Una de mis historias favoritas es El traje Nuevo del Rey. La historia narra cómo un habilidoso sastre le da una lección a un rey muy vanidoso al confeccionarle un traje que “sólo los inteligentes podían ver.” El rey movido por su vanidad, afirma verlo, así como todo su séquito. Igualmente cuando en paños menores sale a desfilar con su deslumbrante traje nuevo, todos los que “se creen inteligentes” afirman ver dicho traje. Hasta que un niño de inteligencia promedio grita lo que todos ya sabían: “¡El Rey está en calzones!”
Nos falta un niño como esos , para que nos demos cuenta de que nuestra cultura promedio, apoyada por nuestras leyes y celebrada en nuestros medios de comunicación, como “civilizada” y “progresista,” en realidad está en calzones.
No. No soy homofóbico. Desde niño he convivido con homosexuales. Desde que trabajo he tenido compañeros de dicha preferencia y jamás ha sido motivo para insultos, pleitos u agresiones. Nunca me ha tocado ver a gente golpeando ni a gays ni a otros miembros de la comunidad LGBT, pero considero mi deber defender a los que estén en desventaja y sé que no haría una excepción.
Habiendo dicho eso, creo que el movimiento LGBT puede y debe ser criticado. Creo firmemente que yo como ciudadano, tengo el derecho de hacerlo. Esto es importante, independientemente de cuales sean tus creencias.
Hoy el movimiento LGBT se ha vuelto un movimiento intocable, donde se no se puede hacer ninguna crítica respecto a sus preferencias, el matrimonio, la adopción, la unificación de baños para respetar a los transexuales, etc. Ellos, seguidos por la comunidad y la cultura general se están encargando de convencernos de que ellos y nadie más tienen derecho a un cierto tipo de inmunidad, que por favor gente, ni siquiera un presidente goza.
Todos los días miles, si no es que millones de personas, critican abiertamente la persona y oficio de algun presidente ejemplo Enrique Peña Nieto. Algunos dentro de los límites de lo civilizado y algunos no. Sin embargo todavía quiero escuchar que alguno de sus defensores grite: “¡Peñafóbico!,” “Fanático religioso,” “retrógrada,” o decir, “en estos tiempos civilizados ya no estamos para estas cosas.” ¿Verdad que no? Por supuesto que no. Y está bien que así sea. Ser parte de una sociedad democrática donde todos somos iguales significa que toda persona, incluido el presidente, podemos ser blanco de la crítica y ser llamados a la rendición de cuentas.
¿Entonces—pregunto yo—por qué no vamos a poder realizar lo mismo con el tema del matrimonio gay? ¿Por qué no se me condena por criticar a Peña, pero si se me condena por oponerme a la adopción gay? ¿Por qué si se puede criticar todo cuanto pase por mis ojos pero no puedo decir nada contra el movimiento LGBT porque todo se considera un insulto?
La respuesta es sencilla. El movimiento LGBT no quiere que los tratemos con igualdad. Lo que el LGBT y sus seguidores buscan es imponer un régimen autoritario donde se censure a los opositores. Si eres famoso y vendes ropa, a través del boicot comercial. Si eres boxeador y tienes un jugoso contrato como Pacquiao, a través de la venganza económica. ¿NO estás de acuerdo con el status quo? pues voy a humillarte y voy a hacer que te arrepientas. ¿Por qué? Porque toda crítica para el movimiento LGBT es según ellos, sinónimo de insulto.
Por cierto que Pacquiao no debió retractarse. Nike no debió haberle retirado el contrato, y si yo hubiera sido él, hubiera demandado a Nike, por discriminación a su libertad de creencia. Pero claro, como ahora el establecimiento es pro-LGBT pues todos de acuerdo con que Pacquiao es un retrógrada fanático que bien merecido se tiene el incumplimiento de contrato por parte de Nike.
