Vida y obra

Nació en 15 de Febrero de 1811 en una aldea llamada San Juan de La Frontera. Una aldea que apenas tenía sus 3 mil habitantes. Era hijo de Paula Albarracín y José Clemente Sarmiento . Si buscamos sus comienzos en el amor a la educación, podemos decir que aprendió a leer con la ayuda de su padre y su tío José Eufrasio Quiroga Sarmiento . En 1816 asistió a las “Escuelas de la Patria” donde tuvo como educadores profesionales a Ignacio y José Rodriguez. A los 15 años fundó el colegio Santa Rosa de América, para niñas. A los 17 años, ya estaba mezclado en disputas de unitarios y federales. Quiso unirse al ejército unitario de Niceto Vega y José M. Paz para luchar contra los federales de Facundo Quiroga. En 1831, se exilia en Chile ocupando el cargo de director de la 2° Escuela Normal de América. Conoce ahora a la que será madre de su hija Ana Faustina. Al volver al territorio argentino, se envuelve nuevamente en conspiraciones unitarias y forma la Sociedad Literaria. Se inicia en el diario que lo proclama como periodista: El Zonda, en el año 1938. De esta manera vuelve a Chile en 1940. Entre sus más importantes obras encontramos “Método de lectura graduada” (1842), “Educación Popular” (1848). Funda el diario El Progreso. Trabaja en el Heraldo Argentino y La crónica. Edita las revistas “Educación Común”, “Ambas Américas” y “El Monitor”. Entre 1845 y 1847, por encargo del gobierno chileno, visitó Uruguay, Brasil, Francia, España, Argelia, Italia, Alemania, Suiza, Inglaterra, EEUU, Canadá y Cuba. Se dedicó en estos viajes por el nivel educativo y la enseñanza, y por las comunicaciones. Sus vivencias en los diferentes continentes las expresó en su libro: “Viajes por Europa, África y América”. Escribe también: “Recuerdos de provincia” (1849), “Vida del Chacho” (1866), “Vida de Dominguito” (1885) y entre otras tantas.
Tuvo un gran éxito en sus escritos por ser profético e inteligente. En su libro “Argirópolis”, de 1850, propone la unión de tres países: Argentina, Paraguay y Uruguay, con capital en Martín García. Sarmiento pretendía construir aquí los Estados Unidos de La Plata, dejando aparte la zona bonaerense y la Patagonia para no tener contacto con los pueblos originarios, que luego los despreciará en su libro “Facundo”. Se relaciona este escrito con el actual Mercosur. Luego podemos hablar de “Facundo”, libro muy criticado, donde expone dos modelos. Uno, heredero de la colonia, representado por el campo, lo rural, el atraso, el indio y el gaucho, en síntesis: LA BARBARIE. Y por otro, LA CIVILIZACIÓN que se identifica con la ciudad, con lo urbano, lo que estaba en contacto con lo europeo, o sea “el progreso”. Y esta civilización era antirrosista. Aquí el expresa: “Quisiéramos apartar de toda cuestión social americana a los salvajes por quienes sentimos sin poderlo remediar, una invencible repugnancia". Se consideraba a Sarmiento como un discriminador, racista, y marginador con esos “indios y barbarie”. En una carta le aconsejaba a Mitre : "no trate de economizar sangre de gauchos. Este es un abono que es preciso hacer útil al país. La sangre es lo único que tienen de seres humanos esos salvajes". Muchos de estos hombres gauchos pagaron con su vida este progreso por el simple hecho de haber nacido “pobres”.
Su hija Ana Faustina, acompañó a su padre toda su vida, vivieron juntos y ella junto a su marido Jules Belin formaron una gran familia. Tuvo también un hijo adoptivo llamado Domingo Fidel Sarmiento , quién murió en la guerra con el Paraguay .
En la batalla de Caseros (1852), estuvo a cargo de la redacción de los partes de Guerra. Sarmiento llegó a Nueva York en mayo de 1865. Frecuentó los círculos académicos norteamericanos y fue distinguido con los doctorados "Honoris Causa" de las Universidades de Michigan y Brown. Fue también gobernador de San Juan, donde dirigió la represión contra de El Chacho Peñaloza), y Ministro de Gobierno durante la presidencia de Mitre . Asume como presidente en el año 1868 hasta 1874. En 1881 ocupó el cargo de Superintendente General de Escuelas del Consejo Nacional de Educación.
Finalmente tuvo problemas cardiovasculares e insuficiencia bronquial. En Asunción del Paraguay fallece el 11 de Septiembre de 1888. Por su dedicación a la educación, se conmemora el 11/09 el día Nacional del Maestro. Su monumento yace en el parque tres de Febrero.
Presidencia de Sarmiento : asunción y obras
A Sarmiento le llega su candidatura cuando se encontraba en Estados Unidos y no tenía partido político propio. Los mismos eran: El Autonomista, con Adolfo Alsina como jefe; Urquiza agrupaba los Electores del Litoral y Taboada a cinco provincias del Norte. Finalmente triunfa la fórmula Sarmiento -Alsina. Apoyados por el partido autonomista, claro, el partido liberal de Corrientes, el ejército y la Unión de Grupos Provinciales. Faustino asume el 12 de Octubre de 1868. Sus funcionarios eran: Dalmacio Vélez Sarsfield (Interior), Nicolás Avellaneda (Justicia, Culto e Instrucción Pública), José Benjamín Gorostiaga (Hacienda), Mariano Varela (Relaciones Exteriores) y Martín de Gainza (Guerra).
