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Batalla de Heraclea y guerra de Pirro en Sicilia

Info2/15/2017




Buenas linces! Hoy les traigo otro post sobre la vida de Pirro y sus batallas. Espero que les guste








BATALLA DE HERACLEA (280 AC)



Preparativos:



Cuando Pirro supo que los romanos estaban amenazando Heraclea, decidió ir a su encuentro sin esperar a los refuerzos de sus aliados. Estaba decidido a enfrentar al enemigo sólo con los epirotas y los tarentinos que tenían tiempo para recibir una formación adecuada.

Según varias fuentes, el rey epirota intentó negociar con el cónsul Publio Valerio Levino, lo que sugiere a sí mismo como un árbitro para la solución de los conflictos romano-tarentinos. La respuesta del cónsul fue negativa: “Los romanos no eligieron a Pirro como arbitro y no le temen como un enemigo”. El conflicto armado era ya inevitable. Sin más demora, Pirro se dirigió a enfrentarse a las legiones enemigas que estaban cerca de Heraclea. Desplegó sus fuerzas al abrigo del rio Siris, ocupando los vados para que los romanos no pudieran cruzar el río, mientras esperaba la llegada de refuerzos samnitas, estableciendo su campamento entre las ciudades de Heraclea y Pandosia.

Pirro recorrió a caballo las orillas del río Siris para observar las posiciones romanas. Observando los movimientos de las formaciones enemigas, quedó impresionado por la excelente organización del campamento y en general por el orden y la disciplina del ejército romano. Según Plutarco, el rey epirota dijo a su amigo Megacles: “La disciplina de estos bárbaros no es tan bárbara”




Movimientos previos.



Los romanos, por su parte, fueron inusualmente agresivos. No querían que samnitas y griegos unieran sus fuerzas, así que decidieron a tomar la iniciativa. Levino mandó su caballería rio abajo, alejados de las posiciones epirotas para buscar un vado y cruzar el río.

Una vez cruzado el río, la caballería romana ataco de flanco a los hoplitas que ocupaban los vados, poniéndolos en fuga. Acto seguido, la infantería romana comenzó a cruzar el río.

Pirro reunió apresuradamente 3.000 de sus mejores jinetes macedonios y tesalianos, y marcho hacia el rio, para tratar de evitar que los romanos lo cruzasen. Cargaron contra los legionarios, pero ya era tarde, la mayoría de la infantería romana ya había cruzado el río por los vados y comenzaba a desplegarse.

Pirro da la orden de salir del campamento para presentar batalla a los romanos.







Despliegue inicial:







Ejercito romano:


Se componía de 39.200 infantes y 4.800 jinetes desplegados de norte a sur de la siguiente manera:

*Ala norte: 1.200 jinetes italianos del sur de Italia, 1.200 jinetes romanos y detrás de estos 1.200 infantes ligeros apulianos.

*Centro: 1ª legión romana, 1ª legión aliada, 2ª legión romana, 2ª legión aliada, 3ª legión romana, 3ª aliada, 4ª legión aliada, 4ª legión romana.

*Ala sur: 3.600 jinetes aliados y detrás 1.200 infantes ligeros campanos.



Ejercito de Pirro:


Se componía de 8.000 jinetes, 35.000 infantes, 30 elefantes desplegados de norte a sur:

*Ala norte: 3.000 jinetes tesalianos y detrás 10 elefantes.

*Centro: 3.000 hipaspistas mandados por Milón; 20.000 falangistas epirotas (molosos, tesprocios, caonios, ambraciotas incluyendo 5.000 soldados macedonios dados por Ptolomeo); 5.000 (mercenarios etolios, acamamos y atamanios de Grecia y también itálicos; 6.000 hoplitas tarentinos o “escudos blancos”.

*Ala sur: 4.000 jinetes tesalianos y macedonios; 1.000 jinetes tarentinos; 2.000 arqueros; 500 honderos de Rodas; 20 elefantes de guerra con soldados en sus torres.

