InicioInfoVeni a conocer sobre las batallas de Asculum y Benevento!

Veni a conocer sobre las batallas de Asculum y Benevento!

Info2/21/2017
Buenas linces! Hoy les traigo mas batallas, esta vez las de Asculum y Benevento. Espero que les guste BATALLA DE ASCULUM: ANTECEDENTES: Después de la ruptura de las negociaciones con Roma, Pirro reforzó su capacidad militar y también reclutó nuevos mercenarios, la mayoría de Italia Meridional. Como es natural las ciudades griegas, en nombre de cuya libertad e independencia, después de todo, estaba siendo asumida toda la campaña, estaban ahora llamados a financiar las operaciones. Tarento tuvo que reducir el peso medio de sus estáteras de plata desde 7.9 a 6.5 gramos de manera que podía acuñar más moneda. El llamado Templo de los Archivos de Locri muestra cuán inmensas sumas de dinero consiguió obtener también Pirro en otros lugares, y revela también cuán ricas y florecientes eran esas ciudades. Con la enorme suma que consiguió podían pagarse a aproximadamente 20-24.000 mercenarios su acostumbrado dracma diario durante seis años. En la primavera de 279 AC, Pirro marchó lentamente hacia el norte a través de Apulia con un ejército reforzado por sus aliados tomando una serie de pequeñas ciudades en su camino. Los romanos pusieron en marcha un nuevo ejército consular para atacar a Pirro, estaba al mando de Publio Sulpicio y Publio Decio Mus, que recibieron la orden de ir directamente contra Pirro que se encontraba en la región de Apulia, con el fin de proteger las colonias de Venusia y Luceria e impedir que el rey entrara hasta el Samnio y desde allí amenazara a la misma Roma, Ambos ejércitos se encontraron cerca de la ciudad de Asculum, a 130 km de Tarento. Los romanos aprovecharon para elegir un terreno favorable, ocupando las alturas y bastantes boscoso para impedir el uso de la caballería. En este segundo encuentro entre las falanges macedonias y las legiones romanas, ambos ejércitos estaban en igualdad numérica. Los romanos tenían un mayor número de infantes pero menor número de jinetes y elefantes. Después de la batalla de Heraclea, donde los elefantes de guerra griegos produjeron un gran impacto sobre los romanos, las legiones se surtieron de proyectiles y armas especiales contra los animales: 300 carros de bueyes equipados con largas picas, recipientes de cerámica ardiendo para asustarlos, además de tropas que se desplegaban para proteger al resto del ejército y lanzar jabalinas y otros proyectiles contra las bestias para que retrocedieran. Despliegue inicial: El despliegue de los dos ejércitos enfrentados fue el siguiente: Ejercito de Pirro: Constaba de 9.000 jinetes, 40.000 infantes, 20 elefantes y desplegó: *Ala izquierda: 3.500 jinetes ambracios, lucanos y tarentinos, apoyados por 1.000 infantes ligeros. *Centro: 9.000 hoplitas samnitas; 5.000 hoplitas mercenarios (etolios, acarnanios, atamanios y alamanios), 5.000 falangistas epirotas (molosos, tesprotos y caones) 5.000 hoplitas tarentinos o “escudos blancos”, 5.000 falangistas brutios, lucanos y salentinos, 5.000 falangistas italiotas y 4.000 falangistas macedonios *Ala derecha: 3.500 jinetes brutios, samnitas, tesalios y macedonios apoyados por 1.000 infantes ligeros. *Retaguardia: a izquierda y derecha 10 elefantes protegidos por 1.000 infantes ligeros. En el centro Pirro con su Agema (guardia personal) de 2.000 jinetes. Ejercito Romano: Constaba de 8.000 jinetes, 40.000 infantes, 300 carros. 