Infancia de Pirro:
Pirro apodado el Águila por sus soldados, era hijo de Eácides, rey de Epiro, pertenecía a una dinastía que se autoproclamaban descendientes de Aquiles, los molosos. Su padre ascendió al trono al morir su primo Alejandro, que era hermano de Olimpia la madre de Alejandro Magno, durante una campaña en Italia en el 326 AC.
Eácides se casó con Ftía, hija de Menón de Farsalia, con la que tuvo tres hijos: Pirro, el único varón, y dos hijas, Deidamia y Troyas. Tras la muerte de Alejandro Magno, durante las guerras de los Diádocos, su hermana Olimpia le forzó para tomar partido poniéndose de lado de Poliperconte en su lucha contra Casandro por el control de Macedonia y de los herederos Alejandro hijo de Roxana y Filipo Arrideo casado con Eurídice, Poliperconte fue derrotado y huyó a Épiro donde se encontraba Olimpia y su nieto Alejandro, mientras que Casandro se hizo con Macedonia y con Filipo Arrideo.
Mapa de Épiro y sus reinos vecinos
El rey Eácides I de Epiro, y Olimpia condujeron su ejército a Macedonia, derrotando al ejército de rey Filipo Arrideo. Éste fue capturado y asesinado, pero pronto Casandro regresó del Peloponeso consiguiendo rodear a Olimpia en una ciudad, esta pidió ayuda a Eácides, que acudió con su ejército a socorrerla, pero todos los pasos estaban ocupados. Casandro capturó a Olimpia, y la asesinó en 316 AC, tomando a Roxana y al joven Alejandro bajo su custodia.
Cuando Eácides regresó, se encontró con que los epirotas, que se habían opuesto a la expedición, se habían levantado contra él y le habían expulsado del trono, asesinando a su familia. Pirro, que sólo tenía dos años, se salvó de ser asesinado gracias a varios sirvientes leales, que le llevaron a Iliria donde el rey Glaucias, cuya esposa Beroe era pariente de Pirro, le acogió y le crió junto a sus propios hijos.
El niño Pirro con dos años es salvado por sirvientes leales, se ve uno de ellos mandando lanzando una jabalina con un mensaje pidiendo ayuda.
Los epirotas, cansados del yugo macedonio, llamaron a Eácides de vuelta en 313 AC. Casandro envió inmediatamente un ejército contra él, al mando de Filipo, quien le derrotó en dos batallas el mismo año, en la segunda de las cuales murió.
Glaucias esperó a que Pirro cumpliese los 12 años para invadir Épiro y colocarle como rey, siendo regentado por guardianes. Cuando tenía 17 años, los molosos, la misma tribu que había derrocado a su padre, se volvieron a rebelar. En ese momento Pirro se encontraba de viaje en la boda de uno de sus hermanos adoptivos. Gracias a esa circunstancia no fue asesinado, pero se encontró sin reino ni poder alguno.
Regreso a Epiro:
Decidió unirse a Demetrio, casado con su hermana Deidamia; le acompañó a Asia y tomó parte en la batalla de Ipsos (301 AC) durante la cual ganó un gran renombre por su valor. Antígono murió en el combate, y Demetrio se convirtió en fugitivo. Sin embargo, Demetrio aún poseía una gran armada y tenía guarniciones en las ciudades de Grecia, donde Pirro pudo haber servido brevemente como uno de los principales de su cuñado.
El joven Pirro combatiendo. Autor Ángel Todaro
Poco después viajó en su nombre a Egipto en calidad de rehén, cuando Demetrio concertó la paz con Ptolomeo. Así, en el año 299 AC, Pirro con menos de 20 años, llegó a Alejandría, la capital de estilo griego del antiguo país del Nilo, y parece que el faraón Ptolomeo realmente le gustó el joven valiente, que dio prueba de su fuerza y el valor durante las fiestas de caza y otros ejercicios. También fue lo suficientemente hábil o afortunado para ganarse el favor de Berenice, esposa de Ptolomeo, y recibió como esposa a Antígona, hija de Berenice y su primer marido.
