InicioInfoExperimentos sociológicos y médicos reales
1. Conformidad – experimentos de Asch (1953)

asch_group

Durante la década de 1950, Solomon Asch realizó y publicó una serie de experimentos de laboratorio que demostraron el grado en el que las opiniones propias de un individuo están influenciadas por las de un grupo mayoritario.

Estudiantes varones universitarios participaron en una simple tarea de “percepción”. En realidad, todos menos uno de los participantes fueron “cómplices” (es decir, actores), y el verdadero foco del estudio era acerca de cómo el estudiante iba a reaccionar al comportamiento de los cómplices.

El experimento era simple en su construcción, se les pidió a cada participante, por turnos, que respondiese a una serie de preguntas, como qué línea era más larga o cual coincidía con la línea de referencia.

Los participantes dieron una variedad de respuestas, en un primer momento correctas para no despertar sospechas en el tema, pero con la adición de algunas de las respuestas incorrectas.

Los resultados del experimento de Asch fueron interesantes y mostraron que la presión social puede tener una influencia medible sobre las respuestas dadas.

En el grupo de control, no expuestos a la presión de grupo, donde todo el mundo respondió correctamente, hubo una sola respuesta incorrecta de las 35, lo que probablemente podría ser explicado por el error experimental. Sin embargo, en los resultados de los otros grupos, cuando están rodeados de gente que da una respuesta incorrecta, más de un tercio de los sujetos también manifestaron una opinión errónea.

Al menos 75% de los sujetos dieron la respuesta equivocada a al menos una pregunta. No había duda de que la presión de los compañeros puede causar conformidad.

2. Ayudar – el experimento del buen samaritano (1973)

Los psicólogos John Darley y C. Daniel Batson quisieron probar si la religión tiene algún efecto sobre el comportamiento de ayuda. Para ello, basaron su investigación en tres hipótesis:

1. En la gente que piensa de forma religiosa, a pesar de los pensamientos acerca de “ayudar” seguirán sin ser más propensos que otros a ofrecer ayuda.

2. Las personas que tienen prisa serán menos propensas a ofrecer ayuda a los demás.

3. Las personas que son religiosas por lo que ganarán ellos serán menos propensas a ayudar que los que valoran la religión por su propio valor o están buscando un sentido a la vida.

Para poner en marcha su investigación, Darley y Batson reclutaron seminaristas para un estudio sobre la educación religiosa. Primero se completaron cuestionarios de personalidad sobre su religión (para ayudar a evaluar la hipótesis n º 3). Más tarde comenzaron los procedimientos experimentales en un edificio y luego dijeron de ir a otro edificio para continuar. Se varió el nivel de urgencia que se les dijo a los sujetos antes de enviarlos al otro edificio, y la tarea que harían cuando llegaran allí. Una tarea consistía en preparar una charla acerca de los trabajos de seminario, y la otra sobre la historia del Buen Samaritano. En una ocasión se le dijo al sujeto que llegaba tarde a la tarea siguiente.

Por el camino pasaron a un hombre sentado desplomado en un portal, que se quejó y tosió dos veces mientras pasaban por allí. Para medir los resultados, los científicos crearon una “escala de ayuda”:

La cantidad de prisa inducida en el sujeto tenía un efecto importante sobre el comportamiento de ayuda, pero la variable tarea no tuvo un efecto significativo.

En general el 40% ofreció un poco de ayuda a la víctima. En situaciones de baja prisa, el 63% ayudó, prisa media, el 45% y 10% quienes tenían mucha prisa. No hubo correlación entre los “tipos religiosos” y el comportamiento de ayuda. La única variable que mostró algún efecto era “Religión como una misión”. De las personas que ayudaron, los que veían la religión como una misión eran menos propensos a ofrecer ayuda sustancial. Sin embargo, un análisis posterior reveló que esto no puede ser ocasionado por verdaderas diferencias religiosas.

3. Difusión de responsabilidad – experimento apatía del espectador (1968).

espectador

El efecto espectador se demostró por primera vez en el laboratorio de John Darley y Bibb Latané en 1968 a raíz del asesinato de Kitty Genovese en 1964.

Estos investigadores iniciaron una serie de experimentos que dieron lugar a uno de los efectos más fuertes y replicables en la psicología social. En un experimento típico, el participante está sólo o en un grupo con otros participantes.Entonces, entra en escena una situación de emergencia.

