Los novedad introducida por
WhatsApp
en los "estados" que los usuarios pueden mostrar en sus perfiles puede generar adhesión automática o rechazo de plano, sin tonos de grises. Pero no pasarán desapercibidos, y esa era tal vez la idea en mente de los responsables del producto propiedad de
Facebook
.
Sucede que hay un quiebre fundamental en ese pequeño gran cambio, sobre todo en la intención comunicativa que esconde: si antes era algo funcional para recibir mensajes en todos los formatos, omnipresente en la medida en que hubiera algo que saber o que decirle a alguien o a un grupo, la mecánica de los estados la convierte en una red social.
Haciendo el camino inverso de Facebook , una plataforma inicialmente para compartir lo que sea y además chatear, el servicio de mensajería suma la modificación que lo certifica como red social. Además, de ser efímeros (y calcados de Snapchat e Instagram ) porque caducan a las 24 horas si el usuario no lo cambia antes, se puede saber quién vio el cambio de estado y enviar y recibir mensajes directos al respecto.

Es cuestión de tiempo para que comencemos a ver, mezclados entre los estados de WhatsApp de nuestros contactos, publicidad en el mismo formato. Porque si hay algo que le está faltando a WhatsApp es la monetización del servicio, y la prueba piloto hecha por los chicos de Zuckerberg con las "historias" de Instagram tiene toda la pinta de que será replicada en WhatsApp .

Como plus, al ser perfectamente configurable en términos de privacidad (se puede elegir con quién compartir ese estado, sea con todos, con todos excepto los que se especifique o solamente con los marcados), es evidente que la jugada tiene como destino captar a los jóvenes y adolescentes que emigraron a Snapchat .
Y si bien es cierto que a muchos no les cayó bien esto de los estados y las críticas parecen una tormenta, los estados no aparecieron para ellos y eventualmente se acostumbrarán a ignorarlos.

La cuestión es que, más allá del círculo de desnaturalización de WhatsApp como servicio de mensajería que acaba de cerrarse (o comienza a abrirse, no lo sabemos), la pregunta que vuelve a sobrevolar es: ¿cuántas redes sociales podemos atender sin que todo comience a resultar engorroso?
Al ritmo que vamos, ya necesitamos un buen rato por la mañana, para dar los buenos días en Facebook , Twitter, Historias de Instagram , Snapchat , Historias de Facebook y Estados de WhatsApp . Y después estar pendientes de quién ve todo eso y responder.

Sucede que hay un quiebre fundamental en ese pequeño gran cambio, sobre todo en la intención comunicativa que esconde: si antes era algo funcional para recibir mensajes en todos los formatos, omnipresente en la medida en que hubiera algo que saber o que decirle a alguien o a un grupo, la mecánica de los estados la convierte en una red social.
Haciendo el camino inverso de Facebook , una plataforma inicialmente para compartir lo que sea y además chatear, el servicio de mensajería suma la modificación que lo certifica como red social. Además, de ser efímeros (y calcados de Snapchat e Instagram ) porque caducan a las 24 horas si el usuario no lo cambia antes, se puede saber quién vio el cambio de estado y enviar y recibir mensajes directos al respecto.

Es cuestión de tiempo para que comencemos a ver, mezclados entre los estados de WhatsApp de nuestros contactos, publicidad en el mismo formato. Porque si hay algo que le está faltando a WhatsApp es la monetización del servicio, y la prueba piloto hecha por los chicos de Zuckerberg con las "historias" de Instagram tiene toda la pinta de que será replicada en WhatsApp .

Como plus, al ser perfectamente configurable en términos de privacidad (se puede elegir con quién compartir ese estado, sea con todos, con todos excepto los que se especifique o solamente con los marcados), es evidente que la jugada tiene como destino captar a los jóvenes y adolescentes que emigraron a Snapchat .
Y si bien es cierto que a muchos no les cayó bien esto de los estados y las críticas parecen una tormenta, los estados no aparecieron para ellos y eventualmente se acostumbrarán a ignorarlos.

La cuestión es que, más allá del círculo de desnaturalización de WhatsApp como servicio de mensajería que acaba de cerrarse (o comienza a abrirse, no lo sabemos), la pregunta que vuelve a sobrevolar es: ¿cuántas redes sociales podemos atender sin que todo comience a resultar engorroso?

Al ritmo que vamos, ya necesitamos un buen rato por la mañana, para dar los buenos días en Facebook , Twitter, Historias de Instagram , Snapchat , Historias de Facebook y Estados de WhatsApp . Y después estar pendientes de quién ve todo eso y responder.