Antes de que Jill se encontrara a sí misma en una clínica de abortos su vida parecía ser perfecta. Estaba comprometida con un hombre que para ella era perfecto y estaba decidida a pasar el resto de sus días a su lado…
Pero ese día que iba a ser tan especial fue el inicio de una pesadilla. Su novio la dejo plantada en el altar. Jill tomo fuerzas de donde solo ella sabía y decidió salir adelante, superando este golpe tan fuerte de su vida.
El problema vino después cuando no pudo soportar y cayo de nuevo en las garras de su ex, lo perdono y volvió a tener una relación para nada sana con él. Misma que llego al punto en el que le pidió que abortara a su propio hijo.
Cuando su novio se enteró que ella estaba embarazada, de inmediato le dijo que no tenía interés en saber nada del tema, que tenía que abortar pues él no tenía intención alguna de ser padre. Jill, ciega de amor acepto…
Apenas llego a la clínica de abortos, dos mujeres “pro-vida” trataron de hablar con ella, para que pensara bien lo que estaba haciendo pues era un error. Iba a terminar con una vida, la de su hijo. Jill se hizo la fuerte y siguió caminando, espero su turno y paso hasta la sala de consulta
Ella misma menciona que al entrar la trataron de forma fría e indiferente. Procedieron a hacerle un ultrasonido para saber cuánto tiempo tenía el bebe. No quisieron enseñárselo a Jill pero ella insistió…
Fue en ese momento en el que realmente entendió lo que estaba haciendo, estaba a punto de quitarle la vida a su propio hijo. En ese momento llamo a su ex, no iba a hacerlo. Este volvió a dejarla sola, le dijo que si no lo hacía se olvidara de él, no estaba dispuesto a ser padre.
Muchas fueron las dudas entre la familia y amigos de Jill, como iba a salir adelante sola, como madre soltera. Ella teniendo a su hijo como su mayor motor logro salir adelante…