Luego, los investigadores miden cuánto tiempo les lleva a los participantes actuar, y si intervienen o no. Estos experimentos a menudo han descubierto que la presencia de los demás inhibe la ayuda, a menudo por un amplio margen.

Por ejemplo, Bibb Latané y Judith Rodin organizaron un experimento en torno a una mujer en peligro en 1969. El 70% de las personas solas llamaron o fueron en busca de ayuda al creer que la mujer se había caído y se había herido, pero cuando había otras personas en la habitación: sólo el 40 % ofreció ayuda.

4. El experimento de la prisión de Stanford (1971). https://es.wikipedia.org/wiki/Experimento_de_la_c%C3%A1rcel_de_Stanford

stanford

El experimento de la prisión de Stanford fue un estudio sobre los efectos psicológicos de convertirse en un prisionero o guardia de una prisión.

Veinticuatro estudiantes varones fueron seleccionados para asumir roles asignados al azar de presos y guardias en una prisión simulada situada en el sótano del edificio de psicología de Stanford. Los participantes se adaptaron a sus funciones más de lo esperado, los guardias aplicaron medidas autoritarias e incluso acabaron sometiendo a algunos de los detenidos a tortura psicológica. Muchos de los prisioneros aceptaron pasivamente el abuso psicológico y, a petición de los guardias, fácilmente acosaron a otros prisioneros que intentaron impedirlo. El experimento de Zimbardo le afectó incluso a sí mismo, quien, en su papel como superintendente, permitió que el abuso continuase. Dos de los prisioneros salieron del experimento antes de lo esperado y el experimento se interrumpió abruptamente después de sólo seis días. Algunas partes del experimento fueron filmadas y extractos de grabaciones están disponibles al público.

Los resultados del experimento han sido argumentados para demostrar la impresionabilidad y la obediencia de la gente cuando se le proporciona una ideología legitimadora y el apoyo social e institucional. El experimento también se ha utilizado para ilustrar la teoría de la disonancia cognitiva y el poder de la autoridad.

Los resultados del experimento favorecen la atribución situacional de la conducta en lugar de la atribución disposicional. En otras palabras, parece que la situación, en lugar de las personalidades individuales, fue la causante del comportamiento de los participantes.
Pelicula basada en este experiemento https://es.wikipedia.org/wiki/Das_Experiment
https://es.wikipedia.org/wiki/The_Experiment_(pel%C3%ADcula_de_2010)

5. Autoridad- El experimento de Milgram (1961)
Milgram_experiment

El experimento de Milgram sobre la obediencia a las figuras de autoridad fue una serie de notables experimentos de psicología social llevados a cabo por el psicólogo Stanley Milgram, de la Universidad de Yale, que midieron la disposición de los participantes a obedecer a una figura de autoridad que les dio instrucciones para llevar a cabo actos que entraban en conflicto con su conciencia personal.

Estos experimentos se han repetido muchas veces, con resultados consistentes dentro de las sociedades, pero porcentajes diferentes en todo el mundo. Los experimentos fueron controvertidos, considerados por algunos científicos como inmorales y abusivos física o psicológicamente.

Milgram desarrolló un generador de descargas intimidante, con los niveles de impacto a partir de 30 voltios y el aumento de 15-voltios incrementos de hasta 450 voltios. Los interruptores fueron etiquetados con términos como “shock leve”, “shock moderado” y “peligro:.. Shock severo” Los últimos dos interruptores fueron etiquetados simplemente con un ominoso “XXX”

Cada participante asumió el papel de un “maestro” que debía administrar una descarga al “alumno” cada vez que se producía una respuesta incorrecta. Mientras que el participante creía que estaba administrando descargas reales al estudiante, el estudiante era en realidad un cómplice en el experimento que simplemente estaba fingiendo escandalizarse.

A medida que el experimento avanzaba, el participante escuchaba al alumno suplicar ser liberado o incluso quejarse de una afección cardíaca. Una vez que el nivel de 300 voltios se había alcanzado, el alumno golpeaba la pared y exigía ser puesto en libertad. Más allá de este punto, el alumno mantenía un completo silencio y se negaba a responder más preguntas. El experimentador entonces instruyó a los participantes para tratar este silencio como una respuesta incorrecta y administrar una descarga adicional.