5.000 arpinos de refuerzo desplegó: *Ala izquierda: 4.000 jinetes y 1.000 infantes ligeros apulianos *Centro: II, IV, III y legiones romanas (20.000) y 4 legiones aliadas (16.000) intercaladas. *Ala derecha: 4.000 jinetes y 1.000 infantes ligeros campanos. Retaguardia: 300 carromatos e 1.000 infantería ligera. Los Carromatos Dionisio de Halicarnaso: “Tenían, montados sobre vigas rectas, mástiles trasversales que podían ser girados fácilmente hacia donde uno quisiera con la velocidad del pensamiento, – en los extremos de los mástiles había tridentes, máquinas en forma de espadas para lanzar proyectiles o guadañas todas de hierro, – o bien tenían una especie de rastrillos que lanzaban desde arriba pesados garfios. Muchos mástiles tenían atados unos ganchos inflamables envueltos en estopa engrasada con mucha pez, que sobresalían por delante de los carros, y los hombres que estaban en ellos, cuando se encontraban cerca de los animales, prendían fuego a los ganchos y los golpeaban contra sus trompas y rostros. Situados en los carros, que eran de cuatro ruedas, había también muchos de la tropa ligera -arqueros, lanzadores de piedras y honderos de dardos de hierro; y abajo, al lado de los carros, había todavía muchos más”, Había una legión de 5.000 arpinos (aliados romanos del Lacio) que no se habían incorporado a la batalla y que llegaron cuando ésta había comenzado. La I legión se desplegó frente a las falanges de Ambracia y Macedonia; la II frente a samnitas; la III contra tarentinos, brutios y lucanos y la IV mercenarios y epirotas. Primer dia: Primera fase: La batalla se desarrolló tras cruzar las tropas romanas arrollo que estaba en el medio. Primero la caballería y detrás las legiones. Pirro mando a atacar su caballería. Su ala izquierda (jinetes ambracios, lucanos y tarentinos) era caballería ligera se acercaban al enemigo, golpeaban y se retiraban para más tarde volver hacer lo mismo. La caballería romana se encontraba incómoda peleando el enemigo de esta manera, ya que estaban acostumbrados a pelear como la caballería itálica de los pueblos de la península italiana; es decir, la caballería se acercaba al enemigo y luego desmontaban para pelear a pie (algo parecido a infantería montada). Su caballería del ala derecha (brutios, samnitas, tesalios y macedonios) era pesada y utilizaba el choque para dar el golpe de gracia en una batalla; sus jinetes eran de primera y maniobraban con gran habilidad y técnica frente a unos romanos bastante torpes al respecto, pero no carentes de valentía. La infantería chocó y se repitió lo mismo que en la batalla anterior, los legionarios se veían frustrados porque no podían romper el muro de hoplitas, los epirotas se veían frustrados porque cada vez que derrotaban a un manipulo, otro manipulo los flanqueaba y la línea de falangistas corría grave peligro de ser traspasada, tras varios ataques y contraataques, aparecieron los primeros síntomas de agrietamiento en las filas de ambos contendientes se dieron primero en las filas del flanco derecho romano, donde estaba apostada la I legión romana junto con sus aliados itálicos; los macedonios empezaron a abrir brecha en las filas romanas y estos iniciaron un lento repliegue. Pero por el contrario, en el centro epirota, empezó a suceder lo contrario, la III legión romana empezó a hacer retroceder a la falange de los brutios, lucanos y tarentinos, abriendo una grieta y la IV estaba abriendo otra entre los epirotas y mercenarios. Pirro en la batalla. Pirro vio con horror como en centro empezaba derrumbarse, si esto sucedía, podía dar por perdida la batalla. En consecuencia, había que poner en marcha la reserva táctica, sus preciados elefantes. Efectivamente, los elefantes fueron enviados para taponar la brecha que la II legión había abierto en centro del despliegue epirota. En un principio cumplieron bien su misión; los elefantes fueron utilizados como los modernos tanques contra la infantería, estos se lanzaron contra las apretadas líneas romanas sembrado el pánico con sus colmillos, hiriendo a diestro y siniestro y aplastando con sus patas a los romanos que valientemente se les ponían por delante; esto sin contar con los soldados epirotas apostados en los lomos de los elefantes, los cuales lanzaban sin cesar flechas y lanzas contra los romanos. Pero aquí los romanos aprovecharon para poner en marcha su arma secreta contra los elefantes, ¡sus 300 carros!. Estos avanzaron hasta los elefantes, los cuales detuvieron su marcha, asustados por las picas que salían de los enormes armatostes, las