Pirro se acercó al río y observó las formaciones de las falanges y le impresiono la evolución de sus movimientos.







Primera Fase:







Lo que siguió fue la primera batalla entre hoplitas y legionarios. Los legionarios lanzaron sus dos andanadas de pilum y a continuación buscaron el choque con la falange. Se produjo una serie de enfrentamientos, frustrantes para cada bando. Los legionarios se veían frustrados porque no podían romper el muro de hoplitas, los epirotas se veían frustrados porque cada vez que derrotaban a un manipulo, otro manipulo los flanqueaba y la línea de falangistas corría grave peligro de ser traspasada.




Falange epirota vista de frente. Los romanos lanzan la segunda salva de pilum y cargan contra la falange.




Choque entre la falange epirota y las legiones romanas. Estas eran incapaces de romper la formación de la falange.



Por suerte para Pirro, las legiones aliadas de roma no pudieron desplegarse convenientemente, lo que hubiera permitido a los romanos flanquear a la falange desde ambos flancos.

Durante largo tiempo, el resultado de la batalla fue incierto.

En un momento dado, un escuadrón de caballería romana del sur al mando de un tal Oplacodel, atacó a Pirro y sus escoltas, consiguiendo matar a su caballo y herir levemente al mismo Pirro, que tomó la acertada decisión de quitarse su uniforme real y hacer que se lo pusiera uno de sus oficiales, Megacles. La idea fue inteligente, dado que más tarde Megacles murió en combate a manos de un tal Dexio, que le quito el casco y el manto real y se lo llevo al cónsul romano Levino.




Oplaco ataca a Pirro con su lanza y consigue matar a su caballo y herirle levemente.



El rumor de la muerte de Pirro se propago por el ejército griego, empezó a cundir el desánimo en sus filas. Para evitar una debacle Pirro reaccionó con rapidez. Tubo que exponerse al peligro recorriendo sin su casco de combate las líneas propias para que las tropas le vieran, animando sin cesar a sus soldados y haciéndoles ver que estaba muy vivo.

Levino aprovechó la confusión para lanzar el resto de su caballería contra el flanco expuesto de la falange.







Segunda Fase:







Pirro vio llegado el momento decisivo e introdujo en el campo de batalla a los elefantes. Los romanos contemplaron con terror a las enormes bestias. Nunca podían haber imaginado que pudieran existir tales animales y los denominaron “bueyes lucanos”, porque a sus ojos se asemejaban a los bueyes y la batalla se estaba dando en la región de Lucania.

Los caballos romanos, asustados por los elefantes y por el fuerte olor que despedían, reaccionaron descontroladamente, huyendo del campo de batalla sin que sus jinetes fueran capaces de controlarlos.




Los elefantes de Pirro atacan a los romanos, los caballos romanos se descontrolan por el olor de los mismos.



Seguidamente, Pirro lanzo sus elefantes contra la infantería romana, ayudado por la caballería tesaliana. La presión era enorme para la línea romana, que empezó a ceder y retirarse, aunque lo hicieron ordenadamente. La retirada romana fue atenuada por un valiente legionario que en una audaz acción, cortó con su espada la trompa de un elefante, el cual con sus alaridos de dolor sembró el nerviosismo en el resto de sus congéneres, Pirro para evitar que este acto pudiera degenerar en algo peor, decidió dar por finalizado el hostigamiento a la retirada romana.

La infantería romana huyó, permitiendo a los griegos apoderarse del campamento romano. En las batallas antiguas, el abandono del campamento por el adversario significaba una derrota total pues suponía abandonar todo: material, animales de carga, vituallas y equipaje individual. Los legionarios supervivientes huyeron a la ciudad Apulia, abandonando parte de su equipo.