Es chistoso, porque hasta donde yo conozco, vivimos en paises donde todos, y no sólo una parte de la población por grande o pequeña que sea, tenemos derecho a la libertad de creencia, a la libertad de culto y a la libertad de expresión.
Los que me conocen saben que profeso el Cristianismo—sin embargo no voy por la calle golpeando a cuanto ateo me encuentro—tampoco desestimo sus opiniones con calificativos como “imbécil o “estúpido,” o “retrógrada,” o “incivilizado.” Tengo derecho a mi libertad de culto y mi conciudadano ateo tiene derecho a no rendirle culto a nadie. Al mismo tiempo yo tengo derecho de expresar mi fe y lo que creo sin censura. Mi conciudadano ateo tiene el mismo derecho. Ni el ateo puede coartar mi libertad, ni yo puedo coartar la libertad del ateo. Puede que no concuerde con la filosofía de vida del ateo, pero eso no me da derecho de colocarle una venda en la boca para que no diga nada que ofenda mis religiosos oídos. Y a esta forma de vida, señores, se le llama vivir en de-mo-cra-cia. A esta actitud se le llama to-le-ran-cia. Yo tengo derechos, pero los demás también los tienen.
Eso, aplicado al presente momento significa que no sólo los miembros de la comunidad LGBT y sus seguidores tienen derechos. Todos tenemos derechos. Y ¿qué creen? No solamente los oponentes del movimiento LGBT tenemos obligaciones. Los que que lo promueven también las tienen. Una de esas obligaciones es la de respetar mi libertad de expresión—y cuando digo respetar mi libertad de expresión no me refiero a que toleren lo que les conviene de lo que yo digo, ni tampoco estoy diciendo a que me dejen insultarlos en la calle. Pero lo que si tienen que dejar de hacer, es pretender que los demás no tenemos derechos. Tener la poquita humildad para entender que en este país no sólo hay gays, y los que están de acuerdo con ellos. También hay otros que no estamos de acuerdo con muchas de sus prácticas, y que tenemos todo el derecho de estar en desacuerdo.
Irónicamente, existen gays quienes por ejemplo, no aprueban ni el matrimonio gay ni la adopción gay. Existen gays quienes consideran que los nuevos desarrollos en materia legal de hecho son un detrimento a la comunidad LGBT y que están perdiendo más de lo que están ganando. Existen muchas feministas que ven en el movimiento transexual una afrenta a toda su lucha por dignidad.¿Todos ellos también son homofóbicos? El grueso de la comunidad LGBT diría, que si. Así que esta minoría que exige respeto a las minorías, es una minoría que discrimina a otras minorías, incluida una minoría dentro de su propio movimiento, sencillamente por no pensar como el resto de la minoría original. Qué loco ¿no?
Antes de conseguir legislación a su favor, o aun consiguiéndola, la comunidad pretende dominar a través de la censura mediática. Si te opones a cualquier asunto que tenga que ver con la comunidad eres homofóbico, retrógrada y fanático. Esto no es discutir. Esto es desestimar y echar por tierra a la oposición a través de una actitud de aparente civilidad. Si te opones al movimiento aunque seas respetuoso serás—irónicamente—tratando con calificativos que van desde un cortés menosprecio, hasta los peores insultos que puedas haber escuchado. Misteriosamente dentro de este movimiento que pide respeto y tolerancia, igualdad y armonía, existen algunas de las personas más agresivas, más groseras, más corrientes y más violentas, que jamás hayas conocido. ¿No me crees? Revisa las reacciones a este artículo y haz una lista de los insultos que de manera gratuita ciertas personas hacen.
Y usando ese derecho, puedo y es mi deber decir, que nuestra sociedad está moralmente en calzones. Dejemos de pretender ser inteligentes. Dejemos de seguir la corriente sólo por falta de argumentos. Dejemos de ser sometidos por la censura de una parte de la población, o porque el grueso de las redes sociales nos descalifica antes de empezar a hablar. Dejemos de decir que el vestido nuevo del rey es hermoso.
