
Tesla, cuya audacia ha inspirado al mismísimo Elon Musk, el visionario sudafricano, demostró que era capaz de sacar beneficio hasta de debajo de las piedras, como vemos en esta curiosa historia.
La fantástica historia del engaño de Nikola Tesla

En 1930, el inventor había vuelto a acumular una cantidad importante que adeudaba a otro hotel, en este caso con el Gobernador Clinton, de Manhattan.
Como Tesla no era capaz de pagar su deuda con el hotel neoyorquino, ofreció algo que no tenía precio, uno de sus inventos. Por ello les dijo que el aparato, refiriéndose a un haz de la muerte, no a un rayo de la muerte, era extremadamente peligroso y podría detonar si si alguien lo abría sin tomar las precauciones necesarias.
El «rayo» de la muerte de Nikola Tesla

Acompañados por el oficial de Inteligencia Naval John O. Trump, este escribiría posteriormente en su reporte del FBI que había tomado tiempo para reflexionar sobre su vida antes de abrir el peligroso contenedor.
Sin embargo, este oficial no debió molestarse en hacer tal cosa. Lo único que había dentro del cofre de madera era una caja de resistencia del tipo que se usan para medir los puentes de resistencia Wheatstone, un objeto común y estándar encontrado en cualquier laboratorio eléctrico antes del cambio de siglo.
Es decir que Tesla ofreció un equipo de componentes eléctricos en una caja atractiva y convenció a todos de que era un haz mortal, lo que le sirvió para pagar una factura de $ 10 000 dólares. Un hito estimable del que uno de los mejores amigos del inventor, su amigo, el escritor Mark Twain, hubiera estado muy orgulloso.