"Venid, y subamos al monte del Señor, a la casa del Dios de Jacob; y nos enseñará sus caminos, y caminaremos por sus sendas".
Isaías 2:3b
Por naturaleza, me gusta planear las cosas. Disfruto mucho al organizar cada detalle de un viaje, de un acontecimiento; pareciera que lo vivo de antemano. La vida cristiana es así. Pero, ¿qué es planear?... es dejarse llevar por el viento en un ultraliviano. ¡Qué hermoso es ver en un cielo limpio, un pequeño avión (planeador) elevarse a las alturas! Desde arriba, se aprecia un paisaje espectacular. No se está tan lejos como para que se pierdan los detalles, pero sí lo suficiente como para abarcar un panorama amplio, ver las cosas en su verdadera perspectiva.
La vida del cristiano es como un vuelo en planeador, para lo cual es muy importante encontrar las corrientes ascendentes. Aquellas que pueden llevarnos alto, pero a una altura prudencial donde no perdamos de vista los detalles de la vida, donde todavía compartimos el trabajo, la familia, las obligaciones, y al mismo tiempo a una altura espiritual donde aquellos detalles que podrían desanimarnos, turbarnos, angustiarnos o desesperarnos, se pierdan de vista porque apreciamos las cosas en su real dimensión. La fe es esa fuerza poderosa; es la corriente ascendente que eleva nuestro planeador (o sea nuestra vida) a una altura donde podemos vivir más cerca de Dios. Elévese a través de la fe a las alturas donde Dios quiere que viva.
Padre Celestial: Gracias por esa capacidad que me has dado de creer en Jesús, y a través de Su Santo Nombre elevar mi alma y todo mi ser a Ti, que eres la fuente permanente de bien, En el Nombre de Jesús, Amén.