La botella entubada era muy popular en la segunda mitad del siglo XIX. Algunos la conocieron como los alimentadores de bebés en forma de “Banjo”, algo que cobró mucha popularidad en los mercados. Sólo la gente adinerada podía permitirse este aparato tan útil.
No obstante, en sus últimos días, los apodos que recibió no eran tan peculiares y agradables. Tales fueron como “El asesino” y “El homicida”, algo muy alejado de ser seguro, ya que su limpieza era casi imposible de realizar.
Las botellas Banjo poseían un cristal aplastado con un tubo interno de vidrio y un tapón. Adherido al caño de cristal había una manguera de caucho de la India, que acababa en un chupete con forma de pezón, algo parecido a beber mediante una larga pajita. A pesar de la condena sumamente extendida por el mundo de la medicina, este instrumento llegó a ser un éxito de ventas, ya que los padres podían dejar a sus hijos desatendidos para alimentarlos.
En algunos casos los bebés eran demasiado pequeños como para sostener el aparato, lo que sólo demuestra que como hoy, la comodidad y la conveniencia eran unas ventajas que realmente marcaban la diferencia. Siguieron vendiéndose bastante bien hasta bien entrada la década de 1920. Para agravar los problemas, muchas de estas botellas biberones tenían numerosos nombres entrañables, como “mi pequeña mascota”.
Otros eran bastante diferentes, como “El imperio”, o “El victoriano”. Los fabricantes también tomaron ventaja de la popularidad de la princesa de Wales, incluyendo inscripciones en estas botellas del tipo de: “La princesa” o “La Alexandra”.
La botella que aparece en la imagen tenía una altura de 150 mm. Aunque el primer pezón de goma fue pantentado por Elijah Pratt en Nueva York en 1845, no fue hasta principios del siguiente siglo que se llegara a utilizar.
Esto fue gracias a que se consiguió que no se desintegrara con agua caliente, además se le eliminó el terrible olor que despedía a veces. Antes, se utilizaron una gran variedad de piezas para la boca. Trapos o esponjas eran a menudo incrustados en el cuello de las botellas de vidrio, así como boquillas de madera.
Pero estos elementos eran una trampa mortal. La leche no se iba a derramar y el bebé era entonces capaz de beber de este instrumento independientemente, sin la ayuda de nadie. Cincuenta años después este recipiente se volvió un verdadero ejecutor de bebes.
Esto se debía a que el tubo del instrumento era muy difícil de esterilizar. Algunas mujeres habituaba a lavar el tuvo sólo dos veces por semana, eso llevaba a los niños a fallecer a causa de una bacteria muy dañina.
En 1907 más del 35% de los recién nacidos murieron en San Petersburgo a causa de agentes infecciosos presentes en este tipo de artefactos de lactancia. Por esto fue por lo que a las madres se les recomendó amamantar de manera tradicional a sus hijos.