Las revelaciones explosivas que aparecen en el libro del exguardaespaldas de Fidel Castro no han sido destacadas por la prensa española.
Juan Reinaldo Sánchez estuvo 17 años, entre 1977 y 1994, vigilando cada paso de Fidel Castro, como miembro del equipo de seguridad del mandatario, que acabó dirigiendo.
El escritor español de Cuba, Juan Abreu, dedica a este asunto una tribuna en El Mundo. Para Abreu, la relación entre la llamada Revolución Cubana (es decir Fidel Castro) y sus partidarios y admiradores es sobre todo una relación erótica. Por esa razón tal vez los desengañados sean tan virulentos con el antiguo objeto de sus deseos.
En todo caso, el libro está lleno de observaciones y revelaciones que mucho tienen que ver con España. Estas anécdotas las narra una persona que pasó diecisiete años a pocos pasos, del dicatador. No sólo testimonia sobre Fidel Castro, sino también sobre su hermano Raúl, ese borracho asesino, o viceversa, con el que tanto se emocionan hoy los políticos españoles cuando visitan la isla.
«Cuando el Estado cubano invita, como suele ocurrir, a personalidades extranjeras, resulta cómodo alojarlas en una de esas habitaciones especiales (hoteles Cohiba, Nacional, Habana Libre, Riviera) para después filmar sus retozos sexuales con una prostituta de servicio enviada por el G2. De ese modo el régimen dispone de un temible medio de chantaje, sobre todo si la pareja sexual es menor de edad o se trata de un homosexual (cuando el objetivo es un hombre casado)».
Juan Reinaldo Sánchez estuvo 17 años, entre 1977 y 1994, vigilando cada paso de Fidel Castro, como miembro del equipo de seguridad del mandatario, que acabó dirigiendo.
El escritor español de Cuba, Juan Abreu, dedica a este asunto una tribuna en El Mundo. Para Abreu, la relación entre la llamada Revolución Cubana (es decir Fidel Castro) y sus partidarios y admiradores es sobre todo una relación erótica. Por esa razón tal vez los desengañados sean tan virulentos con el antiguo objeto de sus deseos.
En todo caso, el libro está lleno de observaciones y revelaciones que mucho tienen que ver con España. Estas anécdotas las narra una persona que pasó diecisiete años a pocos pasos, del dicatador. No sólo testimonia sobre Fidel Castro, sino también sobre su hermano Raúl, ese borracho asesino, o viceversa, con el que tanto se emocionan hoy los políticos españoles cuando visitan la isla.
«Cuando el Estado cubano invita, como suele ocurrir, a personalidades extranjeras, resulta cómodo alojarlas en una de esas habitaciones especiales (hoteles Cohiba, Nacional, Habana Libre, Riviera) para después filmar sus retozos sexuales con una prostituta de servicio enviada por el G2. De ese modo el régimen dispone de un temible medio de chantaje, sobre todo si la pareja sexual es menor de edad o se trata de un homosexual (cuando el objetivo es un hombre casado)».