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El máximo horror: despertarse mientras te operan, paralizado

Info1/29/2017
El máximo horror: despertarse mientras te operan, paralizado


La cirugía no era complicada pero la mujer se despertó antes de tiempo y no tuvo forma de alertar a los doctores porque le habían anestesiado con un paralizante.

el horror

"Había estado bajo anestesia general antes y nunca tuve ningún problema".

Así lo cuenta una mujer que llevaba una vida muy activa en una pequeña ciudad de Canadá.

Pero tuvo que someterse a una operación rutinaria en el hospital rural de Manitoba y su experiencia en la sala de cirugía la dejó mas loca que un plumero, con todos los síntomas de estrés postraumático: recuerdos recurrentes, ansiedad, insomnio, pavor nocturno.


Nada grave

Aunque "por alguna razón ese día estaba nerviosa, se trataba sólo de una laparoscopia, un proceso en el que me iban a hacer un par de incisiones en el abdomen para poder introducir instrumentos y explorar el área", le contó Donna a la BBC.

Todo empezó bien.


de los horrores

"Me acostaron en la mesa de operaciones y empezaron a hacer todo eso que hacen: me conectaron a todos los monitores, el anestesiólogo me puso algo por vía intravenosa y luego una máscara, y me dijo que respirara profundo".

Donna recuerda que le pusieron anestesia por vía intravenosa.

Donna obedeció y se fue quedando dormida, como era de esperarse.

"Cuando desperté, todavía podía oír los sonidos de la sala de cirugía, los pasos, el ronroneo y los pitos de las máquinas, el ruido del movimiento de los instrumentos...".

"Pensé: "¡Qué bueno, ya pasó!".

Medicada pero alerta, se entregó a "esa sensación perezosa del despertar, cuando estás completamente relajada".

"Eso cambió unos segundos después cuando oí al cirujano hablar y las palabras que dijo me estremeció hasta la médula de los huesos".

]"Bisturí, por favor"[/b]

que te operen ls tripas

"Quedé helada", también literalmente.

Y es que Penner no se podía mover, pues junto con la anestesia le habían aplicado un bloqueador neuromuscular que produce parálisis.

"Suelen hacerlo cuando exploran el abdomen, ya que relaja los músculos, para que no haya tanta resistencia al cortarlos", explica.

"Desafortunadamente, la anestesia general no funcionó, pero el paralizador sí".

Paralizada pero despierta

"Entré en pánico. Esperé unos segundos y luego sentí que me hacía la primera incisión, el dolor... No tengo palabras para describirlo. Era horrendo", relata.

"No podía abrir mis ojos", asegura.

sin anestesia


"Lo primero que traté de hacer fue levantarme, pero no me podía mover. Sentía como si alguien estuviera sentado encima mío".

"El dolor era tan fuerte y sentía cómo las lágrimas se empezaban a formar. Pero no podía ni siquiera llorar; estaba tan paralizada que no podía producir las lágrimas para llorar".

El corazón no miente

La operación, entretanto, continuaba como si nada estuviera pasando.

"Por el monitor yo oía cómo los latidos de mi corazón eran cada vez más rápidos", recuerda la mujer.

"En tres ocasiones, durante la operación, logré hacer acopio de todo lo que tenía dentro de mí para mover mi pie un poquito, lo suficiente para que alguien pusiera su mano sobre él. Pero la retiró antes de que yo pudiera volverlo a hacer".

Pero sus extraordinarios esfuerzos pasaron desapercibidos durante la hora y media que duró la cirugía.

"Estuve en estado de pavor puro. Y no tengo cómo explicar cuán fuerte era el dolor", relata.

"Escuché lo que hablaban y lo que hacían, sentí cuando el cirujano hizo las incisiones y cuando introdujo los instrumentos en mi abdomen, y también cómo movía mis órganos mientras exploraba".

