Primero veamos esto desde la perspectiva del alumno: tener un encuentro con tu maestra y en un avión, es cumplir la fantasía de millones de jovencitos de 15 años.
Sin embargo, y parece que no lo han aprendido las maestras, pues hemos visto varios casos en las que se ven envueltas en cuestiones sexuales con sus alumnos, esto es un delito…
Ahora se trata de Jill Meldrum-Jones, asistente educativa en materias de humanidades y ciencias, quien conoció a un joven de 15 años y alumno regular de su lugar de trabajo.
La originaria de Kineton, Inglaterra, es madre de dos pequeños, y trabaja en una escuela secundaria en Warwickshire, donde conoció al menor.
La mujer admitió haber realizado varios actos sexuales con el joven de 15 años, entre ellos masturbación, así como incitarlo a realizar actos del mismo tipo en ella.
En la corte, Jill señaló que se hizo cercana la relación con el alumno, luego de realizar un viaje de estudios a Sudáfrica, donde comenzaron a dar “paseos a solas”. La primera vez que tuvieron un encuentro de este tipo, relató, fue en un autobús, donde también viajaban otros alumnos.
Durante el viaje tuvieron sus momentos “a solas” donde continuaron estos actos, reconoció la profesora.
Y esque para aprovechar las 8 horas de vuelo de Sudáfrica a Inglaterra, además de que estaban a 35 mil pies de altura y estaba oscuro, la maestra admitió que masturbó 3 veces, y además le practicó sexo oral otras 3 ocasiones al alumno.
Jill señaló que siguió mandando mensajes de texto con “alto contenido sexual” al alumno, pero después de este viaje, no hubo contacto físico nuevamente.
Sin embargo, como pudiera esperarse, el rumor empezó a esparcirse por la escuela, cada vez más y más… lo alertó a la policía, quien inició una investigación y finalmente descubrió la verdad.
La corte señaló a Jill por 7 cargos de actividad sexual con un menor, a los que se declaró culpable, y manifestó sentirse arrepentida, y además indicó que durante el viaje fue “consumida por la lujuria”.
El juez manifestó:
“Usted en ese momento estaba encargada como asistente de enseñanza, y era responsable de los adolescentes. Es casi increíble que alguien con su contexto, felizmente casada, con dos hijos e inteligente, pueda perder el control de sus sentidos y juicio, y que permitiera comportarse de esa manera”.
La defensa alegó que Jill había sido diagnosticada con depresión dos meses antes de los sucesos, lo que pudo haber afectado su juicio, ya que, “pierden la sensación de miedo y toman decisiones que en otras condiciones no tomarían”, alegó Simon Hunka, abogado de la profesora.
Sin embargo esto no sirvió de mucho, para que fuera condenada a 32 meses de prisión, ya que el adolescente manifestó que se siente “nervioso y avergonzado”, ya que siente que en la escuela todos hablan de él, y también en la calle…
Un momento de pasión puede destruir toda una vida…