Sarmiento asume en una época de organización Nacional, es decir, en una época de consolidación del Estado. Para esto necesita un ejército propio, definir las fronteras y conocer la soberanía, desarrollo económico y social. Había que homogenizar la población. De todo esto se encargan los presidentes históricos en el período del Estado Moderno. Estos son: Mitre , Sarmiento y Avellaneda. Sarmiento se encargó de una parte más institucional. Sarmiento quería un gobierno fuerte, de autoridad, que impusiese respeto en contraste con el gobierno y la conducta personal democrática de Mitre . Llevó adelante un plan innovador, centrando la atención en la educación y la comunicación.
Fundó el colegio militar y la escuela naval, de donde saldrían los oficiales de las fuerzas armadas.
Había que estar preparado para un posible ataque exterior, y más todavía en plena y pasada Guerra del Paraguay . En 1870, los partidarios de Jordán entraron al palacio San José (Entre Ríos) y asesinan a Urquiza. La legislatura entrerriana nombra sucesor a Jordán. Sarmiento , entonces, intervino y derrota al poder federal con el ejército nacional. Interiormente tuvo que afrontar ataques indios. En 1871 gobierna la epidemia de la fiebre amarilla. Esta llega a través de un barco de inmigrantes, o bien, de los soldados regresados de la guerra en el exterior. Se cerraron oficinas y negocios, perdiendo gran cantidad de dinero. Murieron alrededor de 15 mil personas. 60 mil huyeron de Buenos Aires al campo por terror al contagio. Clausuraron también escuelas, bancos, fábricas e iglesias. Por la cantidad de fallecidos, se crea el cementerio de La Chacarita.
En cuanto a “padre del aula” se encargó de educar a soberano. Fundó cerca de 800 escuelas primarias, triplicándose, de esta manera, el alumnado del país. Para formar docentes, en 1870, crea la Escuela Normal de Paraná. Construyó escuelas de minería y agricultura. Organizó clases nocturnos para aquellos adultos que trabajaban. Trajo numerables profesores del exterior, sobretodo Europa. Impulsó la investigación científica, invitando a importantes científicos. Creo numerosas bibliotecas y la Comisión Protectora de Bibliotecas Populares. Inauguró el primer observatorio astronómico del país en la provincia de Córdoba.
Redactado por Vélez Sarsfield, sancionó el Código Civil, la Ley de Ciudadanía. Creo el banco Nacional. Fueron sancionadas más de 400 leyes durante su presidencia, la mayoría redactadas por el mismo Domingo. En 1873, una noche, cuando Sarmiento iba al teatro en un carruaje, los hermanos Guerri dispararon sus armas de fuego para matarlo. No sólo fracasó el atentado, sino que Sarmiento no lo supo en el momento ya que la sordera que sufría le impidió que escuchara los disparos. Quería la radicación de inmigrantes, especialmente europeos para que nos traigan su mirada y sus avances.
Pensaba que, como en los EE.UU., el tren debía ser el principal impulsor del mercado interno, uniendo a las distintas regiones entre sí y fomentando el comercio nacional. Pero no se dio de esta manera, ya que los ingleses querían los productos del interior de la Argentina. Sarmiento quería a los sajones para fomentar la cultura y la industria, pero estos preferían a Estados Unidos, donde existían las posibilidades de trabajar en las fábricas. Siendo Argentina un país rural, solo atrajo a campesinos italianos, españoles, rusos y franceses.
El ferrocarril era su principal idea y transporte preferido, y esto tiene que ver con su plan de la comunicación. Construyó puentes, caminos y extendió las líneas ferroviarias. Los ferrocarriles cubrían 1.300 km y desarrolló la comunicación por telégrafo. Se tendieron 5.000 km. de líneas telegráficas. Se modernizó el sistema de correos. Gracias a un tendido cable submarino transoceánico, se logró la comunicación inmediata con Europa. Se dictó la ley de Subcomisiones para atender los gastos de construcción de edificios, compra de elementos escolares y pago de sueldos.
Fomentó el desarrollo del país mediante el impulso de fábricas modernas. Quería traer fábricas del extranjero en vez de importar productos. En 1871, inauguró la primera exposición de Artes y Productos Nacionales, en Córdoba. Quería una explotación agrícola aprovechando las nuevas máquinas (segadoras y cosechadoras) para aumentar la producción, ingresos de divisas y así desarrollar al país. Propuso la creación de colonias, siendo la primera en Chivilcoy. La misma incluía la distribución de tierras, desarrollo de la agricultura, establecimiento de escuelas, un centro comercial, telégrafo, trenes y un gobierno local. Trajo, así, los primeros mimbres plantados en la zona del Tigre.
La explotación minera no tuvo éxito, así como el establecimiento de industrias ya que éstas no podían competir con la mercadería extranjera que entraba libremente al país. La ciudad de Buenos Aires le debe los bosques de Palermo, el Jardín Zoológico y el Jardín Botánico, en los terrenos que habían pertenecido a Juan Manuel de Rosas. Entre las múltiples obras de Sarmiento hay que mencionar la organización de la contaduría nacional y el Boletín Oficial que permitieron a la población en general, conocer las cuentas oficiales y los actos de gobierno. Creó el primer servicio de tranvías a caballo.
A Sarmiento se le debe el primer censo realizado en nuestro país. Se realizó a mediados del año 1869.
El trabajo se realizó por áreas. Había tan solo 1.743.199 habitantes. De estos, 6.276 peleaban en el Paraguay . El 28,5% estaba radicado en Buenos Aires. Casi las cuartas quintas partes de la población adulta era analfabeta. El 70% no sabía ni leer, ni escribir. , el 5% eran indígenas y el 8% europeos. El 75% de las familias vivía en la pobreza, en ranchos de barro y paja. Los profesionales sólo representaban el 1% de la población. Ya sobre el final de su presidencia, apoyó la candidatura de Nicolás Avellaneda, su ministro de Instrucción Pública, quien asumió en 1874.
