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¿Que hacían con las mujeres detenidas en la dictadura?

Info•2/22/2017
“La violación a las compañeras delante de sus compañeros eran desafíos de macho a macho” Sofía D’Andrea es una sobreviviente de la última dictadura militar que volcó esa experiencia, su enorme sensibilidad y su saber de periodista especializada en género en el apoyo a la cobertura de los recientes juicios de lesa humanidad en Mendoza. En esta nota habla de cuál era la mirada que la dictadura tenía sobre el género y cómo la discriminación se plasmó en formas específicas de tortura y abusos sexuales según los destinatarios fueran mujeres o varones. -¿Cómo evaluás desde tu propia experiencia de detenida y de periodista especializada en género el vínculo entre dictadura y género, particularmentedest1sofia la violencia sexual durante las detenciones y desapariciones de personas? -Tendríamos que verlo en dos niveles. Por un lado cómo desde el poder se reforzó el esquema patriarcal, el conservadurismo ultracatólico. La iglesia nos ve a las mujeres como madres, en el servicio a los demás, refuerza permanentemente el rol reproductivo y procreador de mujeres e invisibiliza el ser autónomo, con vida propia, que no depende de su capacidad procreativa para ser. La dictadura reforzó muchísimo esta mirada. Recordá que cuando interpelaba a las mujeres en un spot famoso, les decía: “¿Usted sabe que está haciendo su hijo?” Y el tema de la familia alrededor de eso, reducir a los sujetos a lo privado. Y a la vez reforzar los valores de la institución militar, donde la subordinación y la sumisión son fundamentales. -¿Cómo se reprodujo esta mirada de la dictadura en los ámbitos de encierro? -El tema de la jerarquía y la obediencia era clave en el encierro. Y había que sumarle, en el caso de las mujeres, la condición de género. Esto de que estas mujeres que estábamos ahí habíamos transgredido todo lo posible nuestro rol dentro de la familia, nos despegamos de nuestro rol de madres, estábamos dispuestas s incursionar en lo público y político y con ideas que transforman la sociedad. La institución militar es negadora, toda idea que transforme el estatus quo es rechazada. Son esencialmente conservadores. Y nosotras veníamos a romper, tal vez mucho más que los varones. El trato con los varones era de humillación y sometimiento, pero de igual a igual. Te das cuenta en el vocabulario; durante las torturas les decían “A ver cómo te aguantás si sos macho”. Pero nosotras éramos tremendamente despreciadas, no éramos iguales. -¿Este desprecio se plasmó en la violencia sexual? –La violación a las compañeras delante de sus compañeros eran desafíos de macho a macho. En los juicios de Mendoza recuerdo un caso en este sentido: una compañera a la que violaban con su compañero al lado. Cuando declaró, él dijo que sentía que le estaban meando el territorio, que era un mensaje para él, no pensaba en el sufrimiento de ella. Una mirada super machista de su parte, no se estaba poniendo en el lugar de la otra que fue violada. Pero por otra parte, los varones sufrieron vejaciones, violaciones concretas, pero con objetos. Un compañero me contó que los militares mientras los violaban les decían “O salís muerto o salís puto”. La penetración tiene desde la cabeza de mis compañeros el valor de “Te estoy poseyendo, te estoy haciendo mujer”. Sentían que eran tratados como mujeres. Y sobre la penetración, a algunos con resabios homofóbicos, les produce mucha vergüenza contar. Dicen solamente “milicos hijos de puta”. En los juicios hablaron tres, pero fue el fruto de haberlos preparado mucho tiempo con otras compañeras feministas. También hablaron dos mujeres sobre la violencia sexual y hay muchas otras que dicen eufemismos como que “el abuso era permanente” porque no quieren contar. -¿A las mujeres se las culpabilizaba durante las torturas? -Si para los varones el argumento era que ibas a dejar de ser macho, en el caso de las mujeres era picotear sobre “¡Qué barbaridad! ¿No pensás en tu padre, tu madre, tus hijos?” Y esta culpa la ponían siempre en relación a un varón de la familia o a la familia en general. -¿La violación operaba como castigo? -Claro, era también el castigo por la insubordinación. -¿Cómo observaste la tarea de la justicia en relación a visibilizar la especificidad de la violencia sexual y la discriminación de género? -Siempre la Fiscalía y los querellantes indagan en más detalles que los jueces. Pero a todos les cuesta hablar, incluso sienten que el silencio sería una señal de respeto porque el tema mella la dignidad de las mujeres. -¿Cómo creés que deberían ser estos espacios de interrogación? -Creo que se debería hacer un protocolo para estos interrogatorios, que ni bien una persona dice a mí me abusaron, ya se la interrogara de acuerdo a un protocolo. Yo fui detenida en Jujuy y estuve en Coordinación Federal, pero las compañeras que estuvieron en el circuito de Mendoza me dijeron que muchas mujeres que atestiguaron en los juicios de mi provincia habían sido violadas y sin embargo no dijeron nada en sus testimonios. Decían “Ay, prefiero no acordarme”. Estamos haciendo un video de ex presas de