Secuelas:



La primera batalla entre la falange y la legión había dado la victoria a la primera, pero Pirro no se llevó a engaño. Tras la retirada romana, Pirro cabalgó entre los cadáveres del campo de batalla y observo que ningún soldado romano tenía heridas en la espalda. Ninguno había huido, ni siquiera ante los elefantes. Quedó impresionado por el coraje de los soldados enemigos y dio órdenes de que los muertos recibieran un entierro honorable.

Las pérdidas fueron enormes, 15.000 romanos y 13.000 griegos, Pablo Orosio dio las pérdidas romanas con una precisión sorprendente: 14.880 muertos y 1.310 presos por parte de los soldados de infantería, 246 jinetes muertos y 502 presos, así como 22 estandartes perdidos.

Se dice que Pirro tras la batalla exclamó: ”Otra victoria como esta y estaremos acabados”, aunque otras fuentes sugieren que fue: ”Otra victoria como esta y volveré solo a Epiro”.

Pirro pago muy cara su victoria. Perdió la mayor parte de sus mejores soldados y oficiales, los huecos que dejaron serían muy difíciles de rellenar.

Pirro se dio cuenta que su victoria se había debido al efecto sorpresa causado por los elefantes, y que ese efecto sorpresa no volvería a producirse.

Celebró su victoria con ofrendas votivas de armas de enemigos capturados en el horaculo nativo de Dodona. Una modesta tableta de bronce aún sobrevive con la inscripción votiva: ”El rey Pirro y los Epirotas y los Tarentinos a Zeus Naius de los romanos y sus aliados”. Envió su propia armadura y las cabezas de las bestias sacrificadas al templo de Atenea en Lindos en la isla de Rodas. Zeus de Tarento también recibió ricas ofrendas votivas y los tarentinos de igual modo enviaron ofrendas a Atenea para demostrar el significado de esta victoria sobre los bárbaros. Sobre las monedas tarentinas un pequeño elefante y una nike alada proclamaban la victoria que ellos habían ganado juntos.

El general griego propuso a los presos romanos unirse a su ejército, como se hacía en Oriente con los contingentes mercenarios, pero éstos se negaron.
Esta victoria trajo consigo notables consecuencias. Los aliados de Pirro, que hasta entonces se habían mantenido a una prudente distancia, se unieron al rey, e incluso varios súbditos de Roma abandonaron su causa. Consiguió ganarse a su bando a los brucianos, lucanos y samnitas.

Pirro envió a su consejero Cineas a Roma con propuestas de paz, mientras él reunía las fuerzas de sus aliados y marchaba lentamente hacia la Italia Central.




Cineas el Tesalio en Roma. Despues de la batalla de Heraclea, Pirro envió a Cineas como embajador a Roma, y se dirigió al senado Romano.



Cineas llevó costosos regalos con él a Roma que él ofreció a los más influyentes personalidades y sus esposas y niños. Pero en la ignorancia de la tradición griega tomaron éstos como un intento de soborno y rechazaron los regalos. No obstante, una mayoría en el Senado parece haberse inclinado a aceptar las indudablemente duras condiciones del rey moloso, debido a que su propia fortaleza parecía terminada. Ya que Pirro había dejado claro que buscaba la paz, sin duda esperaban que futuras negociaciones pudieran lograr algunas concesiones. Fue solamente cuando Apio Claudio Caeco, ahora casi ciego, se pronunció en contra de las propuestas de paz que el Senado las rechazó. Desde la construcción de la Vía Apia, que había recibido su nombre de él, había tenido un interés particular en la Campania y el sur de Italia. Su discurso debió ser notablemente vívido y persuasivo, ya que el senado rechazó la negociación con Pirro.




Apio Claudio el Ciego dirigiéndose al Senado Romano, logrando convencerlos para que no aceptasen las negociaciones de Pirro.