En síntesis, para entender los planes y objetivos de Domingo Faustino Sarmiento , podemos citarlo a él mismo diciendo que “el poder, la riqueza y la fuerza de una nación dependen de la capacidad industrial, moral e intelectual de los individuos que la componen; y la educación pública no debe tener otro fin que aumentar esas fuerzas de producción, de acción y de dirección. La dignidad del
Estado, la gloria de una nación se basa en la dignidad de sus súbditos; y esta dignidad se obtiene elevando el carácter moral, desarrollando la inteligencia y predisponiéndolo a la acción ordenada y legítima de todas sus facultades.”
Sarmiento fue un racista.
Y ese calificativo no lo niegan ni sus apologistas. Lo que hacen desde siempre es batir el parche con aquello de que “no hay que sacar de contexto histórico, geográfico y político a los hombres y a los hechos de esa misma historia”. Poco convincente, para mi gusto. Tampoco, entonces, habría que sacarlo a Hitler, quien obviamente tiene menos prensa que el autor de ese maravilloso libro que es “Facundo”. Porque Sarmiento fue un enorme escritor, de eso no hay duda. Pero fue un racista.
La innumerable bibliografía que contiene frases, escritos, discursos y artículos periodísticos donde Sarmiento dio rienda suelta a su odio ancestral hacia todo lo que fuese autóctono (la barbarie), cierto que escasamente incluída en las universidades argentinas y jamás citada en las escuelas primarias y medias, es inversamente proporcional a la difusión de la también innumerable biblioteca que trata de justificar las barbaridades que Sarmiento pronunció o llevó a la práctica en defensa de la “civilización”, esto es, nada que no fuera inglés o estadounidense, como contracara de cualquiera cosa (hombres y cosas) que surgiera del suelo donde él mismo nació, aunque nunca consideró propio, en el íntegro sentido de la palabra.
Sarmiento odió a los indios, a los negros argentinos, a los gauchos, a todo el arco latinoamericano e inclusive a los españoles, a quienes consideraba una raza inferior europea. Está en sus libros. Jamás desmintió nada. Sarmiento tenía un estilo literario y oratorio tremendo, a la altura de las diatribas hitlerianas, por contenido e intensidad. Ocurre que la historia y la geografía le jugaron en contra. O lo hicieron jugar en el patio de atrás, con la lógica decepción que ese hecho le provocó. Entonces pretendió trasladarnos al primer mundo de su época en brazos de una “educación para todos”, o sea, para todos los que desde ese momento, con guardapolvo blanco unificador, colocaran los cimientos y los pilotes de una verdadera colonia, no una colonia de cuarta categoría. Si haremos las cosas, las haremos bien, podría haber lanzado en algunos de sus encendidas proclamas de barricada inútil, a favor de los imperios y en contra de la propia sangre.
Un reciente contrapunto (www.aborigenargentino.com) protagonizado en Página 12 por Osvaldo Bayer y el ministro de educación macrista Mariano Narodowski es más que ilustrativo en este asunto. Allí Bayer rescata el sesgo educador de Sarmiento , al tiempo que demuele su figura al considerarlo, como en este post, un racista hecho y derecho. La polémica con el funcionario pro-porteño surgió de la inconsulta decisión de Mauricio, consistente en considerar obligatorio para los alumnos primarios porteños, cantar el Himno a Sarmiento en todos (sí, todos) los actos escolares del año lectivo. La idea de Macri (ya puesta en práctica) no sorprende para nada. Él es hijo de la educación sarmientina. Como lo somos todos los argentinos, sólo que él (su partido, su clase social, su entorno) interpretaron perfectamente las ideas del intocable sanjuanino (el mendocino era Nicolino Locche). Lo triste es que el resto nos educamos con los mismos principios, contrarios a toda idea de Nación soberana, independiente e igualitaria. Porque si hay una contradicción suprema en la historia nacional es la coincidencia de liberales, conservadores, socialistas, radicales (y no pocos peronistas, aunque no el peronismo orgánicamente) en ejercer la defensa de la figura de Domingo Faustino, sin contraponerla automáticamente con quienes fueron sus enemigos, esa “lacra bárbara” que Sarmiento denostó, persiguió, mandó a asesinar (Peñaloza) y hasta a festejar asesinatos. Volvemos a Bayer, a Página 12 y a los libros del ex presidente.
Escribió el prócer: “Un día vendrá al fin, que lo resuelvan, y la esfinge argentina: mitad mujer, por lo cobarde, mitad tigre, por lo sanguinario, morirá a sus plantas…” Esto lo dijo por Rosas, pero obsérvese (y al diablo con el contexto) lo que Domingo pensaba de la condición femenina.
Y otra: “Hubiérase explicado el misterio de la lucha obstinada que despedaza a la República. Hubiérase asignado su parte a la configuración del terreno y a los hábitos que ella engendra: su parte a las tradiciones españolas y a la conciencia nacional, inicua, plebeya; su parte a la barbarie indígena; su parte a la civilización europea”.
Y otra (también extraída del “Facundo”): “España, esa rezagada, unida a la Europa culta por un ancho istmo y separada del África bárbara por un ancho estrecho”. He aquí también un mazazo para el África negra, que luego trasladó al terreno local cuando saludó la masacre de negros nacionales en la Guerra contra el Paraguay , esa guerra de la Triple Alianza donde los liberales como Mitre y Sarmiento siguieron las órdenes del imperio inglés para destruir al Paraguay , en ese tiempo el único país sudamericano antiimperalista y autónomo, el más adelantado en 1865 y el más progresista, tanto, que generó la inquietud irracional de las potencias europeas, que conchabaron a sus gerentes sudamericanos para llevar un (otro más) plan de exterminio.
