Bienvenidos marmotas
"Has de tu casa tu propio Castillo dijeron" bueno, Ferdinand Cheval se tomó esto muy enserio!
Todo aquel que se encuentre viajando por Francia y visite sus muchísimos lugares de interés, si se acerca hasta la población de Hauterives (en la región de Ródano-Alpes) se encontrará con una de las edificaciones más singulares y curiosas que existen en toda aquella zona.
Los paisajes franceses destacan por el gran número de castillos y palacios que un viajero puede ir viendo a lo largo de sus carreteras, pero tan solo hay uno que es llamado ‘Le Palais idéal’ (El Palacio Ideal). Lo singular de dicha construcción es que fue levantado por una sola persona a lo largo de 33 años de su vida.
Su autor fue Ferdinand Cheval, un cartero rural, de carácter reservado y pocos amigos entre sus convecinos (a pesar de ser el que les llevaba la correspondencia diariamente).
El señor Cheval recorría a diario los 32 kilómetros de la larga ruta de reparto que se le había asignado. Ya podía llover, nevar o hacer un calor espantoso, pero no faltaba ni un solo día a su servicio de reparto postal.
Ese mismo empeño se lo puso a la afición que adquirió de construir él mismo, y sin el menor conocimiento de arquitectura, de un palacio que había imaginado en sueños. La inspiración se la dio una piedra que encontró por un camino en una de sus muchas rutas como cartero. Llamó su atención y se lo guardo en el bolsillo.
Era el mes de abril de 1879 y en aquel momento contaba con 43 años de edad. Esa fue la primera piedra que colocó en lo que se convertiría con los años en ‘Monumento histórico y Patrimonio cultural de Francia’, declarado en 1969 por el Ministro de Cultura André Malraux.
Diariamente iba recogiendo las piedras más llamativas y singulares que se iba encontrando. Al principio se las guardaba en un bolsillo, poco después en un canasto y acabó transportándolas en una carretilla.
Su faraónica obra iba cogiendo poco a poco forma. No tenía ni la más mínima idea de cómo debía hacerlo, pero la intuición lo guiaba. Evidentemente el estilo arquitectónico de Cheval distaba muchísimo de los cánones que hasta el momento se había utilizado. Mezclaba distintas técnicas y algunos trozos parecían un collage de diferentes formas. Personajes tan dispares como Julio César o Arquímedes eran representados y tenían hueco en el monumento.
Uno de los méritos de este constructor aficionado era que jamás había viajado más allá de cincuenta kilómetros de su población, por lo que poco había visto o conocido sobre otras construcciones, a no ser que fuese a través de las ocasionales tarjetas postales que de vez en cuando tenía que llevar a algún destinatario.
Tras diez mil días de trabajo ininterrumpido (33 años) en 1912 terminó por fin su gran obra, el lugar en el que querría que descansasen sus restos una vez fallecido. Se encontraba viejo y fatigado. En aquel momento contaba con 76 años de edad y se había jubilado 16 años antes, invirtiendo desde entonces prácticamente todas las horas que disponía.