Salmo 127
LA PROVIDENCIA DE DIOS
LA PROVIDENCIA DE DIOS
1 Si el Señor no edifica la casa,
en vano trabajan los albañiles;
si el Señor no custodia la ciudad,
en vano vigila el centinela.
2 Es inútil que ustedes madruguen;
es inútil que velen hasta muy tarde
y se desvivan por ganar el pan:
¡Dios lo da a sus amigos mientras duermen!
3 Los hijos son un regalo del Señor,
el fruto del vientre es una recompensa;
4 como flechas en la mano de un guerrero
son los hijos de la juventud.
5 ¡Feliz el hombre
que llena con ellos su aljaba!
No será humillado al discutir con sus enemigos
en la puerta de la ciudad.
en vano trabajan los albañiles;
si el Señor no custodia la ciudad,
en vano vigila el centinela.
2 Es inútil que ustedes madruguen;
es inútil que velen hasta muy tarde
y se desvivan por ganar el pan:
¡Dios lo da a sus amigos mientras duermen!
3 Los hijos son un regalo del Señor,
el fruto del vientre es una recompensa;
4 como flechas en la mano de un guerrero
son los hijos de la juventud.
5 ¡Feliz el hombre
que llena con ellos su aljaba!
No será humillado al discutir con sus enemigos
en la puerta de la ciudad.
Al comienzo del salmo se dice que es un «cántico gradual» o «canción de las subidas» en peregrinación a Jerusalén y a su Templo. La Biblia de Jerusalén da a este salmo el título de Abandono en la Providencia. El trabajo del hombre está abocado al fracaso si Dios no lo fecunda; el pan cotidiano y la descendencia son dones de Dios.-
Para Nácar-Colunga el título de este salmo es Todo éxito depende de la divina protección. Sin Dios nada hay seguro; con Él todo lo está. En estilo sapiencial se declara que son inútiles los esfuerzos del hombre si no llevan la bendición de divina.- «Sentido del trabajo y del actuar humano, como colaboración en la creación. No estamos solos ni trabajamos en obra exclusivamente nuestra.
El Señor construye con nosotros nuestro existir y nuestra historia. El éxito y la fecundidad verdadera dependen de esta visión providencialista de la vida» (J. Esquerda Bifet).]
Abandonarse a la divina Providencia,
pues todo bien proviene de Dios
pues todo bien proviene de Dios
El salmo 127 tiene un aire marcadamente «sapiencial». El salmista quiere inculcar ante todo que los esfuerzos del hombre son inútiles si no llevan la bendición divina. Sólo Dios puede asegurar prosperidad y posteridad numerosa. Para los hebreos, una familia con muchos hijos era el mejor reflejo de la benevolencia divina. En el salmo se pueden distinguir bien dos partes: a) sólo Dios da el éxito en las empresas de la vida, vv. 1-2; b) los hijos son un don de Dios, vv. 3-5. Algunos comentaristas creen que son dos fragmentos procedentes de dos composiciones originariamente independientes. Pero puede ser la segunda parte una concreción de la idea expuesta en la primera, en cuanto que la familia numerosa proviene únicamente de la bendición divina.
A pesar del estilo didáctico sapiencial, no faltan las expresiones vigorosas y los ejemplos concretos con frases entrecortadas y concisas.
VV. 1-2. En estilo proverbial, el salmista declara la inutilidad de los esfuerzos humanos al margen de la Providencia divina. Los albañiles pueden construir una casa, pero sin que puedan después habitarla (cf. Dt 28,30; Sof 1,13); los centinelas de la ciudad pueden dar la voz de alarma ante el enemigo, pero no pueden estar seguros contra el incendio o el ataque de los enemigos. Con un nuevo símil declara que es inútil madrugar mucho y acostarse tarde, recogiendo el fruto del trabajo (pan de vuestros sudores), si Dios no le bendice. En realidad, el que se confía a Él, aunque esté dormido, sentirá que su vida prospera, pues Dios le colma de beneficios. El salmista no quiere con estas palabras predicar la ociosidad, sino que invita a dejar la excesiva ansiedad por el trabajo prescindiendo de la bendición divina. Es la doctrina de los libros sapienciales y del sermón de la montaña.
VV. 3-5. Todo viene de Dios, principalmente los hijos, los cuales no son un salario, sino un regalo de la Providencia, sobre todo los tenidos en plena juventud, porque son especialmente vigorosos y fuertes (cf. Gn 49,3; 37,3) y porque pueden prestar ayuda a su padre cuando en plena ancianidad se halle comprometido ante sus adversarios en litigio judicial. Los hijos fuertes serán su mejor escolta para defenderle contra las arbitrariedades de un mal juez cuando decida en la puerta o plaza de la ciudad, el lugar de reunión de los tribunales. Serán su defensa, como las saetas en la mano del guerrero. Por ello, el salmista llama dichoso al que tenga la suerte de llenar su aljaba -su hogar- de hijos.
[Maximiliano García Cordero, en la Biblia comentada de la BAC]