Tú también tienes derecho a pensar, y a expresar tus pensamientos. Y si en respuesta al uso adecuado de mi libertad de expresión, decides lanzarme improperios, amenazas de muerte, y calificativos, antisonantes, los espero con gusto. ¿Sabes por qué? Porque esta es una sociedad libre. Al menos por el momento.
Nos falta un niño como esos , para que nos demos cuenta de que nuestra cultura promedio, apoyada por nuestras leyes y celebrada en nuestros medios de comunicación, como “civilizada” y “progresista,” en realidad está en calzones.
No. No soy homofóbico. Desde niño he convivido con homosexuales. Desde que trabajo he tenido compañeros de dicha preferencia y jamás ha sido motivo para insultos, pleitos u agresiones. Nunca me ha tocado ver a gente golpeando ni a gays ni a otros miembros de la comunidad LGBT, pero considero mi deber defender a los que estén en desventaja y sé que no haría una excepción.
Habiendo dicho eso, creo que el movimiento LGBT puede y debe ser criticado. Creo firmemente que yo como ciudadano, tengo el derecho de hacerlo. Esto es importante, independientemente de cuales sean tus creencias.
Hoy el movimiento LGBT se ha vuelto un movimiento intocable, donde se no se puede hacer ninguna crítica respecto a sus preferencias, el matrimonio, la adopción, la unificación de baños para respetar a los transexuales, etc. Ellos, seguidos por la comunidad y la cultura general se están encargando de convencernos de que ellos y nadie más tienen derecho a un cierto tipo de inmunidad, que por favor gente, ni siquiera un presidente goza.
Todos los días miles, si no es que millones de personas, critican abiertamente la persona y oficio de algun presidente ejemplo Enrique Peña Nieto. Algunos dentro de los límites de lo civilizado y algunos no. Sin embargo todavía quiero escuchar que alguno de sus defensores grite: “¡Peñafóbico!,” “Fanático religioso,” “retrógrada,” o decir, “en estos tiempos civilizados ya no estamos para estas cosas.” ¿Verdad que no? Por supuesto que no. Y está bien que así sea. Ser parte de una sociedad democrática donde todos somos iguales significa que toda persona, incluido el presidente, podemos ser blanco de la crítica y ser llamados a la rendición de cuentas.
¿Entonces—pregunto yo—por qué no vamos a poder realizar lo mismo con el tema del matrimonio gay? ¿Por qué no se me condena por criticar a Peña, pero si se me condena por oponerme a la adopción gay? ¿Por qué si se puede criticar todo cuanto pase por mis ojos pero no puedo decir nada contra el movimiento LGBT porque todo se considera un insulto?
La respuesta es sencilla. El movimiento LGBT no quiere que los tratemos con igualdad. Lo que el LGBT y sus seguidores buscan es imponer un régimen autoritario donde se censure a los opositores. Si eres famoso y vendes ropa, a través del boicot comercial. Si eres boxeador y tienes un jugoso contrato como Pacquiao, a través de la venganza económica. ¿NO estás de acuerdo con el status quo? pues voy a humillarte y voy a hacer que te arrepientas. ¿Por qué? Porque toda crítica para el movimiento LGBT es según ellos, sinónimo de insulto.
Por cierto que Pacquiao no debió retractarse. Nike no debió haberle retirado el contrato, y si yo hubiera sido él, hubiera demandado a Nike, por discriminación a su libertad de creencia. Pero claro, como ahora el establecimiento es pro-LGBT pues todos de acuerdo con que Pacquiao es un retrógrada fanático que bien merecido se tiene el incumplimiento de contrato por parte de Nike.
Es chistoso, porque hasta donde yo conozco, vivimos en paises donde todos, y no sólo una parte de la población por grande o pequeña que sea, tenemos derecho a la libertad de creencia, a la libertad de culto y a la libertad de expresión.