Mientras tanto Levino no se aventuró a atacar a las fuerzas del enemigo, sino que se contentaba con hostigar su marcha y retrasar su avance mediante ágiles escaramuzas. En respuesta, Pirro prosiguió el avance a una marcha más lenta pero firme sin encontrar al frente digna oposición, intentó tomar Capua y Nápoles, pero los romanos las habían dejado fuertemente guarnecidas, así es que siguió el avance hasta llegar a Preneste, que capturó. Se hallaba a sólo 35 km de Roma, mientras sus avanzadillas llegaban hasta 9 km al este de la ciudad. Una nueva marcha le habría llevado a las murallas de la ciudad, pero frenó su avance, dado que se enteró de que en la ciudad habían hecho unos intensos preparativos para la defensa.

Para colmo de males, se enteró de que los romanos habían firmado la paz con los etruscos, y de que el otro cónsul Tiberio Coruncanio, había regresado con su ejército a Roma. Se desvaneció toda esperanza de acordar la paz con los romanos, con lo que Pirro decidió retroceder lentamente a Campania. Desde ese lugar se retiró a sus cuarteles de invierno en Tarento, y ninguna otra batalla fue librada ese año.

El primer éxito militar de Pirro tuvo consecuencias de largo alcance, pues ahora no solo los lucanos, samnitas y brutios, sino también las ciudades griegas, que se habían mantenido tan apartadas, declararon abiertamente su apoyo al vencedor liderados por la ciudad de Crotona. Cuando Pirro apareció a las afueras de Locri los ciudadanos precipitadamente entregaron a la guarnición romana, pero Pirro inmediatamente dejó que 200 hombres fueran liberados sin pedir rescate. Regio, cuyos habitantes también querían unirse a Pirro, solamente pudieron mantenerse leales a Roma mediante el ejercicio de la fuerza bruta sobre la parte de las tropas campanas estacionadas allí y mediante el asesinato de los más influyentes de sus ciudadanos.

Tan pronto como los ejércitos se acuartelaron para pasar el invierno, los romanos enviaron una embajada a Pirro al frente del oficial romano Cayo Fabricio Luscino, con la intención de tantear el rescate de los prisioneros romanos o su intercambio por un número similar de prisioneros tarentinos o aliados. El embajador fué recibido por Pirro con la mayor distinción, y sus entrevistas dieron lugar a una de las más célebres historias de los anales de Roma, embellecida y relatada de distintas maneras por poetas e historiadores.

Pirro intentó comprar al oficial romano tentándole con riquezas, un puesto un su ejercito pero fracasó, finalmente Pirro viendo la honestidad de éste oficial, permitió que los prisioneros fueran a Roma a celebrar las Saturnales, estipulando que regresaran a Tarento si el Senado Romano no aceptaba los términos que les había ofrecido previamente a través de Cineas. Como el Senado permaneciera firme en su resolución, todos los prisioneros regresaron a Pirro, bajo la amenaza de ser condenados a muerte si permanecían en la ciudad.







GUERRA DE PIRRO EN SICILIA (278-276 AC)



Antecedentes:



A la muerte de Agatocles, se había producido una guerra civil entre Tenón y Sóstrato, la ciudad se encontraba indefensa ante la invasión púnica, y ambos generales buscaban el apoyo de Pirro. Desde las ciudades sicilianas de Agrigento, Siracusa y Leontini fueron enviadas embajadas a Pirro, suplicando por su ayuda contra cartagineses y mamertinos. Para Pirro, era una oferta muy atractiva. En Italia no estaba consiguiendo su objetivo de acabar con el poder de la Republica Romana, y no quería volver al Épiro o Macedonia, que estaba siendo amenazada por una invasión de celtas desde Galacia.

Pirro, que se encontraba en Tarento, esperaba poder dominar Sicilia y crear allí un reino estable, que pondría bajo mando de su hijo Alejandro. Alejandro era nieto por vía materna del tirano Agatocles de Siracusa, lo que le convertía en un pretendiente ideal para reclamar el trono siracusano. Parece que Pirro deseaba usar Sicilia como cabeza de puente para invadir África, mientras dejaba Sicilia bajo control de su hijo.