En el 297 AC, Ptolomeo financió una expedición a Épiro, enviando a Pirro al frente de un ejército de mercenarios de vuelta a Épiro. Pirro debía convertirse en rey de Épiro y actuar como organismo de control de Ptolomeo en Europa, protegiendo los intereses egipcios contra Casandro de Macedonia. Desembarcó para derrocar a Neoptolemo, rey que ocupaba en ese momento el trono y que había sido puesto por los molosos. Pirro jugó sus cartas con cuidado. Anunció que iba a compartir el poder con Neoptolemo, que creyó en las promesas del hombre que era, después de todo, su pariente.
En el 295 AC, Neoptolemo planeó matar a Pirro y para ello convenció al copero real de Pirro para envenenarle. Viéndose ya como único rey, se dedicó contar su plan en tertulias con poca cautela, con lo cual Pirro se enteró y acabó con él durante un banquete. Pirro ya contaba con el apoyo de muchos de sus súbditos y no le costó justificar su acción preventiva, contaba con sólo 23 años y ya era dueño todo Épiro.
Pronto se convirtió en uno de los príncipes más queridos de su edad. Su atrevimiento y coraje le granjearon el respeto de las tropas, y su afabilidad y generosidad aseguraron el amor de su pueblo. Su carácter se asemejaba en muchos aspectos al de su antepasado Alejandro, al que parece que convirtió en su modelo a temprana edad. Sus intenciones se dirigieron primero hacia la conquista de Macedonia.
Pirro rey de Épiro tras los pasos de Alejandro Magno.
Guerra contra Demetrio Poliorcetes:
La oportunidad le llegó tras la muerte de Casandro, que dejó como heredero a Filipo IV, que murió de muerte natural a los pocos meses. Sus hermanos Antípatro y Alejandro se repartieron el reino, siendo la frontera el río Axios. El segundo, en clara desventaja, acudió a Pirro y a Demetrio en busca de ayuda. Pirro accedió con la condición de que recibiría todos los territorios que habían sido arrebatados a Épiro por Filipo II de Macedonia, y la ciudad de Ambracia (actual Arta), que se convertiría en la capital de Pirro. Pirro cumplió sus compromisos con Alejandro y expulsó a su hermano Antípatro de Macedonia en 294 AC, aunque al parecer, éste pudo conservar una pequeña porción del reino.
Poco después, Demetrio llegó, el rey Alejandro fue a saludarlo y agradecerle (por nada), y durante un banquete de agradecimiento murió a manos de Demetrio (una repetición del tratamiento de Pirro a Neoptolemus). Casi inmediatamente, el ejército macedonio proclamó rey a Demetrio. Luego pasó a atacar al segundo hermano Antípatro, que huyó y nunca regresó. Demetrio fue el nuevo rey de Macedonia.
Mientras tanto, Antígona la mujer de Pirro murió, y éste contrajo triple matrimonio para fortalecer sus lazos con príncipes extranjeros. De estas esposas, una era hija del rey Audoleón de Peonia, otra era hija del rey Barcilis de Iliria y la tercera Lanassa, hija de Agatocles de Siracusa, a quien concedió la isla de Córcira (actual Corfú) como dote. A través de estos lazos matrimoniales, Epiro estaba ahora en paz con todos sus vecinos incluyendo poderosa Macedonia, donde el nuevo rey Demetrio estaba casado con Deidamia la hermana de Pirro.
Mientras Pirro estaba organizando su nueva capital y reorganizando su estado, Demetrio expandió su poder. Él ya controlaba muchas ciudades griegas, había añadido Macedonia, y obtuvo Tesalia y varios estados en Grecia central en 293 AC. Las únicas partes que no poseía eran Esparta en el sur y Etolia en el oeste. Sin embargo, tuvo que hacer frente a las insurrecciones en Tesalia y Beocia, y existían fuertes indicios de que Pirro estaba involucrado.
