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Historia de la empresa q uso fetos para saborizar alimento.

Info3/2/2017




Durante algún tiempo se hizo viral un comunicado en el que se advertía del uso de embriones humanos para conseguir potenciar el sabor dulce o salado de los alimentos, reduciendo en el proceso la adición de sal y azúcar durante el proceso de elaboración de los productos finales. Las marcas afectadas serían grandes conglomerados alimentarios tales como Kraft, PepsiCo o Nestlé. Este mensaje fue lanzado por una de las entidades pro-vida de Estados Unidos.



El objetivo de dicho mensaje era paralizar la producción de dicho componente y la búsqueda de algún sustituto que impidiese el proceso de extracción de dicha sustancia a partir de embriones humanos, frenando lo que ellos mismos calificaban como el lobby de los abortos. Pero aunque pareciese que estuviesen detrás de un procedimiento de selección, crianza y práctica de procedimientos médicos poco éticos, la verdad es bien distinta.



Cuando las grandes empresas alimentarias han tenido que comenzar a elaborar productos que no sólo cumplan con las necesidades de alimentación, sino que han tenido que gustar al paladar, se han producido atrocidades. Entre ellas añadir una gran cantidad de sal y azúcar a los alimentos, provocando que estos nos resulten dañinos. Para evitar esto se han buscado alternativas a los mismos, menos perjudiciales y que dejen el mismo sabor.



El problema que surgía ahora es que se demandaba una serie de catadores profesionales para dirimir si realmente algo tiene el sabor que realmente debería poseer, teniendo que realizar un proceso demasiado largo. La búsqueda de vías para lograr una forma mucho más rápida y menos costosa, así como más segura para las personas, hizo que los directivos tomaran una importante decisión. Se podía utilizar la ciencia, pero sin rebasar los principios bioéticos que la controlan. Descubre lo que realmente hicieron para controlar a lo que sabían los productos.



La investigación genética con seres humanos está extremadamente controlada por un consejo de científicos que determinaron lo que estaba y lo que no estaba permitido a la hora de trabajar con material genético humano. Principalmente se encuentran con la oposición de los principios bioéticos y con la confrontación de las grandes religiones, ya que éstas se oponen a dicho proceso por considerarlo antinatural y contrario a los principios de la propia religión, por evitar la intervención de la voluntad de Dios, imponiendo la del hombre.



En el caso de los alimentos no se emplean como tal sustancias derivadas de fetos humanos, aunque sí que se emplean un tipo de células llamadas HEK 293, cuyo origen proviene de un embrión humano. La cuestión del caso particular es que no es un ingrediente propiamente dicho de los alimentos usados y que no sustituye ningún tipo de sal o azúcar artificial.



En el año 1972, una madre, cuya identidad se mantuvo en secreto, tuvo que realizar un aborto de un bebé sano por motivos desconocidos. En el país en el que se realizó, Alemania, era completamente legal ese procedimiento, por lo que no suponía ningún impedimento. En vez de desechar dicho embrión viable, un científico conocido como Frank Graham elaboró en el laboratorio Alex van der Eb's una cadena estable y clonable a partir del riñón de dicho bebé. El nombre de dicho componente era HEK 293, siendo el último número la cantidad de experimentos realizados con dicho material genético.

Historia de la empresa q uso fetos para saborizar alimento.

El HEK 293 fue entonces replicado y usado con fines de estudio, ya que suponía un material que se podría multiplicar sin problema y que ayudaría en la medicina y la industria sin necesidad de obtener nuevas células. Aunque las diferentes religiones estuviesen en contra de esto, principalmente por el primer aborto que se produjo, entraba dentro del marco legal y fue aprobado. Finalmente se pudo utilizar en la industria de la alimentación gracias a la empresa Senomyx.



El descubrimiento que realizó la casa Senomyx estaba relacionado con el uso de dichas células para el desarrollo de unos receptores del sabor, con el fin de conseguir pruebas de “catado” de los alimentos sin necesidad de emplear a seres humanos u otros animales o en el proceso. Debido a que la información genética ya estaba realizada, la replicación se haría sin necesidad de nuevos fetos humanos y, por lo tanto, no habría un problema bioético, ya que no habría clonación completa.



A efectos reales simplemente se estarían reproduciendo las células de un riñón de alguien que iba a acabar muerto para acelerar un proceso que pudiese comprobar sustancias alternativas al sabor dulce o salado de los alimentos. Aunque aún así la controversia estaba servida, ya que, originalmente, sí que se tuvo que emplear un feto humano viable para ello. No nos posicionamos a favor o en contra de esta polémica forma de obtener resultados científicos, cada uno es libre de considerarlo éticamente correcto o no, aunque sea legal.





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