El nivel de descarga que el participante estuvo dispuesto a administrar se utilizó como medida de la obediencia. ¿Hasta qué punto creéis que estuvieron dispuestos a llegar? el 65% de los participantes en el estudio de Milgram administró las descargas máximas. Muchos de los sujetos se agitaron, angustiaron y enfadaron con el experimentador. Sin embargo, continuaron cumpliendo las órdenes hasta el final.





El experimento del Pequeño Albert (1920)

Una de las fases del experimento del pequeño Alberto.
En 1920 el psicólogo de la Universidad Johns Hopkins John B. Watson trató de demostrar empíricamente que el condicionamiento clásico –más conocido como el condicionamiento Pávlov, pues fue demostrado por primera vez en un animal de manos del fisiólogo ruso Iván Pávlov– también funcionaba en humanos.
Al igual que Pávlov logró que su perro salivara al oír una campana, pues asociaba el sonido de ésta con la llegada de la comida, Watson trató de que un niño asociara las ratas con el golpe de un martillo sobre una lámina metálica, sin pensar en el trauma que podía crearle.
El pequeño Albert, que así se llamaba el niño, tenía tan sólo 11 meses y tres días cuando se inició el experimento. Tras comprobar que el bebé no tenía ningún miedo natural a las ratas, pero sí a los sonidos estridentes, empezaron a dejarle sólo en compañía del roedor mientras sonaban los martillazos. Después de varios ensayos, la sola presencia de la rata provocaba auténtico pavor en el niño, que desarrolló fobias, también, a los perros, la lana o las barbas, cuya textura asociaba al pelo de la rata.
La intención de Watson era proseguir el experimento para hallar la forma de eliminar en el pequeño Albert el miedo condicionado –aunque no tenía ni idea de cómo iba a lograrlo– pero la madre del niño, asustada ante lo que habían hecho, se negó a volver a dejar al niño en manos del psicólogo. Albert murió a los seis años, víctima de una enfermedad que nada tenía que ver con el experimento, y nunca sabremos si sus fobias habrían perdurado hasta la edad adulta.






Pavlov y su teoría sobre el condicionamiento clásico
https://es.wikipedia.org/wiki/Condicionamiento_cl%C3%A1sico


El estudio Monstruo (1939)

Wendell Johnson
El psicólogo de la Universidad de Iowa Wendell Johnson (en la foto) trató de averiguar las razones por las que los niños tartamudeaban experimentando con un grupo de huérfanos. El psicólogo seleccionó a 10 niños tartamudos y otros 12 que hablaban perfectamente y los mezcló en dos grupos. Uno de los grupos recibió un refuerzo positivo –se les decía a los niños que iban a superar la tartamudez, que no debían sentirse mal, que era normal…– y el otro recibió un castigo, independientemente de que los niños fueran o no tartamudos –se les decía que era una vergüenza, que debían detener su comportamiento inmediatamente, que no debían hablar si no lo hacían correctamente…–.
Muchos de los niños participantes en el estudio siguieron arrastrando secuelas hasta la edad adulta Mary Tudor, una estudiante de Johnson, fue la encargada de llevar a cabo el experimento, y recogió en sus notas que, pasadas cinco sesiones, los resultados eran evidentes: muchos de los niños del grupo "castigado" que hablaban bien antes ahora se negaban a hacerlo y mostraban dificultades, mientras que los niños del grupo de refuerzo positivo mejoraron notablemente.
Los compañeros de Johnson fueron tremendamente críticos con su experimento, al que bautizaron como “Estudio Monstruo” y le convencieron para que lo interrumpiera y lo ocultara. Tras finalizar el experimento, Tudor siguió visitando el orfanato para atender a los niños a los que había vuelto tartamudos, pero muchos siguieron arrastrando secuelas hasta la edad adulta.
En 2001, después de que el diario Mercury News publicara un artículo que denunciaba los traumas psicológicos que todavía sufrían los participantes en el experimento, la Universidad de Iowa pidió perdón públicamente y le cambió el nombre a su clínica de logopedia y foniatría, bautizada en honor a Johnson. En agosto de 2007 seis de los huérfanos participantes en el experimento fueron indemnizados por el estado de Iowa con 925.000 dólares, debido a los daños emocionales provocados.
















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