"Se me hace agua la boca”, esta es la curiosa y típica frase que utilizamos cuando estamos viendo o se nos antoja algo de comer. Pero ¿porque se nos hace agua la boca?
Todo empieza por los famosos perros de Ivan Pavlov. Aquel científico ruso que en 1890 etiquetó la ley del reflejo condicional. Cuando los perros de su laboratorio escuchaban el timbre, sabían que a los pocos minutos recibirían su ración de comida. Una simple asociación que les provocaba el empezar a salivar solo con escuchar ese sonido. Un condicionamiento simple que también nosotros experimentamos.
En principio la salivación es un estímulo asociado a la comida y su olor, pero el cerebro puede asociar la respuesta a estímulos de otro tipo como la vista, un simple recuerdo u otros más complejos según cada experiencia personal. La salivación se vincula a estímulos positivos, a alegría y emoción.
Además protege a los dientes de bacterias y disminuye la propensión al desarrollo de infecciones como aftas, úlceras y enfermedades en las encías.
Aunque la saliva está compuesta en 99% por agua se encuentran hormonas como la testosterona, el cortisol y la melatonina. Además tiene minerales como calcio, electrolitos y componentes antibacterianos.
Sin duda, la saliva es uno de los fluidos corporales más importantes de nuestro cuerpo.
RESUMEN: no se trata más que de un estímulo que capta nuestro cerebro y que de inmediato, pone en marcha la secreción de nuestros jugos gástricos y las glándulas salivares al ver algo que nos atrae.