cuales amenazaban con herirles. Los romanos veían con satisfacción como su arma secreta había surtido efecto, los elefantes se habían detenido ante el despliegue de sus carromatos. Los carromatos de fuego romanos detienen el avance de los elefantes. Pirro evaluó la situación y decidió que los elefantes se acercasen a los carros romanos pero a una distancia prudente que no pusiera en peligro a los elefantes. Luego la infantería ligera que apoyaba a los elefantes empezó a lanzar de todo a las tripulaciones que manejaban los carros, para dejar inoperativas a las máquinas y se infiltraron entre los carromatos hiriendo a los bueyes que tiraban de los carros. En consecuencia, el pánico empezó a cundir entre las tripulaciones de los carros romanos y estos pronto empezaron a abandonar las máquinas para replegarse a las líneas romanas. Con esto los romanos perdían un arma que aunque torpe, en un principio había funcionado bien, pero su lentitud fue aprovechara por los epirotas para buscar su punto débil y efectivamente, lo hallaron. Segunda fase: Pirro vio con gran horror que el frente se había vuelto a romper y que la III legión avanzaba y que la derrota era inminente. Decidió jugarse el todo por el todo poniendo toda la carne en el asador decidió emplear su guardia montada junto con parte de la caballería del flaco derecho. Cuando estaba a punto de iniciar el movimiento, Pirro se encontró con un jinete que le comunicó un suceso que podría decirse que era , ¡el colmo de los colmos!. Los romanos estaban a su retaguardia saqueando su campamento. ¡Efectivamente!, una legión romana formada por los ”Arpinos”, procedentes de Apulia y compuesta por 5.000 hombres acudía tarde al campo de batalla. Cuando estos llegaron a las inmediaciones de la batalla, vieron que esta estaba en su zénit; con las unidades mezcladas no sabiendo quien es quien y una polvareda que no dejaba ver con claridad donde estaban las unidades romanas, juzgaron no meterse en medio, esperando prudente en retaguardia a que finalizara la misma. Los arpinos se habían situado sin saberlo en las cercanías retaguardia del campamento de Pirro. Estos avistaron el campamento y optaron acercarse con cautela a una prudente distancia y capturar a unos griegos que estaban en las cercanías recogiendo leña. Les preguntaron quiénes eran y estos les informaron que pertenecían al campamento de Pirro; posiblemente también les informaron que las fuerzas en su interior no eran más que de unos destacamentos de seguridad. En consecuencia, aunque no intervendrían en la batalla, se llevarían un jugoso botín con el saqueo del campamento epirota. Los arpinos cayeron sobre del campamento epirota atacando en todas direcciones y saltando por encima de las empalizadas; los defensores tuvieron la suficiente rapidez de reflejos, para enviar un jinete para que avisara a Pirro de lo sucedido y que acudiera con refuerzos. Pirro escuchó al jinete, y estimó que el campamento estaba muy lejos, que y su llegada no habría podido impedir el saqueo, así que decidió abandonar a su suerte el campamento y continuar con el ataque de la caballería contra la brecha producida en el centro. La visión por parte de los romanos de que la caballería se lanzaba de frente contra ellos obligó a las unidades romanas a detener su avance y a apostarse en una loma cercana. Las legiones III y aliada se vieron de pronto de lanzarse victoriosas irrumpiendo en el centro del dispositivo enemigo a quedar cercadas en una loma por unidades de caballería e infantería ligera. Pirro no podía desalojar a sus enemigos de la elevación; la caballería y los elefantes no podían maniobrar en esas elevaciones. La loma puede decirse que salvó de su destrucción a las unidades romanas. Pero Pirro no se mostró inactivo contra sus contrincantes; reforzó el cerco con tropas sacadas de su flanco izquierdo, en particular caballería del ala derecha e infantería samnita. En el resto del frente las cosas permanecían equilibradas, solo en el centro del despliegue, la acción