Aunque la laparoscopia es una técnica de cirugía mínimamente invasiva, requiere de pequeñas incisuras en la pared abdominal, por las que se introducen cámaras, pinzas, cuchillas y otros aparatos pequeños para manipular las vísceras internas. De ahí la necesidad de la anestesia general.

"Oí al cirujano decir cosas como: 'mira el apéndice, está bien rosado; el colon se ve bien, los ovarios también'".

7 respiraciones

"Encima de todo, como estaba paralizada, me habían entubado y conectado a una máquina respiradora", cuenta.

Estaba programada para que respirara siete veces por minuto, pero -por las circunstancias- su ritmo cardíaco creció hasta los 148 latidos por minuto.

"Eso era todo lo que tenía: siete respiraciones por minuto. De manera que además del dolor, me estaba muriendo ahogada!!!


Por fin, cuando la operación estaba llegando a su final, Donna notó que estaba recuperando la capacidad de mover su lengua.

"Empecé a usarla para mover el tubo que tenía para respirar, tratando de atraer la atención. Y lo logré. Pero él pensó que el paralítico ya no estaba teniendo tanto efecto y retiró el tubo que me permitía respirar", explica.

"Fue cuando pensé: 'ahora sí que estoy en problemas'", dice que pensó.

"Había pasado por momentos en los que la agonía del dolor era tal que pensé que iba a morir, así que ya me había despedido mentalmente de mis seres queridos. Ahora, no podía respirar".

Mientras, la enfermera le gritaba "¡Respirá guacha por favor , respirá!".

"Y fue entonces que me ocurrió la cosa más asombrosa".

"Dejé mi cuerpo"

"Soy cristiana pero no me fui a ningún cielo, pero tampoco estaba en la Tierra. Estaba en otro lugar",

"Era silencioso, aunque con los sonidos de la sala de operaciones de fondo. Los podía escuchar, pero muy lejanos", explica.

"El miedo y el dolor se me olvidaron. E instintivamente sabía que no estaba sola. Había una presencia conmigo. Siempre digo que era Dios, porque no tengo ninguna prueba de eso y algunas dudas de que él estaba ahí a mi lado".

y paralizado

"Luego escuché una voz que me dijo: 'Sea lo que sea, vas a estar bien'".

"Para mantener mi mente ocupada, había estado rezando, cantando, pensando en mi esposo y mis hijos todo el tiempo, pero cuando sentí esta presencia dije: 'llévame a casa, por favor, déjame morir, pues ya no aguanto más'".

"Yo sentí cuando usted me cortaba"

Así de repentinamente como "se fue", volvió.

"Como si alguien hubiera chasquido los dedos. Volví a la sala de operaciones, la enfermera gritaba, hasta que el anestesiólogo dijo: '¡póngale la bolsa de resucitación!'".

Cuando el aire me entró en los pulmones, sentí un "alivio enorme".

Paso seguido, el anestesiólogo le dio una droga para contrarrestar el efecto del paralítico y, poco después, pudo empezar a hablar.

El máximo horror: despertarse mientras te operan, paralizado

"Cuando el aire alcanzó mis pulmones, dejé de sentir que me ardían".

Más tarde, el cirujano fue a mi habitación,me tomó las manos y me dijo: "Me contaron que hubo un problema, señora Penner".

¨Si pelotudo, claro que hubo un problema, me operaste paralizada y sin anestesia, te coy a cortar los huevos. Sentí como me cortabas y revolvías las tripas, boludo.

"El tipo se cagó todo y apretándome la mano me dijo que lo sentía muchísimo'".

Penner le relató en detalle todas las cosas que le escuchó decir mientras él confirmaba con un "sí, yo dije eso".

"Al final me dijo: no tengo ninguna duda de que estuvo despierta durante toda la operación'".

Claro imbécil, como no te diste cuenta antes!!

El doctor no tuvo la necesidad de decirle cuál había sido el diagnóstico: ella lo había escuchado en el momento en el que lo hizo.
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