Aunque el término gulag es el acrónimo de Glávnoie upravlenie ispravítelno-trudovyj lagueréi i koloni, es decir, Dirección General de Campos de Trabajo, ése es el nombre con el que pasaron a la historia los campos de trabajo para presos políticos en la Unión Soviética de Iósif Stalin.
El estado soviético pretendía controlar a la gente que consideraba peligrosa, contrarrevolucionaria o que pensara diferente, y el gulag era una herramienta muy eficaz a la par que brutal para hacerlo. Pero además hemos de saber que también existía una poderosa razón económica para llenar los campos, y es que tener a cientos de miles de trabajadores forzosos reportaba al Estado una mano de obra esclava.
Más que exterminar se pretendía doblegar las voluntades de los prisioneros mediante crueles torturas y los extenuantes trabajos, y utilizarlos en beneficio económico del Estado sin ningún tipo de reparo o consideración, además las atroces condiciones de vida de los gulags se encargaban de sentenciar a muerte a muchos de sus prisioneros.
La horrible vida dentro del gulag
Hasta apenas un par de décadas no se había vislumbrado el horror que trajeron consigo. Hace una veintena de años, el escritor polaco Gustaw Herling-Grudzinski recopilaba las declaraciones de algunas de las personas que sufrieron este tormento en su propia piel. Hoy tenemos mucha más información. Estos son los datos más estremecedores de los Gulags Siberianos del régimen de Stalin.
Según Herling-Grudzinski, eran habituales las jornadas laborales de 16 horas de diarias o más, las tareas llevadas a cabo en un clima de frío siberiano, las violaciones reincidentes a mujer así como la extenuación que llegaba hasta tal punto que miles de “trabajadores” morían cada año.
Las mujeres eran violadas y casadas a la fuerza: Eran habituales las violaciones, pero no solo eso sino que eran completamente legítimas, ya que cuando una mujer llegaba prisionera al campo de trabajo, los prisioneros varones podían elegir una mujer para casarse sin tener en cuenta la opinión de ella.
Vivían en barracones y dormían en condiciones infrahumanas: Los barracones, que recuerdan enormemente a los de los campos de concentración nazis no eran lo único terrible.
Algunos prisioneros eran castigados con una práctica poco ortodoxa que consistía en encadenar un carromato al cuello del prisionero durante todo un año. Este tenía que llevarlo consigo día y noche e, incluso, debía dormir con él.
El suicidio, la única salida: No fueron pocos los prisioneros que murieron. Se cuenta que en 1921, medio centenar de presos políticos fueron sometidos a semejantes torturas durante un tiempo tan prolongado que dos de ellos no dudaron en recurrir al suicidio.
La prisión Canibal: Los incidentes de canibalismo siempre están revestidos de cierto halo morboso, pero lo cierto es que a veces se convierten en algo muy difícil de evitar. Este es precisamente el caso, pues hay quien atestigua que se dieron conductas caníbales en uno de los Gulag Siberianos, en la prisión situada en la isla de Sakhalin.
Al parecer, los prisioneros se vieron privados de sus raciones de comida a los prisionero como castigo, ya que según sus guardianes no eran capaces de rendir lo suficiente, algo que quizá hubieran logrado de no haber sido por las condiciones y la cantidad de trabajo que se les demandaba. Tras un tiempo sin comer… Ocurrió lo inevitable.
Stalin y los gulags
Josef Stalin utilizó, como instrumento de terror y dominación, el sistema de gulags para controlar a sus enemigos (y a los que no lo eran también) sin ningún tipo de piedad ni escrúpulo. Pero también concibió el sistema para el beneficio económico del Estado, ya que los prisioneros construyeron innumerables obras de todo tipo sin remuneración y con una manutención ínfima, además de ser utilizados en la explotación de minas en condiciones pésimas con los grandes réditos económicos que esto supuso para el Estado.
No podemos saber cuánta gente fue víctima de reclusión en los gulags o cuántas murieron exactamente. Durante la vida de Stalin fue un sistema creciente, sobre todo durante la Gran Purga (1937-1938) el número de reclusos aumentó de forma muy notable.
Por supuesto durante la Segunda Guerra Mundial los gulags se vaciaron para enviar a los reclusos al frente de forma obligatoria, aumentando las tropas en el frente y enviando a muchos a una muerte segura.
Cuando finalizó la Segunda Guerra Mundial de nuevo el número de prisioneros aumentó, llenando los campos de concentración con prisioneros de guerra, civiles de territorios ocupados e incluso supervivientes de campos de concentración nazis.
En teoría fue con la muerte de Stalin (1953) cuando se terminó con el uso de los gulags, aunque oficialmente fue en 1960.
Las cifras de las víctimas que fueron recluidas en los gulags oscila entre los 14 y los 29 millones de personas, y los muertos entre 1 millón y 2,5 millones, nunca lo sabremos con exactitud.
Por ejemplo hay fuentes que hablan de que el peor gulag de todos era el de Kolyma, en el Noroeste de Siberia, donde morían el 30% de los prisioneros cada año y donde aparte de las condiciones penosas de vida y de trabajo se llegaban a temperaturas de hasta 90 grados bajo cero.