era mucho mayor. Pirro optó por hostigar a los romanos de la loma, enviando a arqueros, jabalineros y honderos; los cuales lanzaron una lluvia de proyectiles que si bien causó muchas bajas a los defensores, no hizo que estos se rindieran, aguantando impávidamente el acoso epirota. Los romanos sabedores del cerco de sus legiones reunieron la caballería de ambas alas para romper el cerco enemigo, pero fue en vano. La presencia de los elefantes en el cerco imposibilitaba que estos se acercaran, ya que no estaban acostumbrados a olor de elefantes, y los caballos se encabritaron y perdieron el control. El combate finalizó con la llegada de la noche, el resto de la tarde no varió nada, conservando los oponentes sus posiciones. Con la llegada de la noche, los epirotas retrocedieron a su campamento y los romanos bajaron de la loma retirándose a sus líneas. Los epirotas pasaron una noche horrible; su campamento había sido saqueado a conciencia y cuando volvieron fatigados de la batalla se encontraron que no había víveres, ya que los arpianos habían arramblado con todo. Las medicinas habían desaparecido, en consecuencia, muchos heridos sucumbieron por no poder prestárseles una atención médica adecuada; sin contar con que tuvieron que acampar al raso, en una fría noche, ya que las tiendas para protegerse del frío también habían sido robadas. ¡Los arpinos habían efectuado una buena labor de saqueo!, a la par que efectuada con comodidad, ya que nadie les importunó. Segundo dia: Amanecer del segundo, Pirro envió algunos hostigadores y la infantería ligera a ocupar la colina que habían dado a los romanos la ventaja táctica el día anterior. Esto obligó a los romanos a enfrentar al ejército epirota en las llanuras cercanas. Los dos ejércitos se repiten sus disposiciones de la jornada anterior. Este día, sin embargo, los romanos atacaron agresivamente toda la línea epirota, poniendo una enorme presión en todas las partes. Esperaban que se rompiera el frente epirota antes de que pudiese emplear sus elefantes. Sin embargo, la infantería de Pirro, tuvo una buena actuación, aguantando a las legiones romanas. Carga de los elefantes. Los elefantes de Pirro cargan contra la falange romana hundiendo las líneas romanas. Pirro decidió emplear sus elefantes y los romanos emplearon los carros que les quedaban. Aunque inicialmente tuvo éxito, la infantería ligera pronto los inutilizó, y los elefantes hundieron la línea romana, produciendo brechas. En ese momento, el propio Pirro llevó a su Agema o Guardia Real a la batalla, entró por la brecha y atacó el flanco romano. Es posible durante esta fase de la batalla que Pirro fuese herido por una jabalina romana. En consecuencia, el ejército romano se rompió y los romanos se retiraron ordenadamente a su campamento fortificado, poniendo fin a la batalla. Pirro se declaró vencedor, ya que el enemigo había abandonado el campo de batalla. Consecuencias: Pirro, no tenía motivos de felicidad, había infringido a los romanos 6.000 bajas incluyendo la vida del cónsul Publio Decio Mus, por 3.500 propias, pero nuevamente como en la anterior batalla, una buena parte de ellas se había llevado una parte de sus mejores tropas y oficiales griegos que eran muy difíciles de reponer, dado que Grecia se encontraba haciendo frente a las invasiones galas. Sabiendo que su situación era desesperada a causa de las grandes pérdidas que había sufrido pese a la victoria, Pirro ofreció una tregua a Roma. Sin embargo, el Senado Romano se negó a aceptar cualquier acuerdo mientras Pirro mantuviese sus tropas en territorio italiano. Más tarde las ciudades griegas, a las que él decía defender, le retiraron el apoyo. Recibió entonces dos embajadas procedentes de Siracusa. Esta empresa parecía más sencilla que aquella en la que se encontraba embarcado, y poseía la atracción de la novedad, que siempre había seducido al rey. No obstante, antes era necesario suspender las hostilidades con los romanos, que asimismo se hallaban deseosos de verse libres