Como era usual, Pirro envió a Cineas a Sicilia para conocer el estado de las cosas en la isla antes de llegar a ella. Esto no gusto a los habitantes de Tarento, que exigieron a Pirro que cumpliera con lo pactado con ellos, que continuara la guerra contra Roma en la península itálica o que abandonara con su ejercito la seguridad que ofrecían los muros de la ciudad.

Pero Pirro no tenía la más mínima intención de abandonar Tarento o alguna otra de las polis griegas de la Magna Grecia en la que se encontraban acuarteladas parte de sus tropas.

Mientras Pirro calculaba sus posibilidades de ocupar Sicilia,el almirante cartaginés Magón ofreció enviar 120 buques para colaborar con sus aliados romanos en el control del vital estrecho de Mesina. El senado romano convocó al almirante Magón para discutir los términos del tratado que uniría a ambos, romanos y cartagineses, contra las ciudades sicilianas rebeldes y su nuevo aliado, Pirro.

Los términos del tratado (básicamente, un tratado de ayuda mutua militar) obligaban a ambos firmantes a marchar en ayuda del otro si era invadido. No importaba quien fuera el que pidiera ayuda, los cartagineses estarían obligados a aportar la flota para transportar a ambos ejércitos, si fuera necesario, aunque cada cual tendría a su cargo el mantenimiento de su propio ejercito.

Ademas, los cartagineses ayudarían siempre a los romanos en los combates navales que se produjeran contra cualquier enemigo, mientras que los romanos no estaban obligados por los términos del tratado a realizar la misma operación. Es decir, según los términos del tratado, los cartagineses estaban obligados a ayudar a los romanos siempre, y a poner su flota a su disposición, mientras que los romanos no estaban obligados a ello. Tras firmar el tratado con el senado romano, el almirante Magón se dirigió en secreto a Tarento, en donde se encontraba Pirro acuartelado con sus tropas.
Aparentemente, Magón quería buscar un entendimiento pacifico entre Cartago y Pirro, aunque en realidad lo que estaba buscando era conocer las intenciones de Pirro con respecto a Sicilia. Y quería convencer a Pirro para que no desembarcara en Sicilia y se mantuviera en Italia combatiendo a los romanos.

Cartago se mantuvo muy activa diplomaticamente, y también firmó un tratado con los mamertinos. Enviaron a Mesina una flota tripulada por marinos cartagineses y 500 soldados romanos para tratar de disuadir a Pirro de que desembarcara en Sicilia.

Pirro retiró sus tropas del interior de Italia y las concentró en los alrededores de Tarento.







Conquista de Sicilia:



A finales del verano del año 278 AC, Pirro zarpó de Tarento hacia Sicilia. Antes de abandonar Italia, protegió su retaguardia dejando fuertes guarniciones en las ciudades de la Magna Grecia, en el sur de Italia, al general Milo lo dejó a cargo de Tarento, y a su hijo Alejandro con otra guarnición en Locri.

La flota de Pirro se dirigió en primer lugar a Locri, en donde dejó a su hijo Alejandro al mando de una fuerte guarnición. La flota de Pirro estaba compuesta de 60 trirremes, además de unos 200 de buques de transporte para trasladar su fuerza de invasión a Sicilia, fuerza de invasión compuesta de 10.000 soldados de infantería (de los cuales 5.000 serían falangitas epirotas), además de 1.200 de caballería y unos 30 elefantes.




Mapa de la campaña de Pirro en Sicilia.



En el verano del 278 AC, Pirro al mando de una fuerza compuesta por 8.000 infantes y 500 jinetes (posiblemente su agema o guardia personal), consiguió eludir el bloqueo cartaginés sobre el estrecho de Mesina y desembarcó en la costa este de la isla, en las cercanías de la ciudad de Tauromenium (actual Taormina), donde el reyezuelo local se apresuro a declarar su lealtad al rey epirota.

