"Porque el gozo del Señor es vuestra fuerza".
Nehemías 8:10b
La gratitud es el terreno fértil donde crece el gozo que nos llena de fuerza para enfrentar las obligaciones que tenemos cotidianamente.
¿Se dio cuenta de que cuando reconocemos lo que Dios nos ha dado, lo que Dios ha hecho por nosotros, las preocupaciones de ayer, aun las que se nos presenten hoy de pronto se desvanecen y quedan reducidas a nada? Porque sabemos que ese Dios que nos dio tanto ayer, antes de ayer y en todo este año que ha pasado contestará nuestras plegarias, nos dará el gozo de Su presencia, la bendición de Su fortaleza y nos dará las ganas de vivir y enfrentar todo el nuevo año que tenemos por delante.
Sí, el gozo de Dios surge dentro de una persona que tiene gratitud, que reconoce que Dios es la fuerte de su fortaleza pero no se detiene allí, cuando esa fuente comienza a surgir llega hasta todos los que nos rodean en el mundo en el cual vivimos, trabajamos y estudiamos afectándolos con el gozo y la fortaleza interior que fluye de nuestro ser. Sí, y al compartirlo con todos mediante una sonrisa, mediante un saludo, una demostración de afecto, un acto de bondad, una palabra de consuelo, ese gozo va transmitiéndose. No se detiene con la persona con quien lo comparte, sino que sigue como un río, como un arroyo, como un manantial que brota y corre y nada lo puede detener.