Una de las partes más curiosas de nuestra anatomía es la úvula, mejor conocida como “campanilla”. Esa pequeña cosa que cuelga en la parte de atrás de nuestra boca, que más de uno intentamos tocar cuando éramos niños, provocándonos arcadas. A primera vista, no parece que este músculo tenga alguna utilidad importante, pero la realidad es que forma parte de varios procesos relacionados con la digestión, el discurso y la respiración.
Hank Green de SciShow nos explica un poco más a detalle para qué sirve nuestra campanilla. Gracias a ella y su “forma especial” de saliva nuestra boca se mantiene lubricada al hablar y comer. También le debemos que el alimento (o el vómito, si es el caso) no llegue a nuestra nariz cuando pasa por nuestra garganta. A pesar de su trabajo en estos procesos, no es vital para nosotros. Si llega a causar problemas (como una inflamación excesiva en caso de infección), se puede extirpar sin muchos efectos secundarios.
¿Puedes vivir sin la campanilla de tu boca? Sí, hasta la puedes perforar si quieres.