Y una más: “Dicen que somos amigos de los europeos y traidores a la causa americana. ¡Cierto!, decimos nosotros ¡somos traidores a la causa americana, española, absolutista, bárbara ¿No han visto revolotear por ahí, sobre nuestras cabezas, la palabara ‘salvaje?'”.
Y dale: “Las fusión en nuestra tierra de españoles, indígenas y negros ha resultado un todo homogéneo que se distingue por su amor a la ociosidad e incapacidad industrial, cuando la educación no viene a poner espuela (¿?)”.
Bueno, el remate podría ser su hito que trasciende los siglos: “No ahorre sangre de gaucho”. Y su mejor contribución, el haber contratado maestras de Estados Unidos para educarnos según sus normas imperialistas, que no otra cosa vinieron a hacer aquí (¿o que se creía, que vendrían a formar individuos revolucionarios?). Sarmiento es el padre de la educación argentina, como Roca es el padre el progresismo. Uno educó para la colonia y la entrega, el otro asesinó más de un millón para que fuéramos modernos. Nadie les quita esas medallas. Y acaso por eso Macri quiere reivindicar a Faustino, obligatoriamente, como manda su prosapia democrática, en las escuelas de la ciudad. En una de ellas, ubicada en el barrio de Flores Sud, y citada por Bayer en su nota, en setiembre de 2007 los alumnos de séptimo grado se negaron a cantar ese himno el Día del Maestro. El director, Enrique Samar, les pidió que fundamentaran esa decisión. Los alumnos lo hicieron y el himno no se cantó. Eso fue en la era pre-Macri. Veremos este año.
Como colofón, y a tono con el tufillo oligárquico-campestre que todavía nos invade con su vaho, vale otra historieta reciente. Unos días después de concluído el conflicto con el triunfo de los dueños de la tierra y del voto de Clotocobos, se reunieron (entre otros) en el Alvear Palace Hotel para festejar una nuevo aniversario de la fundación de la empresa azucarera Ledesma, nada menos que José Alfredo Martínez de Hoz y Luciano Miguens, con el octogenario titular del emporio jujeño: Carlos Pedro Blaquier, el mismo que consumó junto a las fuerzas armadas y de seguridad el recordado “Apagón” entre el 20 y el 27 de julio de 1976, durante el cual fueron secuestrados 400 trabajadores y delegados del ingenio, 30 de los cuales aun permanecen desaparecidos. Ellos lo hicieron: cortaron la luz con el beneplácito y la orientación de los Blaquier y consumaron una de las tropelías más aberrantes de aquel tiempo. Nosotros, mientras tanto, seguimos consumiendo el azúcar de Ledesma… Y aquí viene la relación:
En carta de lectores publicada el 20 de enero de 2001 por el diario La Nación (¿qué otro?) y con el título de “La Envidia Igualitaria”, Carlos Pedro Blaquier dice estas cosas, entre muchas más; “La propia naturaleza ha puesto en los hombres muchísimas y muy grandes desigualdades, pero los hombres mejor dotados han sido siempre minoría. Son muchos menos los que se encuentran en los sectores más altos de la escala, que los que se encuentran abajo. Pretender eliminar estas desigualdades es ir contra el orden natural de las cosas y desalentaría a los más aptos para realizar la labor creadora del progreso ¿Qué aliciente tendrían en manifestar sus talentos si recibieran el mismo trato y los mismos beneficios que los menos dotados?”
Y sigue: “Es comrpensible que por las características de la naturaleza humana, los de abajo se consideren injustamente tratados e intenten sustituir a los mejor dotados. Eso es lo que con toda razón se ha llamado “La Envidia Igualitaria”.
“Conozco demasiados argentinos que se han destacado en el exterior. Saben que si se hubiesen quedado en el país no habrían tenido la oportunidad de manifestarse como hombres excepcionales y estarían ubicados en la extensa franja de los mediocres. Hace pocos días, Domingo Cavallo dijo que nuestro presidente de la Nación (por ese tiempo Fernando de la Rúa) será el SARMIENTO del siglo XXI ¡Ojalá que tenga razón! Sarmiento trajo grandes maestros al país y creó las estructuras básicas de un buen sistema de enseñanza. Varias décadas después hicimos las cosas al revés. Hoy los resultados culturales y educativos de este cambio de rumbo están a la vista”.
Bien, la carta de Blaquier nos pone cara a cara con la Argentina racista, que no solamente anida en la alta burguesía, sino -y lamentablemente- en extensos bolsones de la clase media. Miles y miles de veces por día en nuestro país, alguien pronuncia su “negro de mierda” personal y patético. Y no habrá nadie que nos salve de ese oprobio, por más campañas callejeras de concientización que se les ocurran. El virus lo inocularon antes. Claro que el racismo es esencialmente europeo (y de ahí venimos casi todos). Claro que los estadounidenses vienen también de allí. Pero todo bien regado y sazonado con la ideología y la portentosa labia del gran Maestro, el gran civilizador, el incuestionable reproductor argentino de una patología que siempre amenaza con reventar el mundo: el racismo (y no sólo el antisemita), una adquisición que circula por muchas cabezas en nuestro país, que encarnan tanto oligarcas como muchos docentes; que saludan los Macri y los Blaquier, en fin, todos los que promueven ¡Gloria y loor, al gran Sarmiento !, como reza el himno que su hijo, señora, también entona, obligatoriamente, en cada acto de la escuela pública porteña.
Sarmiento fue un racista. Y también muchas otras cosas. Porque nobleza obliga, dijo mi amigo, el contexto.