Pirro rey de Épiro acudiendo al campamento de Demetrio con un yelmo con cuernos de macho cabrio.
Ambos amigos fueron enemistándose poco a poco. Deidamia, que podía haber actuado de mediadora entre su marido y su hermano, murió. Peor aún, Lanassa, ofendida ante la atención que Pirro dispensaba a sus esposas bárbaras, huyó a su isla de Córcira, y desde allí envió una invitación a Demetrio para casarse con ella, con Córcira como dote. Éste acudió y se casó con ella en el 209 AC, dejaron una guarnición en la isla, y posteriormente se dirigieron al palacio de Demetrio.
La guerra estalló finalmente en 291 AC. Durante este año, Tebas se rebeló por segunda vez contra Demetrio, probablemente instigada por Pirro. Mientras el monarca macedonio se dirigía en persona sofocar la rebelión, Pirro efectuó un movimiento de diversión invadiendo Tesalia, pero fue obligado a retirarse a Épiro ante las fuerzas superiores de Demetrio.
En 290 AC capituló Tebas, dejando a Demetrio libertad para enfrentarse a Pirro y sus aliados etolios. Siguiendo esta estrategia, invadió Etolia en la primavera de 289 AC. Tras arrasar los campos prácticamente sin oposición, marchó hacia Epiro, dejando a Pantauco con un poderoso destacamento al cargo de Etolia. Pirro avanzó a su encuentro, pero por un camino diferente, de modo que Demetrio entró en Epiro y Pirro en Etolia prácticamente al mismo tiempo. Pantauco le ofreció inmediatamente batalla, durante la cual retó al rey a combate singular. El reto fue inmediatamente aceptado por el joven, quien derribó a Pantauco, aunque el rey de Epiro fue herido, éste le pudo asestar dos terribles golpes a su oponente en la pierna y el cuello, de hecho Pantauco pudo salvarse gracias a la acción de su escolta personal. El resto del ejército de Pirro al ver el arrojo de su rey, cargó como uno solo haciendo huir despavoridos a los macedonios y capturando 5.000 de ellos, este dato da una idea de la magnitud del enfrentamiento.
Pirro no continuó hasta la capital macedonia sino que se volvió a Épiro, Demetrio, mientras tanto, no había encontrado oposición en Épiro, y durante la expedición conquistó la isla de Córcira, una vez saqueado el país, se volvió a Macedonia.
Esta victoria, no obstante, reportó más ventajas que las que parecerían obvias: los movimientos impetuosos y el atrevido arrojo del rey epirota recordaron a los veteranos del ejército macedonio a Alejandro Magno, allanando así para Pirro el camino al trono macedonio.
Después de celebrar la victoria y la restitución de su reino, Pirro se enteró que Demetrio se encontraba gravemente enfermo, era una oportunidad que no podía dejar escapar, y se lanzó a una pequeña campaña de saqueo para debilitar al macedonio. Ante el peligro, Demetrio sacó fuerzas de donde pudo y se dirigió a enfrentarse con Pirro que se retiraba con el botín, aunque consiguió escapar, en la huida perdió a todos los rezagados camino de Épiro. Pero se libró de la ira de Demetrio, ya que, lo que éste realmente anhelaba era unificar el antiguo imperio de Alejandro bajo su gobierno, por lo tanto firmó una rápida paz con Pirro y volvió su mirada hacia el este, avivando de nuevo el avispero del mediterráneo oriental.
Aunque el reino de Demetrio era menor que el del rey Lisímaco de Tracia, del rey Tolomeo de Egipto o del rey Seleuco de Asia, su ejército era tan grande como el de Filipo o Alejandro, y su marina era más fuerte. Por lo tanto, instaló a su hijo Antígono II Gonatas como gobernador de Grecia, y decidió lanzar un ataque frontal hacia el este contra el reino de Lisímaco, como si se tratara de un nuevo Alejandro.