Mendoza y nos reunimos sólo mujeres a charlar para prepararlo. En esos encuentros surgió la condición de madre de muchas de ellas -si les habían sacado a los hijos, si estaban embarazadas cuando las detuvieron-, pero de ataques sexuales no salió nada. -Es muy difícil volver a relatarlo. -Es terrible, ahí te das cuenta cómo te reviven los juicios. El que atestigua no recuerda, revive. Y lloran y lloran. Los varones también lloran y lloran, aunque no hablen de abuso sexual, porque ¿quién no presenció la muerte de un compañero al lado? Entonces para el video que estamos armando, estamos pensando en tomar el audio de los juicios, para no volver a pedir testimonios. Compañeras que relataron las violaciones en los juicios, como Silvia Ontivero y Rosa Gomez, ya no quieren hablar más, no quieren quedar estigmatizadas en esa situación que vivieron. Sí comparten la idea de que esto se sepa, entonces aceptan que otras contemos la historia de ellas en forma colectiva. Algunas jovenes detenidas y desaparecidas durante la ultima dictadura militar. Marta Elina Libenson Desaparecida en 1980 a los 22 años. Lucila Adela Revora Estudiante de psicologia militante de montoneros, desaparecida en 1978 a los 25 años. Graciela Estela Alberti Estudiante de arquitectura militante de montoneros, desaparecida y torturada en 1980 a los 26 años. Foto tomada durante su estadía en la ESMA después de ser torturada. Susana Beatriz Pegoraro Estudiante universitaria militante de la juventud peronista, desaparecida en 1977 a los 21 años. María Angélica Sabelli Estudiante universitaria, empleada y profesora de matematicas y latin, guerrillera según testimonios experta en recargar fusiles y portadora de una gran punteria, apodada "la petiza", detenida durante meses y posteriormente fusilada en 1972 a los 22 años en la conocida masacre de Trelew. Elisabeth Kaesemann Sociologa nacida en Alemania y solidarizada con Latinoamerica, secuestrada y asesinada en 1977 a los 30 años. Dagmar Ingrid Hagelin Estudiante sueca de 17 años, fue a visitar a una amiga sin saber que esta habia sido detenida la noche anterior y se encontro con militares que estaban ocupando la casa, al querer detenerla se resistio y fue fusilada en plena calle. La pelicula sueca "Los dueños del silencio" retrata su desaparición y los tramites del gobierno de Suecia para esclarecer el tema. Viviana Avelina Blanco Kraitzman Recibida de psicologia y estudiante de meteorologia, militante del partido peronista, desaparecida en 1976 a los 27 años. Dora Maria De Lujan Acosta Duran Maestra y estudiante de filosofia, desaparecida en 1977 a los 25 años. Jorgelina Aquilina Avalos Ama de casa de nacionalidad paraguaya española, desaparecida en 1977 a los 34 años. Julia Angélica Brocca Ama de casa cordobesa y madre de 2 hijos de 1 y 3 años, desaparecida en 1976 a los 29 años. Irene Bruschtein Militante del partido revolucionario de los trabajadores, secuestrada y desaparecida en 1977 a los 21 años junto a su hermana de 24. Laura Estela Carlotto Estudiante universitaria de historia, desaparecida en 1977 a los 23 años, dio a luz durante su estadia en prisión. Liliana Teresa Certo Estudiante secundaria reconocida por sus notas sobresalientes, descrita por sus familiares como una chica timida y solitaria, fue secuestrada en su casa frente a sus padres por 5 policias armados a la edad de 16 años. Inés Adriana Cobo Desaparecida en 1976 a los 22 años. Laura Lia Crespo Estudiante de odontologia, militante por el partido comunista, desaparecida en 1977 a los 25 años. Según testimonios era acosada y abusada sexualmente por militares, si se resistía torturaban a su pareja que también se encontraba detenido. María Cristina Da Re Estudiante de arquitectura y militante por la juventud peronista, desaparecida en 1977 a los 25 años. Silvia de Raffaelli Ama de casa, secuestrada en 1976 a los 28 años. Georgina Graciela Droz Estrada Santafesina de 35 años, psicopedagoga y docente en la universidad de Salta, solidaria y alfabetizadora en barrios carenciados, fue detenida y secuestrada el 24 de diciembre de 1974, en julio de 1976 junto con otros prisioneros fueron obligados a descender en un paraje, donde la mayoría fueron fusilados excepto ella y otra detenida, ambas fueron puestas en un automóvil y dinamitadas. Marianne Erize Modelo francesa argentina, militante por la juventud peronista y montoneros, desaparecida, torturada, violada y asesinada en 1976 a los 24 años. Beatríz Le Fur Nacida en Avellaneda, estudiante de profesorado de jardin de infantes, desaparecida en 1976 a los 26 años. María Esther Lorusso Lammle Ciudadana peruana, trabajadora textil, desaparecida en 1976 a los 22 años. Beatriz Ofelia Mancebo Psicologa perteneciente a la Iglesia Metodista de Capital, detenida en la via publica en 1977 a los 25 años, de ahí permanece desaparecida. Griselda Ester Betelu Psicologa empleada en Dgi, militante de la juventud peronista, embarazada de 3 meses cuando fue secuestrada en 1977 a los 29 años. Maria Isabel Gau Estudiante de biologia en la Universidad de La Plata, militante de montoneros, desaparecida y asesinada en 1976 a los 24 años.
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