Nació en 15 de Febrero de 1811 en una aldea llamada San Juan de La Frontera. Una aldea que apenas tenía sus 3 mil habitantes. Era hijo de Paula Albarracín y José Clemente Sarmiento . Si buscamos sus comienzos en el amor a la educación, podemos decir que aprendió a leer con la ayuda de su padre y su tío José Eufrasio Quiroga Sarmiento . En 1816 asistió a las “Escuelas de la Patria” donde tuvo como educadores profesionales a Ignacio y José Rodriguez. A los 15 años fundó el colegio Santa Rosa de América, para niñas. A los 17 años, ya estaba mezclado en disputas de unitarios y federales. Quiso unirse al ejército unitario de Niceto Vega y José M. Paz para luchar contra los federales de Facundo Quiroga. En 1831, se exilia en Chile ocupando el cargo de director de la 2° Escuela Normal de América. Conoce ahora a la que será madre de su hija Ana Faustina. Al volver al territorio argentino, se envuelve nuevamente en conspiraciones unitarias y forma la Sociedad Literaria. Se inicia en el diario que lo proclama como periodista: El Zonda, en el año 1938. De esta manera vuelve a Chile en 1940. Entre sus más importantes obras encontramos “Método de lectura graduada” (1842), “Educación Popular” (1848). Funda el diario El Progreso. Trabaja en el Heraldo Argentino y La crónica. Edita las revistas “Educación Común”, “Ambas Américas” y “El Monitor”. Entre 1845 y 1847, por encargo del gobierno chileno, visitó Uruguay, Brasil, Francia, España, Argelia, Italia, Alemania, Suiza, Inglaterra, EEUU, Canadá y Cuba. Se dedicó en estos viajes por el nivel educativo y la enseñanza, y por las comunicaciones. Sus vivencias en los diferentes continentes las expresó en su libro: “Viajes por Europa, África y América”. Escribe también: “Recuerdos de provincia” (1849), “Vida del Chacho” (1866), “Vida de Dominguito” (1885) y entre otras tantas.
Tuvo un gran éxito en sus escritos por ser profético e inteligente. En su libro “Argirópolis”, de 1850, propone la unión de tres países: Argentina, Paraguay y Uruguay, con capital en Martín García. Sarmiento pretendía construir aquí los Estados Unidos de La Plata, dejando aparte la zona bonaerense y la Patagonia para no tener contacto con los pueblos originarios, que luego los despreciará en su libro “Facundo”. Se relaciona este escrito con el actual Mercosur. Luego podemos hablar de “Facundo”, libro muy criticado, donde expone dos modelos. Uno, heredero de la colonia, representado por el campo, lo rural, el atraso, el indio y el gaucho, en síntesis: LA BARBARIE. Y por otro, LA CIVILIZACIÓN que se identifica con la ciudad, con lo urbano, lo que estaba en contacto con lo europeo, o sea “el progreso”. Y esta civilización era antirrosista. Aquí el expresa: “Quisiéramos apartar de toda cuestión social americana a los salvajes por quienes sentimos sin poderlo remediar, una invencible repugnancia". Se consideraba a Sarmiento como un discriminador, racista, y marginador con esos “indios y barbarie”. En una carta le aconsejaba a Mitre : "no trate de economizar sangre de gauchos. Este es un abono que es preciso hacer útil al país. La sangre es lo único que tienen de seres humanos esos salvajes". Muchos de estos hombres gauchos pagaron con su vida este progreso por el simple hecho de haber nacido “pobres”.
Su hija Ana Faustina, acompañó a su padre toda su vida, vivieron juntos y ella junto a su marido Jules Belin formaron una gran familia. Tuvo también un hijo adoptivo llamado Domingo Fidel Sarmiento , quién murió en la guerra con el Paraguay .
En la batalla de Caseros (1852), estuvo a cargo de la redacción de los partes de Guerra. Sarmiento llegó a Nueva York en mayo de 1865. Frecuentó los círculos académicos norteamericanos y fue distinguido con los doctorados "Honoris Causa" de las Universidades de Michigan y Brown. Fue también gobernador de San Juan, donde dirigió la represión contra de El Chacho Peñaloza), y Ministro de Gobierno durante la presidencia de Mitre . Asume como presidente en el año 1868 hasta 1874. En 1881 ocupó el cargo de Superintendente General de Escuelas del Consejo Nacional de Educación.
Finalmente tuvo problemas cardiovasculares e insuficiencia bronquial. En Asunción del Paraguay fallece el 11 de Septiembre de 1888. Por su dedicación a la educación, se conmemora el 11/09 el día Nacional del Maestro. Su monumento yace en el parque tres de Febrero.
Presidencia de Sarmiento : asunción y obras
A Sarmiento le llega su candidatura cuando se encontraba en Estados Unidos y no tenía partido político propio. Los mismos eran: El Autonomista, con Adolfo Alsina como jefe; Urquiza agrupaba los Electores del Litoral y Taboada a cinco provincias del Norte. Finalmente triunfa la fórmula Sarmiento -Alsina. Apoyados por el partido autonomista, claro, el partido liberal de Corrientes, el ejército y la Unión de Grupos Provinciales. Faustino asume el 12 de Octubre de 1868. Sus funcionarios eran: Dalmacio Vélez Sarsfield (Interior), Nicolás Avellaneda (Justicia, Culto e Instrucción Pública), José Benjamín Gorostiaga (Hacienda), Mariano Varela (Relaciones Exteriores) y Martín de Gainza (Guerra).