de un oponente tan formidable y completar la sumisión del sur de Italia sin más interrupciones. Como ambos bandos compartían deseos comunes, no fue difícil que llegaran a un acuerdo para finalizar la guerra. Esto ocurrió a principios de 278 AC, cuando uno de los médicos de Pirro, llamado Nicias, desertó a las filas romanas y propuso a los cónsules envenenar a su señor. Los cónsules de ese año Fabricio y Emilio enviaron al desertor de vuelta ante su rey, afirmando que aborrecían la idea de conseguir una victoria mediante la traición. Para mostrar su gratitud, Pirro envió a Cineas a Roma con todos los prisioneros romanos, entregándolos sin rescate. Parece ser que Roma devolvió a los suyos y otorgó entonces una tregua a Pirro, no así una paz formal, ya que el rey no consintió en abandonar Italia. Pirro cuando abandonó Italia dejó parte de sus tropas que permanecieron estacionadas en varios lugares aliados suyos, como protección contra los romanos y contra el peligro de traición, aunque no pudieron impedir que los dos nuevos cónsules, C. Fabricio Luscino y Q. Emilio Papo ganaran de nuevo, en el transcurso del año, a alguno de los pueblos y ciudades que previamente se habían pasado a Pirro. En Roma en el invierno de ese mismo año, celebraron un triunfo sobre los lucanos, samnitas, tarentinos y brutios, lo que demuestra que sus éxitos deben haber sido considerables. BATALLA DE BENEVENTO, BENEVENTUM o MALEVENTUM: Regreso de Pirro de Sicilia: Durante la ausencia de Pirro, las acciones militares romanas, se habían intensificado sobre los aliados. En el 278 AC Entraron en funciones los cónsules Caio Fabricio Luscino y Quinto Emilio Papo. Caio Fabricio emprende una campaña en toda regla contra los tarentinos, brutios, lucanos y samnita, mientras que Quinto Emilio, debió librar algunos combates en Etruria de menor importancia. En el 277 AC, el cónsul Caio Junio Bubulco derrota a brutios y lucanos. Al año siguiente Quinto Fabio Máximo infligió derrotas a samnitas, lucanos y brutios. Los griegos del sur de Italia, llamaron de nuevo a Pirro, que regresó a Italia en otoño de 276 AC, zarpó de Siracusa con 110 barcos de guerra y numerosas naves de carga. Pero cuando navegaba hacia el norte a lo largo de la costa siciliana fue sorprendido por una flota púnica no lejos de Regio y sufrió duras pérdidas. En torno a 70 de sus barcos de guerra fueron hundidos y muchos otros muy dañados. Solamente una docena escaparon indemnes. A pesar de que los cartagineses no habían logrado su objetivo real, la destrucción del ejército entero de Pirro, pues la flota de naves de transportes fue capaz de escapar y desembarcar sin problemas en Locri. Desde Locri, Pirro fue a Regio, pero fue incapaz de tomar la ciudad debido a la fuerte resistencia ofrecida allí por la guarnición campana, que estaba mando el mando romano y reforzada por mamertinos de Messana. Cuando se estaba retirando de la ciudad sufrió una emboscada por los mamertinos y sufrió fuertes pérdidas adicionales. Su ejército solamente escapó de esta precaria situación con la ayuda de la intervención personal del rey mismo que, en combate singular, supuestamente cortó a un oponente en dos con un único golpe de su espada. Finalmente llegó de vuelta a Locri con 20.000 hombres y 3.000 jinetes y una vez más exigió una suma particularmente alta en impuestos de la ciudad para cubrir sus pérdidas y reclutar nuevos mercenarios. No contento con esto, también confiscó los tesoros del templo de Perséfone en Locri, para gran indignación de los griegos. La mayoría de ellos los devolvió de nuevo, no obstante, cuando los barcos que llevaban el botín a Tarento se encontraron con una fuerte tormenta, que él tomó por un mal presagio. No se sabe con certeza si Pirro volvió también ahora una vez más a Grecia, y en particular a Antígono Gonatas de Macedonia y Antíoco I de Siria, con una súplica o incluso una demanda para un futuro apoyo. Los samnitas y lucanos cansados después de tres años de duras pérdidas en su guerra contra