Desde allí la flota navegó hasta Catana (actual Catania), donde los ciudadanos le recibieron con gran entusiasmo y le pusieron una corona de oro, creyendo que Pirro había llegado para librarles de los odiados cartagineses. Allí en Catana pudo reclutar más de 3.000 hombres para su ejército, dirigiéndose a continuación hacia la asediada Siracusa, con el ejército avanzando por la costa apoyado por su flota.

El ejército cartaginés llevaba meses asediando la mayor ciudad de la isla, Siracusa, con un ejército de 50.000 hombres y un centenar de barcos de guerra. Pero el rápido avance de Pirro cogió a los cartagineses por sorpresa, y Pirro desembarcó sin oposición en la isla de Ortigia, que controlaba la entrada al puerto de Siracusa, con la ayuda de la flota siracusana, unos 140 barcos, la flota de Pirro pudo romper el bloqueo naval cartaginés.

Tras desembarcar en Siracusa, arbitró en la paz entre Tenón y Sóstrato, y recibió soldados y dinero de otros gobernadores griegos sicilianos, como Heráclides tirano de de Leontino que envió a Pirro un ejército de 4.000 soldados de infantería y 500 jinetes.
Aunque seguían teniendo una gran ventaja numérica, los cartagineses sabían que tenían pocas opciones de derrotar a las tropas de Pirro. Abandonaron el asedio y empezaron a retirarse hacia el oeste de la isla.

Tras ocupar Siracusa, Pirro se dirigió a Leontini, que ocupó sin lucha. Después se dirigió a Akragas (Agrigento), donde se encontraba el tirano Sosistrato, que puso Agrigento y una treintena de villas y pueblos que controlaba a disposición de Pirro. Allí consiguió Pirro más de 8.000 infantes y 800 jinetes, que integró en su ejercito. En Agrigento, Pirro recibió la buena noticia que los ciudadanos de Enna habían degollado a la totalidad de la guarnición cartaginesa y proponían aliarse con el epirota.

Con los refuerzos conseguidos, el ejercito de Pirro ascendía a mas de 30.000 soldados de infantería, 2.500 de caballería y 30 elefantes.

Las siguientes ciudades en caer fueron Heraclea, Selinus, y Segesta, cuando los mercenarios cartagineses huyeron sin poder hacer nada por miedo a los elefantes, estos mercenarios se encontraban en territorio hostil y eran cazados y perseguidos tanto por el ejército de Pirro, como por los sikel o partisanos locales, las bajas púnicas debieron ser muy numerosas aunque no hubiese batallas campales.

Los restos de las fuerzas púnicas huyeron a las ciudades amuralladas costeras del noroeste oeste como Lilibeo, Eryx y Panormus. Los púnicos se alarmaron de tal forma ante su éxito que le ofrecieron barcos y dinero, a condición de que formara una alianza con ellos, a pesar de que no hacía mucho que habían firmado un tratado con Roma. De forma poco inteligente, Pirro rechazó la oferta, que le habría reportado inmensas ventajas en su prosecución de la guerra contra Roma, y a instancias de los griegos sicilianos rehusó cualquier tipo de pacto con los cartagineses si no evacuaban la isla por completo.

En Eyrx, Pirro dirigió el asalto a través de una brecha y toda la guarnición cartaginesa fue pasada a cuchillo.




Asedio de Eryx . Guerra de Pirro en Sicilia.



El único bastión que les quedaba a los cartagineses era Lilibeo (Lilybeum, actual Marsala) que se estaba al final de un istmo y difícil de abordar. En lugar de correr riesgos en asaltos, Pirro se limitó a bloquear el puerto y asediar la ciudad, reunió a sus veteranos para cuidar de la única otra seria amenaza para su control de Sicilia, los Mamertinos.