Sarmiento asume en una época de organización Nacional, es decir, en una época de consolidación del Estado. Para esto necesita un ejército propio, definir las fronteras y conocer la soberanía, desarrollo económico y social. Había que homogenizar la población. De todo esto se encargan los presidentes históricos en el período del Estado Moderno. Estos son: Mitre , Sarmiento y Avellaneda. Sarmiento se encargó de una parte más institucional. Sarmiento quería un gobierno fuerte, de autoridad, que impusiese respeto en contraste con el gobierno y la conducta personal democrática de Mitre . Llevó adelante un plan innovador, centrando la atención en la educación y la comunicación.
Fundó el colegio militar y la escuela naval, de donde saldrían los oficiales de las fuerzas armadas.
Había que estar preparado para un posible ataque exterior, y más todavía en plena y pasada Guerra del Paraguay . En 1870, los partidarios de Jordán entraron al palacio San José (Entre Ríos) y asesinan a Urquiza. La legislatura entrerriana nombra sucesor a Jordán. Sarmiento , entonces, intervino y derrota al poder federal con el ejército nacional. Interiormente tuvo que afrontar ataques indios. En 1871 gobierna la epidemia de la fiebre amarilla. Esta llega a través de un barco de inmigrantes, o bien, de los soldados regresados de la guerra en el exterior. Se cerraron oficinas y negocios, perdiendo gran cantidad de dinero. Murieron alrededor de 15 mil personas. 60 mil huyeron de Buenos Aires al campo por terror al contagio. Clausuraron también escuelas, bancos, fábricas e iglesias. Por la cantidad de fallecidos, se crea el cementerio de La Chacarita.
En cuanto a “padre del aula” se encargó de educar a soberano. Fundó cerca de 800 escuelas primarias, triplicándose, de esta manera, el alumnado del país. Para formar docentes, en 1870, crea la Escuela Normal de Paraná. Construyó escuelas de minería y agricultura. Organizó clases nocturnos para aquellos adultos que trabajaban. Trajo numerables profesores del exterior, sobretodo Europa. Impulsó la investigación científica, invitando a importantes científicos. Creo numerosas bibliotecas y la Comisión Protectora de Bibliotecas Populares. Inauguró el primer observatorio astronómico del país en la provincia de Córdoba.
Redactado por Vélez Sarsfield, sancionó el Código Civil, la Ley de Ciudadanía. Creo el banco Nacional. Fueron sancionadas más de 400 leyes durante su presidencia, la mayoría redactadas por el mismo Domingo. En 1873, una noche, cuando Sarmiento iba al teatro en un carruaje, los hermanos Guerri dispararon sus armas de fuego para matarlo. No sólo fracasó el atentado, sino que Sarmiento no lo supo en el momento ya que la sordera que sufría le impidió que escuchara los disparos. Quería la radicación de inmigrantes, especialmente europeos para que nos traigan su mirada y sus avances.
Pensaba que, como en los EE.UU., el tren debía ser el principal impulsor del mercado interno, uniendo a las distintas regiones entre sí y fomentando el comercio nacional. Pero no se dio de esta manera, ya que los ingleses querían los productos del interior de la Argentina. Sarmiento quería a los sajones para fomentar la cultura y la industria, pero estos preferían a Estados Unidos, donde existían las posibilidades de trabajar en las fábricas. Siendo Argentina un país rural, solo atrajo a campesinos italianos, españoles, rusos y franceses.
El ferrocarril era su principal idea y transporte preferido, y esto tiene que ver con su plan de la comunicación. Construyó puentes, caminos y extendió las líneas ferroviarias. Los ferrocarriles cubrían 1.300 km y desarrolló la comunicación por telégrafo. Se tendieron 5.000 km. de líneas telegráficas. Se modernizó el sistema de correos. Gracias a un tendido cable submarino transoceánico, se logró la comunicación inmediata con Europa. Se dictó la ley de Subcomisiones para atender los gastos de construcción de edificios, compra de elementos escolares y pago de sueldos.
Fomentó el desarrollo del país mediante el impulso de fábricas modernas. Quería traer fábricas del extranjero en vez de importar productos. En 1871, inauguró la primera exposición de Artes y Productos Nacionales, en Córdoba. Quería una explotación agrícola aprovechando las nuevas máquinas (segadoras y cosechadoras) para aumentar la producción, ingresos de divisas y así desarrollar al país. Propuso la creación de colonias, siendo la primera en Chivilcoy. La misma incluía la distribución de tierras, desarrollo de la agricultura, establecimiento de escuelas, un centro comercial, telégrafo, trenes y un gobierno local. Trajo, así, los primeros mimbres plantados en la zona del Tigre.
La explotación minera no tuvo éxito, así como el establecimiento de industrias ya que éstas no podían competir con la mercadería extranjera que entraba libremente al país. La ciudad de Buenos Aires le debe los bosques de Palermo, el Jardín Zoológico y el Jardín Botánico, en los terrenos que habían pertenecido a Juan Manuel de Rosas. Entre las múltiples obras de Sarmiento hay que mencionar la organización de la contaduría nacional y el Boletín Oficial que permitieron a la población en general, conocer las cuentas oficiales y los actos de gobierno. Creó el primer servicio de tranvías a caballo.
A Sarmiento se le debe el primer censo realizado en nuestro país. Se realizó a mediados del año 1869.
El trabajo se realizó por áreas. Había tan solo 1.743.199 habitantes. De estos, 6.276 peleaban en el Paraguay . El 28,5% estaba radicado en Buenos Aires. Casi las cuartas quintas partes de la población adulta era analfabeta. El 70% no sabía ni leer, ni escribir. , el 5% eran indígenas y el 8% europeos. El 75% de las familias vivía en la pobreza, en ranchos de barro y paja. Los profesionales sólo representaban el 1% de la población. Ya sobre el final de su presidencia, apoyó la candidatura de Nicolás Avellaneda, su ministro de Instrucción Pública, quien asumió en 1874.