Roma, se mostraron poco inclinados a continuar apoyando al rey sin reservas. Pero por otra parte, los cónsules del año 275 AC, encontraron igualmente difícil movilizar un nuevo ejército, tanto más cuanto Roma había sido afectada en 276 AC por un brote de peste que se había cobrado un alto precio de vidas. Livio informa de un descenso en el número de ciudadanos desde 287.222 en el año 280 AC a solo 271.224 en 275 AC. Los fieles epirotas del ejército de Pirro, habían caído en su mayoría, y sus fuerzas consistían principalmente en mercenarios, reclutados en Italia y de cuya fidelidad sólo podía estar seguro mientras les condujera a la victoria, pagara sus sueldos y consintiera los saqueos. En la primavera del 275 AC, Pirro y sus aliados samnitas, decidieron ir contra los romanos, Los romanos habían creado dos ejércitos consulares uno mandado por Manio Curio Dentato, que marchó contra Lucania y otro mandado por Servio Cornelio Merenda que se dirigió contra Sammio, con el fin de mantener la fidelidad de estas regiones, ambos tenían que reunirse en Tarento. Pirro dividió sus fuerzas en dos partes, una más pequeña al mando de Milón para bloquear al cónsul Cornelio y otra mandada por él mismo que avanzó contra Curio. Éste cuando se enteró de que Pirro se dirigía contra él, enviar un mensaje al otro cónsul y esperar en un campamento fortificado favorable para la defensa, el lugar elegido estaba a las afueras de la ciudad de Maleventum que los romanos cambiaron de nombre a Beneventum, Benevento en la actualidad. Pirro llegó a la conclusión de que era mejor atacar al cónsul Curio antes de que llegase el cónsul Cornelio. Pirro disponía de una fuerza de 13.600 falangistas, 9.000 hoplitas, 3.000 jinetes y 20 elefantes, mientras que Curio disponía de un ejército consular de 4 legiones unos 20.000 legionarios, 4.000 infantería ligera y 2.000 jinetes. El rey planeó atacar el campamento romano a la caída de la noche. Pero erró los cálculos en tiempo y distancia: las antorchas se consumieron, los guías se equivocaron de camino y el sol ya asomaba en el horizonte cuando alcanzaron las colinas sobre el campamento romano. Movimientos previos. Dionisio relató la marcha “Como era de esperar, los hoplitas – con cascos, corazas y pesados escudos -, marchando hacia lugares escarpados por largos caminos ni siquiera frecuentados por gente sino por cabras, a través de la maleza y los riscos, no conservarían ninguna alineación y, antes de que sus enemigos aparecieran ante ellos, sus cuerpos estarían totalmente debilitados por la sed y la fatiga”. No obstante, su llegada cogió a los romanos por sorpresa, mandó salir una avanzadilla de caballería mandada por Dentatus para hacer retroceder a la vanguardia de Pirro y dar tiempo para formar sus tropas, sembró la confusión entre las fuerzas de Pirro y atacó el tren de bagajes de la vanguardia y consiguió hacer algunos prisioneros e incluso algunos elefantes que habían quedado aislados. La vanguardia de Pirro se retiró, y regresó a la llanura, mientras Pirro se dirigió a la llanura y desplegó sus fuerzas en línea. Despliegue inicial: El ejército romano desplegó con las cuatro legiones en el centro, las aliadas en los flancos y las romanas en el centro. y 1.000 jinetes en cada ala y una reserva de 4.000 vélites o infantes ligeros dentro del campamento. Pirro desplegó 1.500 jinetes ligeros en su ala izquierda apoyados por 1.000 infantes ligeros. En el centro 4.500 hoplitas, 13.600 falangistas y otros 4.500 hoplitas. En su ala derecha 1.500 jinetes pesados /tesalianos y macedonios) con 1.000 infantes ligeros, y como reserva los elefantes con 1.500 infantes ligeros. Desarrollo: El choque fue como en las batallas anteriores, primero se enfrentaron la caballería en las alas, que no produjo un resultado definitivo y a continuación chocó las legiones contra la falange, las tropas de Pirro estaban cansadas por la marcha nocturna y las romanas descansadas. Los romanos progresaron por el ala derecha de Pirro, pero retrocedieron por