Como respuesta, Ptolomeo embarcó su ejército y se dirigió hacia las costas griegas, mientras que Lisímaco atacó por Tracia, cerrando una especie de cepo en torno a Macedonia. Pirro fue instado por los diádocos contrarios a Demetrio a que rompiera su pacto y lo atacara, como se puede imaginar no pudo resistirse.
Mientras Demetrio estaba fuera, Pirro invadió Macedonia, tomó Berea y se posicionó allí con su ejército. Demetrio, que tenía que enfrentarse con reyes a su juicio más poderosos y con ascendencia macedonia, pensó que sería más fácil para su ejército combatir primero contra un rey mas débil como era Pirro, bueno eso pensaba él. La fama de Pirro ya era más que conocida y gran parte del ejército macedonio lo veía como el sucesor natural del Magno, sus cualidades guerreras y su benevolencia con los cautivos y prisioneros ya era una garantía para su prestigio. Aprovechando la situación, Pirro envió espías al campamento enemigo para terminar de convencer a los indecisos, y Demetrio cada vez más asustado temía realmente por su vida, no le quedó más opción que huir disfrazado para no caer en manos enemigas o algo peor.
Pirro acudió al campamento ataviado como un dios y luciendo un yelmo con cuernos de macho cabrío, los macedonios le aclamaron como su nuevo rey. Lisímaco no estaba lejos y mandaba un ejército temible, por supuesto también quería la parte que le correspondía, y de nuevo Macedonia se dividió en dos, ya que Pirro sabía que la euforia del momento pasaría y lo que menos le apetecía era una guerra abierta contra Lisímaco, Seléuco o Ptolomeo.
Hizo un viaje a Atenas para hacer un sacrificio a la diosa de la ciudad por sus nuevos territorios y títulos, pero con Demetrio desaparecido de escena, Lisímaco se volvió contra Pirro y le arrebató con suma facilidad lo que con suma facilidad había lo que él había conseguido. La cuestión es que no dejaba de ser un rey foráneo y no tenía la fidelidad absoluta de sus territorios en Macedonia, no se arriesgó, había conseguido botín, prestigio y algunos territorios nuevos, ya habría sitios que conquistar y anexionar a su reino.
En 286 AC, Pirro, inquieto como siempre, invadió Tesalia, que hasta entonces había permanecido leal a Demetrio y su hijo Antígono Gónatas. Puede que hubiese un cierto grado de coordinación con los atenienses, que atacaron la guarnición de Gónatas en el Pireo y se liberaron del dominio extranjero. Gónatas con se reino reducido a la Grecia Central y el Peloponeso, y se vio obligado a firmar un tratado de paz con Pirro, en la que tuvo que ceder la mayor parte de Tesalia. Pirro estaba ya en la cúspide de su poder.
Más tarde ese año, Lisímaco, Pirro, y Gónatas conocieron que Demetrio había sido tomado prisionero por Seleuco. Éste le trató manera justa y se encargó de que nunca le faltase de nada. Demetrio bebió hasta la muerte.
Con su enemigo común muerto, los antiguos aliados Pirro empezaron a pelearse entre ellos. El sur de Macedonia y Tesalia eran ahora parte del imperio de Lisímaco, que se extendía desde las Termópilas hasta el Danubio y desde el mar Jónico hasta el río Halis, en el centro de Turquía. Mientras que Seleúco controlaba Asia.
Al final resultó que era un imperio construido sobre arena. Seleuco solo necesitó una batalla, la de Corupedio en 281 AC, para derrocar a Lisímaco, que murió en el combate. Seléuco sería asesinado a su llegada a Europa, por un usurpador llamado Ptolomeo Cerauno. Ese mismo año obtuvo Corcira de nuevo, subyugó alguna de las tribus vecinas en las fronteras del Épiro septentrional e Iliria y probablemente también ganó el control de Apolonia, la colonia fundada por Corcira.
