Tulipanes, la primera burbuja especulativa de la Historia
En paralelo a la Guerra de los Treinta años (1618-1648) Holanda vivió una época de crecimiento y apertura comercial que la situaron como una de las potencias emergentes del nuevo orden internacional. En ese periodo de riqueza, las clases dirigentes holandesas encontraron en los tulipanes un nuevo objeto de deseo

El tulipán es una flor originaria de Asia central. En 1593 Carolus Clusius, un experimentado botánico que cuidaba los jardines del emperador Maximiliano, decidió embellecer las propiedades de su señor e introdujo en Holanda los primeros tulipanes. Procedían de la actual Turquía, en donde también servían de atrezzo para las residencias de los sultanes
Poco a poco, las clases nobles fueron coleccionándolos, convirtiéndose en un símbolo de riqueza. Aunque se trataba de un mercado propio del verano, los comerciantes fueron capaces de idear algo muy similar a lo que hoy en día sería un mercado de futuros. Los productores prometían entregar un bulbo determinado en la época en que floreciese y los compradores adquirían un derecho de entrega. Comenzó a convertirse en un proceso especulativo
Cuenta el periodista escocés Charles Mackay en su libro «Delirios multitudinarios: la manía del tulipán y otros mercados enloquecidos» que en 1635 se llegaron a vender cuatro decenas de bulbos por 100.000 florines, el salario anual de un artesano rondaba los 200 florines. Y por un bulbo de la preciada especie Semper Augustus, se podían pedir hasta 5.500 florines, una cifra astronómica que solo la aristocracia podía pagar

En esta situación se generó la ilusión de que siempre se ganaba en el mercado del tulipán. Independientemente de a qué precio se comprara, alguien siempre estaría dispuesto a pagar más. Gentes de todas las clases se lanzaron a comprar bulbos de tulipán, deshaciéndose de sus bienes más básicos, con la esperanza de revenderlos obteniendo un beneficio. Un marinero desconocedor de los tulipanes fue encarcelado tras comerse por error un bulbo
Sin embargo, a principios de 1637, algunos de los especuladores detectaron signos de agotamiento del mercado, y decidieron que era buen momento de vender y salir del mismo con sus ganancias. Esta actitud se contagió rápidamente y el pánico se apoderó del país. Quienes tenían bulbos en esos momentos, adquiridos a precio de oro, se encontraron sin compradores. La situación no era mejor para los que habían comprado mediante un contrato de futuros; se veían obligados a comprar a un precio que ya no era el de mercado

La explosión de la burbuja dejó, como siempre ocurre, vencedores y vencidos. Vencieron aquellos que se salieron justo antes de la explosión, acumulando grandes beneficios. Perdieron quienes habían liquidado su patrimonio para especular con bulbos y al final se quedaron con tulipanes y sin casa
Aquella crisis golpeó de lleno la economía holandesa. Pero la potente máquina comercial de los años del «boom» no se perdió en el olvido. Los Países Bajos se convirtieron en el mayor exportador mundial de flores. La floricultura fue el legado positivo de la que ha sido catalogada como la primera burbuja especulativa de la Historia, cuyos patrones se repitieron hasta los albores de las crisis financieras de nuestro siglo
