La historia de los patacones comienza en 2001 cuando De la Rúa con su ministro de economía Cavallo (salido de la comisión trilateral) mantiene absurdamente la ley de la convertibilidad que imponía paridad cambiaria 1 pe-1 dólar, no podía entonces el banco emitir pesos sin una contrapartida en dólares.
Al desequilibrarse las cuentas del sector externo y aumentar el déficit fiscal desde 1999-2000 De la Rúa insistió en mantener a rajatabla la convertibilidad - a pesar de que era imprescindible su flexibilización - acudiendo a innecesarios recursos “blindaje financiero” y “déficit cero” que llevarían a una desmonetarización catastrófica.
Entonces las provincias argentinas al no recibir dinero del gobierno central no tenían guita para garpar sueldos al sector publico (profes, canas, médicos, etc.) ni para insumos y provisiones, entonces las provincias emitieron las “cuasi monedas” provinciales de emergencia.
Y ahí entra en juego nuestro querido y poco valorado patacón en Bs As; al ser de curso obligatorio anduvieron muy bien estas monedas. En realidad eran bonos con fecha de vencimiento. Se aceptaban para garpar impuestos y servicios públicos.
Es más, hasta se llegaron a aceptar en un tráfico interprovincial entre algunas de las dieciséis provincias que adoptaron este esquema. Otras monedas acuñadas fueron los quebrachos en el Chaco, federales en Entre Ríos, petroms en Mendoza, huarpes en La Rioja, lecor en Cba, entre otros.
¡Lloran los usureros! Estas monedas no tuvieron efectos inflacionarios, y no podían ser prestadas a intereses entonces los centros financieros se pegaron tremendo cagazo.
Por eso en 2003 Duahlde decide favorecer a sus amos del Banco Mundial (BM) y canjea estos billetes a través de un préstamo de 800 millones de dólares para “respaldar” la emisión de billetes en pesos argentinos. Los dólares fueron a parar a la exorbitante e impagable Deuda Externa argentina.
Así derrumbaron este experimento monetario que salió tan bien en pos de los intereses de la j̶u̶d̶e̶r̶i̶a̶ finanza internacional.
Yapa: moneda soberana