Cerauno era hijo de Euridice, la hija de Antipatro, y de Ptolomeo I, éste huyó con su madre a la corte de Lisímaco en Macedonia, debido a disputas con su padre sobre la sucesión, aunque era el primogénito, su padre se la concedió a su hermano debido a su mal carácter.
Tras la muerte de Seleuco había cuatro pretendientes al trono de Macedonia: Cerauno, Pirro, Antioco hijo de Seleuco y Antígono hijo de Demetrio.
Antígono trató de conquistar la Macedonia gobernada por Cerauno desde Grecia, reunió una gran flota y un potente ejército, pero ambos fueron derrotados.
Cerauno propuso casarse con Arsinoe, la hija de Lisímaco, adoptando a sus hijos como suyos, después de la ceremonia mató a los dos hijos de Arsínoe. Ésta huyó a Egipto y se casó con el otro hermano Ptolomeo II Filadelfos.
Pirro firmó una alianza con Cerauno, por el que éste le proporcionaría 5.000 infantes, 5.000 jinetes y 50 elefantes para su aventura en Italia.
Preparación de la campaña en Italia:
La causa de la guerra fue la expansión romana. En la batalla de Sentino (295 AC), los romanos habían derrotado a los samnitas y los etruscos, y habían comenzado a unificar Italia. Los romanos no estaban realmente interesados en el sur todavía, pero para entonces ya habían llegado a pensar en el conjunto de Italia.
Los lucanos que se encontraban en el “empeine” de la bota de Italia, estaban inquietos y amenazados por las ciudades griegas en el ”suela y tacón”, y pidieron ayuda a Roma en el 285 AC.
Mapa de las campañas de Pirro rey de Épiro en Italia y Sicilia.
Los romanos, probablemente sin darse cuenta de lo que estaban haciendo, estaban dispuestos a enviar ayuda a las ciudades de Turio, Regio, y Locri. Inmediatamente, las tropas romanas fueron atacadas por los griegos de Tarento en el 282 AC. Tarento era una antigua colonia griega llamada Taras, conocida por su riqueza, delicadeza y refinamiento.
En la primavera de ese mismo año, una escuadra romana de diez barcos violó el pacto de 303 AC, navegó hacia el norte del cabo de Lakinia y se acercó a Tarento. Los tarentinos, alentados por los republicanos, atacaron a la escuadra, hundido cuatro de sus buques, incluidos el buque insignia y capturaron a un quinto, junto con toda su tripulación, mientras que el resto de las cinco naves, huyó. Sin embargo no se detuvieron en este éxito. Marcharon contra Turio, la capturaron y la saquearon. La guarnición romana que estaba destinada allí fue expulsada junto con los aristócratas de la ciudad que tenía una posición pro-romana.
los romanos enviaron una embajada a Tarento con las demandas moderadas, debido a sus relaciones con las diversas naciones italianas eran aún inestables y que no deseaban abrir un nuevo frente contra los griegos. Los romanos estaban pidiendo la liberación de los prisioneros de guerra, el retorno de los exiliados de turios y su compensación, por sus fortunas habían pasado a manos de sus enemigos políticos y, finalmente, el castigo de los que les habían hecho daño. Sin embargo, cuando los enviados romanos llegaron en el Ágora de Tarento, la multitud no les permitió expresar su mensaje de libertad y los trató ofensivamente. Los embajadores regresaron furiosos y con las manos vacías, informaron a sus compañeros de sus impresiones tristes. Después de estos acontecimientos el Senado Romano votó a favor de la guerra contra la colonia griega. El cónsul Lucio Emilio Bárbula fue encargado de organizar un ejército contra los griegos.
