Tepuyes, el último lugar que no ha pisado el ser humano
Los tepuyes del sur de Venezuela, montañas con paredes verticales y cumbres planas, brindan a los viajeros la oportunidad única de sentirse exploradores: la mayor parte de esas maravillas naturales nunca ha sido visitada debido a su poca accesibilidad.
Los tepuyes son mesetas especialmente abruptas del Escudo guayanés en Sudamérica, que se encuentran puntuamente en Venezuela. Elevándose por encima de un bosque circundante, los tepuyes tienen escarpes casi verticales, y muchos de ellos se elevan a más de 1.000 metros por encima de la selva. Y aunque los tepuyes parecen desiertos, en realidad ofrecen una biodiversidad impresionante y única: alrededor de un tercio de las especies de su flora no se encuentra en ninguna otra parte del mundo.
En 1995 la UNESCO nombró al Parque Nacional Canaima como Patrimonio Mundial Natural de la Humanidad.
El escritor escocés Arthur Conan Doyle imaginó en su novela El mundo perdido que sus cimas eran el hábitat de enormes dinosaurios.
Actualmente los tepuyes están protegidos por las leyes venezolanas bajo la figura de Monumentos Naturales y les está terminantemente prohibido el ascenso. Sobre las cimas de estos tepuyes nacen ríos y gigantescas cataratas, siendo la más conocida el Salto Ángel, la cascada más alta del mundo.
Se considera que más del 90% de los tepuyes no ha sido pisado por el hombre, escondiendo misterios y una gran cantidad de especies biológicas aun sin descubrir. Tanta inaccesibilidad y misterio han dado lugar a leyendas e incluso inspiraron a artistas.
Antigüedad
Estas formaciones son las más antiguas del planeta, originarias de la era precámbrica, con más de 1.700 millones años de antigüedad. Los tepuyes constituyen un conjunto de montañas emplazado sobre un extenso basamento granítico formado por el Escudo de Guayana. Sobre este han sido depositadas, innumerables capas de areniscas, una encima de la otra, hasta constituirse en una gigantesca masa rocosa de hasta seis kilómetros o más de espesor. Estas areniscas son generalmente de color rosado hasta blanquecino, se desmenuzan fácilmente y tienden a quebrarse en bloques con ángulos rectos, de allí la forma casi geométrica de imponentes mesas con paredes verticales que presentan la mayoría de las montañas de areniscas o “tepuyes”.
El equilibrio natural que tiene desde hace siglos se mantiene aún totalmente intacto.