la izquierda, así es que Pirro decidió emplear los elefantes contra el flanco derecho, apoyados por la infantería ligera. Choque entre las legiones romanas y la falange epirota. Los romanos para pararlos emplearon la reserva del campamento, la infantería ligera que llevaban cerdos untados de pez líquida y que cuando estaban cerca de los elefantes, les prendieron fuego y les dejaron libres. Los animales, histéricos, se precipitaron hacia los elefantes que, asustados por los chillidos de los cerdos en llamas, se aterrorizaron y rompieron su formación, aplastando a amigos y enemigos. Al mismo tiempo, la infantería ligera romana, arrojaba flechas y lanzas incendiarias contra los elefantes. Velites romanos acosando a los elefantes de Pirro. Carga de los elefantes. Cerdos asustando a elefantes. Los romanos untaron de grasa a cerdos y les prendieron fuego, sus chillidos asustaron a los elefantes. (La técnica de los cerdos había sido empleada anteriormente con éxito por los megarenses contra Antígono, quién a partir de entonces ordenó que se criaran a los elefantes con cerdos para que se acostumbraran a verlos y no se asustaran de su presencia ni de sus chillidos.) Plutarco relató la batalla de esta manera: “desde el amanecer percibieron los enemigos su venida desde las atalayas; de manera que desde aquel punto se pusieron en inquietud y movimiento. Hizo sacrificio Manio, y como también el tiempo se presentase oportuno, salió con sus tropas, acometió a los primeros, y, haciéndolos retirar, inspiró ya miedo a todos, habiendo muerto muchos y aun habiéndose cogido algunos elefantes. La misma victoria condujo a Manio a tener que pelear en la llanura, y trabada allí de poder a poder la batalla, por una parte desbarató a los enemigos, pero por otra fue acosado de los elefantes, y como le llevasen en retirada hasta cerca del campamento, llamó a los de la guardia, que en gran número estaban sobre las armas y se hallaban descansados. Acudiendo éstos e hiriendo desde puestos ventajosos a los elefantes los obligaron a retirarse y a huir por entre los propios, causando con ello gran turbación y desorden; lo cual no solamente dio a los Romanos aquella victoria, sino la seguridad del mando”. La estampida de los elefantes causó tal desorden y descontrol en ambos mandos que decidieron retirarse de la batalla, los romanos a su campamento y Pirro a retaguardia. Legionarios contra falangistas. Izquierda hastatus contra falangita, derecha un triario capturando a un hoplita, se observa la espada romana anterior a la gladius hispaniensis. Los romanos perdieron 6.000 soldados y los epirotas 9.000 y 2 elefantes; los romanos capturaron 1.300 prisioneros y 8 elefantes. Los romanos también capturaron parte del tren de bagajes de Pirro, otorgándose la victoria. Secuelas: Pirro estaba ahora en peligro de ser atrapado entre los ejércitos de los dos cónsules y se retiró a toda velocidad a Tarento tras su derrota. Desde allí pidió de nuevo ayuda a los reyes de Macedonia y Siria. Como estos ignoraron sus súplicas, no le quedó otra alternativa que abandonar Italia. Regresó a Grecia a finales del año, dejando a Milón con una guarnición en Tarento, prometiendo regresar a Italia en cuanto obtuviera nuevas fuerzas. Pirro llegó a Epiro a finales de 274 AC, tras una ausencia de seis años. Trajo de vuelta sólo 8.000 infantes y 500 jinetes, y tan poco dinero que no podía acometer nuevas empresas militares.
Datos archivados del Taringa! original
157puntos
140visitas
0comentarios
Actividad nueva en Posteamelo
0puntos
1visitas
0comentarios
Dar puntos:

Dejá tu comentario

0/2000

Autor del Post

G
GoNxII🇦🇷
Usuario
Puntos0
Posts927
Ver perfil →
PosteameloArchivo Histórico de Taringa! (2004-2017). Preservando la inteligencia colectiva de la internet hispanohablante.

CONTACTO

18 de Septiembre 455, Casilla 52

Chillán, Región de Ñuble, Chile

Solo correo postal

© 2026 Posteamelo.com. No afiliado con Taringa! ni sus sucesores.

Contenido preservado con fines históricos y culturales.