La noticia de la declaración de guerra dividió a los ciudadanos de Tarento. Los aristócratas estaban a favor de la paz inmediata, mientras que las clases bajas estaban a favor de la guerra contra Roma. Sin embargo, incluso los partidarios de la guerra, que al final prevalecieron, estaban al tanto de las posibilidades militares de la ciudad y sabían que sin el apoyo de los aliados más fuertes, el ejército tarantino perecería contra las legiones romanas.
En 281 AC los tarentinos, enviaron una embajada a Pirro rey de Epiro, rogándole en nombre de todos los griegos italianos que cruzara el mar Jónico para combatir contra los romanos. Sólo le pidieron un general, bajo cuyo mando prometieron que pondrían a 150.000 infantes y 20.000 jinetes, ya que todas las naciones del sur de Italia se unirían bajo su estandarte.
Esta oferta resultó demasiado tentadora para ser rehusada, pues hacía realidad uno de sus tempranos sueños: la conquista de Roma le llevaría posteriormente a la soberanía sobre Sicilia y África. Después, le sería posible regresar a Grecia con las fuerzas combinadas de estos países para derrotar a sus rivales y reinar como señor del mundo. Además, se sentía en deuda con los tarentinos, pues éstos le habían suministrado apoyo naval en la reconquista de Córcira.
Embajada tarentina frente a Pirro rey de Épiro, a su lado esta su consejero Cineas el Teesalio. Autor Angel Todaro.
Contestó enseguida, ignorando las palabras de su sabio y fiel consejero Cineas. Pero, dado que no podía confiar el éxito de tal empresa al valor y fidelidad de las tropas italianas, empezó los preparativos para llevar un poderoso ejército propio. Estos preparativos le mantuvieron ocupado el resto del año y comienzos del siguiente. Los reyes griegos hicieron todo lo que estaba en su mano para favorecer sus designios, contentos de mantener alejado a un vecino tan peligroso. Antígono II le proporcionó barcos, Antíoco dinero y Ptolomeo Cerauno tropas. Pirro dejó a su hijo Ptolomeo, con 15 años de edad, a cargo del reino.
Mientras el cónsul Lucio Emilio Varvoula decidió actuar inmediatamente, ese mismo año 281 AC, invadió el territorio tarentino con sus legiones y consiguió victorias rápidas y fáciles contra las fuerzas que le enviaron a tratar con él. Posteriormente, conquistó unos fuertes y atacó el campo. Sin embargo, el cónsul romano, mostró respeto hacia los prisioneros de guerra y liberó a los ricos sin pedir rescate. Bajo la presión debido a los fracasos militares, el gobierno democrático que estaba a favor de la guerra contra Roma fue derrocado. Los aristócratas pro-romanos tomaron el control total y comenzaron inmediatamente negociaciones con el enemigo.
Embajadores tarentinos en el campamento romano frente al cónsul Lucio Emilio Bárbula. Autor Ángel Todaro.
Pirro tuvo que actuar en contra de los movimientos de los aristócratas tarentinos si quería mantener las hostilidades entre los griegos y los romanos. Así, en la primavera del 281 AC, envió Cineas el Tesalio, su asesor de confianza, a Tarento para preparar su llegada, acompañado por un contingente militar. Poco después, envió a Milo, uno de sus generales, con un destacamento de 3.000 epirotas que cuando llegaron se apoderaron de la Acropolis tarentina y sus murallas. Los democráticos fueron restaurados en el poder y las negociaciones se rompieron. Las legiones romanas abandonaron el territorio tarentino y se retiraron hacia Metaponte. A partir de ahí, continuaron su marcha hacia Venosa, donde tenían la intención de permanecer durante el invierno. Las hostilidades habían cesado, pero sólo temporalmente.
