Orina o no, está es la cuestión
Titulo alternativo estilo Cronica Tv: "Meame papi meame"
Los escándalos en torno a la figura del presidente electo de Estados Unidos Donald Trump no cesan. La última polémica se destapó hace unos días por un supuesto informe sobre las perversiones sexuales del magnate. Al parecer, contrató a un grupo de prostitutas para que pusieran en práctica una lluvia dorada en un hotel de Moscú.
En vista del revuelo y de la expectación mediática que ha desatado la supuesta afición del presidente electo, nos hemos propuesto llegar hasta el fondo de la cuestión y entender todo lo que rodea a este fetichismo tan peculiar.
En primer lugar, por lluvia de oro nos referimos a cualquier acto sexual que implique orinar. Los documentos publicados por medios como Buzzfeed afirman que Trump contrató a un número de prostitutas para que estas miccionaran delante de él a modo de espectáculo (algo que el propio Trump tildó de “sinsentido” y de “noticias falsas”). Pero la lluvia dorada también se entiende orinar sobre otra persona mientras se practica sexo.
Aclarado el concepto, ¿por qué alguien podría estar interesado en la lluvia dorda? Como parte de la familia del bondage, del sadismo y del sadomasoquismo, uno de los principales atractivos de esta práctica es la dinámica del poder. “En la vida diaria hay muchas limitaciones”, sostiene el psicoterapeuta Russel Stambaugh, por ello, “a las personas les gusta jugar y asumir roles que no son habituales en la vida real”.
Hay quien le gusta sentir el placer de degradar o humillar a su pareja o degradarse a sí mismos. "Las personas a las que le hacen pipi encima les gusta ser dominadas y controladas, y a veces, también le gusta el calor e incluso el sabor de la orina", asegura el terapeuta sexual Ian Kerner.
Para otras personas, la lluvia dorada es sencillamente placentera. “Puede ser puramente sexual, por sentir que uno se libera”, explica Stambaugh. “Todos conocemos esa agradable sensación de orinar después de contener las ganas durante mucho tiempo, y esa sensación de alivio se podría sexualizar”, añade.
Está claro que practicar la lluvia dorada en la cama no es especialmente práctico, como ocurre con otros fetichismos. Pero Kerner asegura que hay quien descubre la lluvia dorada sin buscarlo. “Hay gente que dice que su pareja ha orinado estando los dos en la ducha y que lo ha parecido atractivo”. Sin duda, añade, “es una oportunidad para descubrir la cara más sucia y estrambótica del sexo, que también es un excitante”.
Es cierto que esta práctica puede parecer inusual, pero hay que ser cautos antes de estigmatizar este fetichismo, aconseja Stambaugh. "No está bien ridiculizar a alguien por su comportamiento privado consensuado”, sentencia el experto.
Titulo alternativo estilo Cronica Tv: "Meame papi meame"
Los escándalos en torno a la figura del presidente electo de Estados Unidos Donald Trump no cesan. La última polémica se destapó hace unos días por un supuesto informe sobre las perversiones sexuales del magnate. Al parecer, contrató a un grupo de prostitutas para que pusieran en práctica una lluvia dorada en un hotel de Moscú.
En vista del revuelo y de la expectación mediática que ha desatado la supuesta afición del presidente electo, nos hemos propuesto llegar hasta el fondo de la cuestión y entender todo lo que rodea a este fetichismo tan peculiar.
En primer lugar, por lluvia de oro nos referimos a cualquier acto sexual que implique orinar. Los documentos publicados por medios como Buzzfeed afirman que Trump contrató a un número de prostitutas para que estas miccionaran delante de él a modo de espectáculo (algo que el propio Trump tildó de “sinsentido” y de “noticias falsas”). Pero la lluvia dorada también se entiende orinar sobre otra persona mientras se practica sexo.
Aclarado el concepto, ¿por qué alguien podría estar interesado en la lluvia dorda? Como parte de la familia del bondage, del sadismo y del sadomasoquismo, uno de los principales atractivos de esta práctica es la dinámica del poder. “En la vida diaria hay muchas limitaciones”, sostiene el psicoterapeuta Russel Stambaugh, por ello, “a las personas les gusta jugar y asumir roles que no son habituales en la vida real”.
Hay quien le gusta sentir el placer de degradar o humillar a su pareja o degradarse a sí mismos. "Las personas a las que le hacen pipi encima les gusta ser dominadas y controladas, y a veces, también le gusta el calor e incluso el sabor de la orina", asegura el terapeuta sexual Ian Kerner.
Para otras personas, la lluvia dorada es sencillamente placentera. “Puede ser puramente sexual, por sentir que uno se libera”, explica Stambaugh. “Todos conocemos esa agradable sensación de orinar después de contener las ganas durante mucho tiempo, y esa sensación de alivio se podría sexualizar”, añade.
Está claro que practicar la lluvia dorada en la cama no es especialmente práctico, como ocurre con otros fetichismos. Pero Kerner asegura que hay quien descubre la lluvia dorada sin buscarlo. “Hay gente que dice que su pareja ha orinado estando los dos en la ducha y que lo ha parecido atractivo”. Sin duda, añade, “es una oportunidad para descubrir la cara más sucia y estrambótica del sexo, que también es un excitante”.
Es cierto que esta práctica puede parecer inusual, pero hay que ser cautos antes de estigmatizar este fetichismo, aconseja Stambaugh. "No está bien ridiculizar a alguien por su comportamiento privado consensuado”, sentencia el experto.