El suicidio o el intento de este, es penado tanto legalmente como religiosamente, pero qué hay más allá de eso tras esa depresión, esa desesperación, esa incertidumbre hay una historia la cual hace que las personas sientan que su destino ya no tiene rumbo, pero para la primera persona en la historia que se suicidó no fue así, no fue por ninguno de los anteriores síntomas...
Periandro
fue el segundo tirano de Corinto, en el siglo VII a. C., hijo y sucesor de Cípselo y uno de los Siete Sabios de Grecia.
Sucedió en el poder a su padre en el año 627 a. C. Desarrolló el puerto de Corinto, y construyó una rampa a través del istmo del mismo nombre, para que las naves pudieran ser arrastradas a través de los diolkos, evitando así la ruta marítima alrededor del Peloponeso. El dinero ganado de los diolkos permitió a Periandro suprimir los impuestos en todo Corinto. Sin embargo, el mismo personaje fue considerado, más adelante, un tirano malvado característico, como lo hace saber Aristóteles en sus escritos.
Entre sus prácticas tiránicas se habla de muchos jóvenes que fueron enviados a Córcira para ser castrados en Lidia, entre ellos el supuesto asesino de su propia esposa, Melisa
Su hijo Licofrón de Corinto descubrió, posteriormente, que su padre era el verdadero asesino de su madre, y por eso Periandro decidió desterrarlo de Corinto, emitiendo, al mismo tiempo, una orden a todos sus colaboradores, en la que les prohibía que le dieran amparo.
El primer suicida al que la Historia dedica unas líneas es Periandro (siglo VI a.C.), uno de los Siete Sabios griegos. Diógenes Laercio contó cómo el tirano corintio quería evitar que sus enemigos descuartizaran su cuerpo cuando se quitara la vida, por lo que elaboró un plan digno de Norman Bates. El monarca eligió un lugar apartado en el bosque y encargó a dos jóvenes militares que le asesinaran y enterraran allí mismo. Pero las órdenes del maquiavélico Periandro no acababan ahí: había encargado a otros dos hombres que siguieran a sus asesinos por encargo, les mataran y sepultaran un poco más lejos. A su vez, otros dos hombres debían acabar con los anteriores y enterrarlos algunos metros después, así hasta un número desconocido de muertos
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Sucedió en el poder a su padre en el año 627 a. C. Desarrolló el puerto de Corinto, y construyó una rampa a través del istmo del mismo nombre, para que las naves pudieran ser arrastradas a través de los diolkos, evitando así la ruta marítima alrededor del Peloponeso. El dinero ganado de los diolkos permitió a Periandro suprimir los impuestos en todo Corinto. Sin embargo, el mismo personaje fue considerado, más adelante, un tirano malvado característico, como lo hace saber Aristóteles en sus escritos.
Entre sus prácticas tiránicas se habla de muchos jóvenes que fueron enviados a Córcira para ser castrados en Lidia, entre ellos el supuesto asesino de su propia esposa, Melisa
Su hijo Licofrón de Corinto descubrió, posteriormente, que su padre era el verdadero asesino de su madre, y por eso Periandro decidió desterrarlo de Corinto, emitiendo, al mismo tiempo, una orden a todos sus colaboradores, en la que les prohibía que le dieran amparo.
El primer suicida al que la Historia dedica unas líneas es Periandro (siglo VI a.C.), uno de los Siete Sabios griegos. Diógenes Laercio contó cómo el tirano corintio quería evitar que sus enemigos descuartizaran su cuerpo cuando se quitara la vida, por lo que elaboró un plan digno de Norman Bates. El monarca eligió un lugar apartado en el bosque y encargó a dos jóvenes militares que le asesinaran y enterraran allí mismo. Pero las órdenes del maquiavélico Periandro no acababan ahí: había encargado a otros dos hombres que siguieran a sus asesinos por encargo, les mataran y sepultaran un poco más lejos. A su vez, otros dos hombres debían acabar con los anteriores y enterrarlos algunos metros después, así hasta un número desconocido de muertos