Después de haber completado los preparativos para la expedición, de haber consultado al oráculo de Zeus en Dodona y recibir una respuesta favorable, Pirro que contaba con 38 años, partió para Italia al final del 280 AC. Fue acompañado por sus dos hijos menores, Eleno y Alejandro, mientras que dejó a su primogénito Ptolomeo de 15 de años como regente en el Epiro. La fuerza expedicionaria ascendió 20.000 infantes, 3.000 jinetes, 2.000 arqueros, 500 honderos y 30 elefantes, según las fuentes. Una gran cantidad de barcos se había reunido para su transporte y los romanos no se atrevieron a acosarles mientras cruzaban ya que la Armada romana, sólo poseía dos escuadrones de 20 barcos cada uno y no tenía posibilidades contra la flota griega.
Tal era su impaciencia por llegar a Tarento y comenzar las acciones militares, que levó anclas antes de que finalizara la estación de las tormentas. Apenas había embarcado cuando estalló una violenta tempestad, que dispersó la flota. Su propia vida corrió peligro, y llegó a Tarento con apenas una pequeña porción del ejército. Después de un tiempo, los dispersos navíos empezaron a hacer aparición. Tras reunir las tropas, inició los preparativos para la guerra.
Llegada de Pirro a Tarento. Autor Ángel Todaro.
Al llegar se dio cuenta que el ejército prometido no existía, así que reclutó a todos los varones locales sin excepción, el que trató de evitar el reclutamiento obligatorio fue castigado con la pena de muerte. Los reclutas recibieron el equipo macedonio y fueron entrenados por oficiales experimentados del ejército epirota. Se les sometió a una instrucción severa y se les incrustó en unidades ya creadas, no creando nuevas unidades, con el fin de evitar futuras rebeliones, dado que la movilización no les hizo mucha gracia.
Sin embargo, el rey epirota no se detuvo en estas medidas militares. Tomó decisiones relativas a los aspectos de la vida cotidiana de los ciudadanos tarentinos. Los gimnasios, los parques y el teatro fueron cerradas. Los festivales, fiestas y bailes fueron abolidos y la Asamblea Tarentina fue disuelta. La ciudad finalmente se había convertido en un campo militar y la insatisfacción era evidente entre los ciudadanos. Algunos de ellos abandonaron la ciudad, rechazando a adaptarse en las nuevas condiciones de vida difíciles. Para prevenir una ola de deserciones más amplia, Pirro colocó guarniciones de soldados epirotas en cada puerta de la ciudad. Las medidas anteriores fueron duras pero necesarias para la creación de un ejército bien entrenado.
Los aristócratas intentaron explotar el descontento debido a las duras medidas, así como el comportamiento grosero de algunos soldados epirotas hacia las familias que los alojaban, y las peleas entre soldados.
Avance de Pirro contra Roma y despliegue de los ejércitos romanos.
Cuando los romanos se enteraron de la llegada de las tropas de Pirro a Tarento, formaron rápidamente cuatro ejércitos consulares.
*El primero de ellos se situó en Venusia, para tratar de impedir que samnitas y lucanos se unieran al ejército de Pirro.
*El segundo permaneció en las afueras de Roma, para defenderla si fuera necesario.
*Un tercer ejército marchó a terreno etrusco, para evitar una insurrección de apoyo a Pirro.
*Un cuarto ejército, al mando del cónsul Publio Valerio Levino se dirigió directamente a Tarento para derrotar a Pirro.
El ejército de Levino estaba sobredimensionado para los estándares del ejército consular romano. Tenía 4 legiones romanas y 4 legiones auxiliares de los. Casi el doble de un ejército consular normal.
Cada legión romana de aquella época, tenía unos 5.000 hombres, (1.500 hastatos, 1.500 principes, 800 triarios y 1.200 vélites u hostigadores provistos de jabalinas y lanzas). Las legiones auxiliares estaban estructuradas de forma similar a los romanos, aunque en un numero un poco menor, unos 4.000 soldados por legión. Además, los romanos tenían el refuerzo de 2.400 infantes ligeros brutianos, procedentes de Campania, 1.200 jinetes romanos y 5.000 jinetes aliados.