarios. En 907 enfrentó a los húngaros en la batalla de Bratislava, en la cual fue derrotado por las fuerzas del Gran Príncipe Árpad. Posteriormente en 910, su ejército fue vencido nuevamente por los magiares de Hungría en la batalla de Lechfeld.
Conrado I de Franconia (911-918)
Le sucedió Conrado I de Franconia (911-918), que gobernó durante siete años. Mantuvo una alianza con la Iglesia pero no fue reconocido por los ducados de Babiera, Lorena, Sajonia y Suabia, con los que estuvo enfrentado, y a los que intentó someter, aunque fracasó.
Enrique I “Pajarero” (876 - 936)
En 918 entra la casa de Sajonia con Enrique I “Pajarero”, que inició las buenas relaciones entre la Iglesia Católica y la monarquía germánica, ubicando a eclesiásticos en los aparatos administrativos del reino. Enrique I debió enfrentar durante su reinado la amenaza de los magiares que en 896 habrían cruzado los Montes Cárpatos y ocupado la llanura de Panonia al Este de sus territorios imperiales.
Ante esto, Enrique I tuvo que hacer frente a las razias de las huestes magiares que sucedieron en el 911, cuando habían invadido y saqueado Burgundia. Posteriormente, en 915, los magiares sitiaron fallidamente la ciudad germánica de Fulda e incendiaron Bremen tras saquearla. En el mismo año de su coronación, en 919, Enrique I y su ejército fueron derrotados por los magiares en la batalla de Puchen, y le hicieron pagar un tributo durante los siguientes diez años. Así continuó hasta 932, cuando el rey se negó a pagarlo, y un año más tarde las tropas germánicas vencieron por vez primera a los magiares en la batalla de Merseburgo (933).
La fortificación de los castillos del sur de Germania y la reorganización de la caballería pesada culminan su obra política, salvada gracias a su insistencia en nombrar sucesor como Rey de Francia Oriental a su hijo Otón I el Grande, para evitar la división del reino después de su muerte.
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