(Travis Fimmel) escogió su propia suerte. Ragnar eligió cuál debía ser destino. Ragnar decidió cómo vivir y cómo morir al margen de lo que hayan querido sus dioses o el Dios cristiano. Y Ragnar Lothbrok finalmente pereció en Vikings.
Después de haberle sugerido al rey Ecbert (Linus Roache) que lo entregue al rey Aelle (Ivan Kaye) para que sea otro quien se convierta en el blanco de la venganza de sus hijos, Ragnar empieza ‘All His Angels’ (4×15), su última parada antes del Valhalla, pidiendo hablar con su hijo por última vez y una vez que son reunidos, sin nadie alrededor, Ragner le abre su corazón y sus planes.
“Eres tú quien creo que es lo más importante para el futuro de nuestro pueblo (…) Usa tu rabia inteligentemente y te prometo, hijo mío, que un día todo el mundo conocerá y temerá a Ivar, el deshuesado”, le dice Ragnar a Ivar (Alex Høgh Andersen), asegurándole que su ira y su impredecibilidad en realidad son dones.
“Ojalá no estuviera tan enfadado todo el tiempo”, replica Ivar, pero su padre le señala que “entonces no serías nada”. “Podría haber sido feliz”, agrega el joven vikingo, respondiendo Ragnar que “la felicidad no es nada”. Sin dudas, un significativo y sabio adiós.
Antes de ser separados, Ragnar le susurra al oído que si bien será asesinado por el rey Aelle, junto a sus hermanos debe dirigir su venganza hacia Ecbert, quien finalmente fue quien traicionó a los vikingos cuando destruyó su asentamiento en tierras británicas.
Ivar se marcha de Wessex con un pasaje seguro de vuelta a casa y con un último regalo de Alfred (Isaac O’Sullivan): una pieza de ajedrez. En el futuro, uno será conocido como ‘El deshuesado’ y el otro como ‘El grande’ y serán, irremediablemente, enemigos.
Ragnar también es enviado pronto a Northumbria ante la consternación de Ecbert, quien de alguna manera respeta y quiere a su antiguo aliado. Eso sí, antes de marcharse, Ragnar le deja un crucifijo a Alfred, un crucifijo que perteneció a su verdadero padre, Athelstan (George Blagden). “Nunca te olvidaré”, le dice Alfred a Ragnar como último adiós.
Después de haberle sugerido al rey Ecbert (Linus Roache) que lo entregue al rey Aelle (Ivan Kaye) para que sea otro quien se convierta en el blanco de la venganza de sus hijos, Ragnar empieza ‘All His Angels’ (4×15), su última parada antes del Valhalla, pidiendo hablar con su hijo por última vez y una vez que son reunidos, sin nadie alrededor, Ragner le abre su corazón y sus planes.
“Eres tú quien creo que es lo más importante para el futuro de nuestro pueblo (…) Usa tu rabia inteligentemente y te prometo, hijo mío, que un día todo el mundo conocerá y temerá a Ivar, el deshuesado”, le dice Ragnar a Ivar (Alex Høgh Andersen), asegurándole que su ira y su impredecibilidad en realidad son dones.
“Ojalá no estuviera tan enfadado todo el tiempo”, replica Ivar, pero su padre le señala que “entonces no serías nada”. “Podría haber sido feliz”, agrega el joven vikingo, respondiendo Ragnar que “la felicidad no es nada”. Sin dudas, un significativo y sabio adiós.
Antes de ser separados, Ragnar le susurra al oído que si bien será asesinado por el rey Aelle, junto a sus hermanos debe dirigir su venganza hacia Ecbert, quien finalmente fue quien traicionó a los vikingos cuando destruyó su asentamiento en tierras británicas.
Ivar se marcha de Wessex con un pasaje seguro de vuelta a casa y con un último regalo de Alfred (Isaac O’Sullivan): una pieza de ajedrez. En el futuro, uno será conocido como ‘El deshuesado’ y el otro como ‘El grande’ y serán, irremediablemente, enemigos.
Ragnar también es enviado pronto a Northumbria ante la consternación de Ecbert, quien de alguna manera respeta y quiere a su antiguo aliado. Eso sí, antes de marcharse, Ragnar le deja un crucifijo a Alfred, un crucifijo que perteneció a su verdadero padre, Athelstan (George Blagden). “Nunca te olvidaré”, le dice Alfred a Ragnar como último adiós.