En síntesis, para entender los planes y objetivos de Domingo Faustino Sarmiento , podemos citarlo a él mismo diciendo que “el poder, la riqueza y la fuerza de una nación dependen de la capacidad industrial, moral e intelectual de los individuos que la componen; y la educación pública no debe tener otro fin que aumentar esas fuerzas de producción, de acción y de dirección. La dignidad del
Estado, la gloria de una nación se basa en la dignidad de sus súbditos; y esta dignidad se obtiene elevando el carácter moral, desarrollando la inteligencia y predisponiéndolo a la acción ordenada y legítima de todas sus facultades.”
Sarmiento fue un racista.
Y ese calificativo no lo niegan ni sus apologistas. Lo que hacen desde siempre es batir el parche con aquello de que “no hay que sacar de contexto histórico, geográfico y político a los hombres y a los hechos de esa misma historia”. Poco convincente, para mi gusto. Tampoco, entonces, habría que sacarlo a Hitler, quien obviamente tiene menos prensa que el autor de ese maravilloso libro que es “Facundo”. Porque Sarmiento fue un enorme escritor, de eso no hay duda. Pero fue un racista.
La innumerable bibliografía que contiene frases, escritos, discursos y artículos periodísticos donde Sarmiento dio rienda suelta a su odio ancestral hacia todo lo que fuese autóctono (la barbarie), cierto que escasamente incluída en las universidades argentinas y jamás citada en las escuelas primarias y medias, es inversamente proporcional a la difusión de la también innumerable biblioteca que trata de justificar las barbaridades que Sarmiento pronunció o llevó a la práctica en defensa de la “civilización”, esto es, nada que no fuera inglés o estadounidense, como contracara de cualquiera cosa (hombres y cosas) que surgiera del suelo donde él mismo nació, aunque nunca consideró propio, en el íntegro sentido de la palabra.
Sarmiento odió a los indios, a los negros argentinos, a los gauchos, a todo el arco latinoamericano e inclusive a los españoles, a quienes consideraba una raza inferior europea. Está en sus libros. Jamás desmintió nada. Sarmiento tenía un estilo literario y oratorio tremendo, a la altura de las diatribas hitlerianas, por contenido e intensidad. Ocurre que la historia y la geografía le jugaron en contra. O lo hicieron jugar en el patio de atrás, con la lógica decepción que ese hecho le provocó. Entonces pretendió trasladarnos al primer mundo de su época en brazos de una “educación para todos”, o sea, para todos los que desde ese momento, con guardapolvo blanco unificador, colocaran los cimientos y los pilotes de una verdadera colonia, no una colonia de cuarta categoría. Si haremos las cosas, las haremos bien, podría haber lanzado en algunos de sus encendidas proclamas de barricada inútil, a favor de los imperios y en contra de la propia sangre.
Un reciente contrapunto (www.aborigenargentino.com) protagonizado en Página 12 por Osvaldo Bayer y el ministro de educación macrista Mariano Narodowski es más que ilustrativo en este asunto. Allí Bayer rescata el sesgo educador de Sarmiento , al tiempo que demuele su figura al considerarlo, como en este post, un racista hecho y derecho. La polémica con el funcionario pro-porteño surgió de la inconsulta decisión de Mauricio, consistente en considerar obligatorio para los alumnos primarios porteños, cantar el Himno a Sarmiento en todos (sí, todos) los actos escolares del año lectivo. La idea de Macri (ya puesta en práctica) no sorprende para nada. Él es hijo de la educación sarmientina. Como lo somos todos los argentinos, sólo que él (su partido, su clase social, su entorno) interpretaron perfectamente las ideas del intocable sanjuanino (el mendocino era Nicolino Locche). Lo triste es que el resto nos educamos con los mismos principios, contrarios a toda idea de Nación soberana, independiente e igualitaria. Porque si hay una contradicción suprema en la historia nacional es la coincidencia de liberales, conservadores, socialistas, radicales (y no pocos peronistas, aunque no el peronismo orgánicamente) en ejercer la defensa de la figura de Domingo Faustino, sin contraponerla automáticamente con quienes fueron sus enemigos, esa “lacra bárbara” que Sarmiento denostó, persiguió, mandó a asesinar (Peñaloza) y hasta a festejar asesinatos. Volvemos a Bayer, a Página 12 y a los libros del ex presidente.
Escribió el prócer: “Un día vendrá al fin, que lo resuelvan, y la esfinge argentina: mitad mujer, por lo cobarde, mitad tigre, por lo sanguinario, morirá a sus plantas…” Esto lo dijo por Rosas, pero obsérvese (y al diablo con el contexto) lo que Domingo pensaba de la condición femenina.
Y otra: “Hubiérase explicado el misterio de la lucha obstinada que despedaza a la República. Hubiérase asignado su parte a la configuración del terreno y a los hábitos que ella engendra: su parte a las tradiciones españolas y a la conciencia nacional, inicua, plebeya; su parte a la barbarie indígena; su parte a la civilización europea”.
Y otra (también extraída del “Facundo”): “España, esa rezagada, unida a la Europa culta por un ancho istmo y separada del África bárbara por un ancho estrecho”. He aquí también un mazazo para el África negra, que luego trasladó al terreno local cuando saludó la masacre de negros nacionales en la Guerra contra el Paraguay , esa guerra de la Triple Alianza donde los liberales como Mitre y Sarmiento siguieron las órdenes del imperio inglés para destruir al Paraguay , en ese tiempo el único país sudamericano antiimperalista y autónomo, el más adelantado en 1865 y el más progresista, tanto, que generó la inquietud irracional de las potencias europeas, que conchabaron a sus gerentes sudamericanos para llevar un (otro más) plan de exterminio.