Los Mamertinos:



Los mamertinos eran eran originalmente mercenarios de Campania contratados por Agatocles en sus guerras contra Cartago durante el siglo anterior. A su muerte, emercenarios fueron pagados y se les dijo que volviesen a sus casas. Marcharon a Mesina en el 288 AC, y decidieron quedarse allí, mataron a la población masculina de la ciudad y tomaron el nombre mamertinos (hombres del dios de la guerra Mamers). Controlaron el tráfico del estrecho de Mesiana, capturaban barcos comerciales desprevenidos en el estrecho, llevando el botín a su base. Capturaban prisioneros y exigían rescates y también formaron bandas de bandidos para extorsionar el campo local.

Los Mamertinos estaban siendo ayudados por los cartagineses que obviamente deseaba para provocar un “segundo frente” contra Pirro y “ganar tiempo” en Lilibeo. Los sicilianos llamaron a Pirro para deshacerse de esta plaga.

Reunió sus mejores tropas y se dispuso acabar con los mamertinos, y tomar fortalezas. Los mamertinos hicieron una valiente salida, tratando de presentar una batalla campal, pero fueron fácilmente derrotados y se refugiaron tras las murallas de Mesina. La ciudad fue asaltada y los mamertinos muertos o expulsados.

Finalizado el problema mamertino, Pirro fue anunciado como “rey de Sicilia”. Su hijo Alejandro, fue designado como heredero y su dinastía parecía segura.




Los sicilianos proclamando a Pirro rey de Sicilia tras derrotar a los mamertinos.







Asedio de Lilibeo:



Las fuerzas epirotas se reunieron de nuevo delante de Lilibeo con un tren de asedio completo y Pirro ordenó un asalto a las obras exteriores. Los ingenieros púnicos no habían estado ociosos, y habían allanado el terreno del istmo y habían construido máquinas de guerra y torres de asedio. Los infantes se lanzaron al asalto con los equipos, pero fueron rechazados por el volumen de fuego enemigo. Incluso los veteranos epirotas fueron incapaces de avanzar contra las murallas. Pirro trató de noquear a las torres con su propia artillería, pero con poco éxito. La flota cartaginesa apoyaba a la ciudad llevando suministros y acosando a los sitiadores.




Asalto de Lilibea o Lilibeo por las fuerzas de Pirro.



Pirro comenzó a maldecir a los siracusanos respecto a las naves que estaban sin utilizar en el puerto. Los atacantes suspendieron sus ataques suicidas y volvieron a las operaciones de minado en el suelo rocoso, pero los defensores realizaron obras de contraminado y frustraron cualquier progreso.
Tras más de dos meses de operaciones sin conseguir ningún avance, y a medida que aumentaban las bajas en los soldados locales, estos eran cada vez menos entusiastas para iniciar asaltos, y exigían que los realizaran en primer lugar las fuerzas de Pirro. Finalmente el asedio fue cancelado y el aura de invencibilidad de Pirro quedó empañada.







Final de Pirro en Sicilia:



Pirro gobernó la isla siciliana con carácter autoritario, ignoraba a las autoridades indígenas de las ciudades poniendo al mando gente de su confianza, quitándoles y poniéndoles nuevos a voluntad. Los habitantes de las ciudades greco-sicilianas, muy celosas de su autonomía, veían ya en Pirro, a un dictador, y esta era una cosa que no iban a soportar.

Empezaron a plantearle problemas de todo tipo a Pirro, y este muy quisquilloso respondió represaliando a los revoltosos, hecho que no gustó nada a los sicilianos, los cuales decidieron aumentar la presión de hostigamiento.

Además Pirro decidió crear una gran flota y trasladar la guerra contra Cartago a sus dominios en África, lo que suponía más gastos, así que estaba más que harto del comportamiento hostil de los habitantes de la isla, decidió que la empresa de Sicilia ya no daba más de sí, así que aprovechando los lamentables llamamientos de auxilio de los tarentinos, en el año 276 AC. Cuando dejó la isla exclamó ”Bonito campo de batalla dejo para romanos y cartagineses”.







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