Los que me conocen saben que profeso el Cristianismo—sin embargo no voy por la calle golpeando a cuanto ateo me encuentro—tampoco desestimo sus opiniones con calificativos como “imbécil o “estúpido,” o “retrógrada,” o “incivilizado.” Tengo derecho a mi libertad de culto y mi conciudadano ateo tiene derecho a no rendirle culto a nadie. Al mismo tiempo yo tengo derecho de expresar mi fe y lo que creo sin censura. Mi conciudadano ateo tiene el mismo derecho. Ni el ateo puede coartar mi libertad, ni yo puedo coartar la libertad del ateo. Puede que no concuerde con la filosofía de vida del ateo, pero eso no me da derecho de colocarle una venda en la boca para que no diga nada que ofenda mis religiosos oídos. Y a esta forma de vida, señores, se le llama vivir en de-mo-cra-cia. A esta actitud se le llama to-le-ran-cia. Yo tengo derechos, pero los demás también los tienen.
Eso, aplicado al presente momento significa que no sólo los miembros de la comunidad LGBT y sus seguidores tienen derechos. Todos tenemos derechos. Y ¿qué creen? No solamente los oponentes del movimiento LGBT tenemos obligaciones. Los que que lo promueven también las tienen. Una de esas obligaciones es la de respetar mi libertad de expresión—y cuando digo respetar mi libertad de expresión no me refiero a que toleren lo que les conviene de lo que yo digo, ni tampoco estoy diciendo a que me dejen insultarlos en la calle. Pero lo que si tienen que dejar de hacer, es pretender que los demás no tenemos derechos. Tener la poquita humildad para entender que en este país no sólo hay gays, y los que están de acuerdo con ellos. También hay otros que no estamos de acuerdo con muchas de sus prácticas, y que tenemos todo el derecho de estar en desacuerdo.
Irónicamente, existen gays quienes por ejemplo, no aprueban ni el matrimonio gay ni la adopción gay. Existen gays quienes consideran que los nuevos desarrollos en materia legal de hecho son un detrimento a la comunidad LGBT y que están perdiendo más de lo que están ganando. Existen muchas feministas que ven en el movimiento transexual una afrenta a toda su lucha por dignidad.¿Todos ellos también son homofóbicos? El grueso de la comunidad LGBT diría, que si. Así que esta minoría que exige respeto a las minorías, es una minoría que discrimina a otras minorías, incluida una minoría dentro de su propio movimiento, sencillamente por no pensar como el resto de la minoría original. Qué loco ¿no?
Antes de conseguir legislación a su favor, o aun consiguiéndola, la comunidad pretende dominar a través de la censura mediática. Si te opones a cualquier asunto que tenga que ver con la comunidad eres homofóbico, retrógrada y fanático. Esto no es discutir. Esto es desestimar y echar por tierra a la oposición a través de una actitud de aparente civilidad. Si te opones al movimiento aunque seas respetuoso serás—irónicamente—tratando con calificativos que van desde un cortés menosprecio, hasta los peores insultos que puedas haber escuchado. Misteriosamente dentro de este movimiento que pide respeto y tolerancia, igualdad y armonía, existen algunas de las personas más agresivas, más groseras, más corrientes y más violentas, que jamás hayas conocido. ¿No me crees? Revisa las reacciones a este artículo y haz una lista de los insultos que de manera gratuita ciertas personas hacen.
Y usando ese derecho, puedo y es mi deber decir, que nuestra sociedad está moralmente en calzones. Dejemos de pretender ser inteligentes. Dejemos de seguir la corriente sólo por falta de argumentos. Dejemos de ser sometidos por la censura de una parte de la población, o porque el grueso de las redes sociales nos descalifica antes de empezar a hablar. Dejemos de decir que el vestido nuevo del rey es hermoso.
Tú también tienes derecho a pensar, y a expresar tus pensamientos. Y si en respuesta al uso adecuado de mi libertad de expresión, decides lanzarme improperios, amenazas de muerte, y calificativos, antisonantes, los espero con gusto. ¿Sabes por qué? Porque esta es una sociedad libre. Al menos por el momento.