Y una más: “Dicen que somos amigos de los europeos y traidores a la causa americana. ¡Cierto!, decimos nosotros ¡somos traidores a la causa americana, española, absolutista, bárbara ¿No han visto revolotear por ahí, sobre nuestras cabezas, la palabara ‘salvaje?'”.
Y dale: “Las fusión en nuestra tierra de españoles, indígenas y negros ha resultado un todo homogéneo que se distingue por su amor a la ociosidad e incapacidad industrial, cuando la educación no viene a poner espuela (¿?)”.
Bueno, el remate podría ser su hito que trasciende los siglos: “No ahorre sangre de gaucho”. Y su mejor contribución, el haber contratado maestras de Estados Unidos para educarnos según sus normas imperialistas, que no otra cosa vinieron a hacer aquí (¿o que se creía, que vendrían a formar individuos revolucionarios?). Sarmiento es el padre de la educación argentina, como Roca es el padre el progresismo. Uno educó para la colonia y la entrega, el otro asesinó más de un millón para que fuéramos modernos. Nadie les quita esas medallas. Y acaso por eso Macri quiere reivindicar a Faustino, obligatoriamente, como manda su prosapia democrática, en las escuelas de la ciudad. En una de ellas, ubicada en el barrio de Flores Sud, y citada por Bayer en su nota, en setiembre de 2007 los alumnos de séptimo grado se negaron a cantar ese himno el Día del Maestro. El director, Enrique Samar, les pidió que fundamentaran esa decisión. Los alumnos lo hicieron y el himno no se cantó. Eso fue en la era pre-Macri. Veremos este año.
Como colofón, y a tono con el tufillo oligárquico-campestre que todavía nos invade con su vaho, vale otra historieta reciente. Unos días después de concluído el conflicto con el triunfo de los dueños de la tierra y del voto de Clotocobos, se reunieron (entre otros) en el Alvear Palace Hotel para festejar una nuevo aniversario de la fundación de la empresa azucarera Ledesma, nada menos que José Alfredo Martínez de Hoz y Luciano Miguens, con el octogenario titular del emporio jujeño: Carlos Pedro Blaquier, el mismo que consumó junto a las fuerzas armadas y de seguridad el recordado “Apagón” entre el 20 y el 27 de julio de 1976, durante el cual fueron secuestrados 400 trabajadores y delegados del ingenio, 30 de los cuales aun permanecen desaparecidos. Ellos lo hicieron: cortaron la luz con el beneplácito y la orientación de los Blaquier y consumaron una de las tropelías más aberrantes de aquel tiempo. Nosotros, mientras tanto, seguimos consumiendo el azúcar de Ledesma… Y aquí viene la relación:
En carta de lectores publicada el 20 de enero de 2001 por el diario La Nación (¿qué otro?) y con el título de “La Envidia Igualitaria”, Carlos Pedro Blaquier dice estas cosas, entre muchas más; “La propia naturaleza ha puesto en los hombres muchísimas y muy grandes desigualdades, pero los hombres mejor dotados han sido siempre minoría. Son muchos menos los que se encuentran en los sectores más altos de la escala, que los que se encuentran abajo. Pretender eliminar estas desigualdades es ir contra el orden natural de las cosas y desalentaría a los más aptos para realizar la labor creadora del progreso ¿Qué aliciente tendrían en manifestar sus talentos si recibieran el mismo trato y los mismos beneficios que los menos dotados?”
Y sigue: “Es comrpensible que por las características de la naturaleza humana, los de abajo se consideren injustamente tratados e intenten sustituir a los mejor dotados. Eso es lo que con toda razón se ha llamado “La Envidia Igualitaria”.
“Conozco demasiados argentinos que se han destacado en el exterior. Saben que si se hubiesen quedado en el país no habrían tenido la oportunidad de manifestarse como hombres excepcionales y estarían ubicados en la extensa franja de los mediocres. Hace pocos días, Domingo Cavallo dijo que nuestro presidente de la Nación (por ese tiempo Fernando de la Rúa) será el SARMIENTO del siglo XXI ¡Ojalá que tenga razón! Sarmiento trajo grandes maestros al país y creó las estructuras básicas de un buen sistema de enseñanza. Varias décadas después hicimos las cosas al revés. Hoy los resultados culturales y educativos de este cambio de rumbo están a la vista”.
Bien, la carta de Blaquier nos pone cara a cara con la Argentina racista, que no solamente anida en la alta burguesía, sino -y lamentablemente- en extensos bolsones de la clase media. Miles y miles de veces por día en nuestro país, alguien pronuncia su “negro de mierda” personal y patético. Y no habrá nadie que nos salve de ese oprobio, por más campañas callejeras de concientización que se les ocurran. El virus lo inocularon antes. Claro que el racismo es esencialmente europeo (y de ahí venimos casi todos). Claro que los estadounidenses vienen también de allí. Pero todo bien regado y sazonado con la ideología y la portentosa labia del gran Maestro, el gran civilizador, el incuestionable reproductor argentino de una patología que siempre amenaza con reventar el mundo: el racismo (y no sólo el antisemita), una adquisición que circula por muchas cabezas en nuestro país, que encarnan tanto oligarcas como muchos docentes; que saludan los Macri y los Blaquier, en fin, todos los que promueven ¡Gloria y loor, al gran Sarmiento !, como reza el himno que su hijo, señora, también entona, obligatoriamente, en cada acto de la escuela pública porteña.
Sarmiento fue un racista. Y también muchas otras cosas. Porque nobleza obliga, dijo mi amigo, el contexto.