Cuanto se puede decir sobre la vida de un hombre prácticamente desconocido, que vivió gran parte de su vida a las afueras de un pueblo pequeño cuya mayor diversión era la caza de osos de noviembre. Un hombre, nacido, como muchos asesinos en serie, dentro de una familia opresora, en dónde en este caso la madre, impartía un rol matriarcal y un fanatismo religioso propio de los más conservadores capítulos de la biblia en donde la mujer era un sacrilegio y un pecado mortal y por sobre todo un símbolo de maldad extrema.
Ed Gein nació en 1906, en Lacrousse, Wisconsin y se crió junto a sus padres y su hermano Henry hasta que la tragedia invadió su vida. Todo su nucleo social fueron ellos, ya que a los doce años dejó el colegio y con esto su interacción comunitaria. A mediados de los 40, su padre murió de un ataque cardíaco y al poco tiempo su hermano fue calcinado en un incendio, lo que provocó una embolia en su madre que falleció unos meses después. Bajo estas circunstancias Ed quedó solo en el mundo con una inmensa casa junto al río. A la edad de 39 años comenzó a hacer pequeños trabajos en el pueblo para poder alimentarse y sobrevivir, de este modo se ganó una buena fama de hombre trabajador, aunque era catalogado por la mayoría como “diferente”, se esforzaba mucho en lo que hacía y por lo general dejaba conforme a todo el mundo en sus arreglos de carpintería, aseo y gasfitería.
Las víctimas oficiales de Gein fueron dos Mary Hogan, la tabernera del pueblo y Bernice Worden quien fue hallada en la casa de Gein colgada como un venado. Los demás asesinatos que se le atribuyen no han sido comprobados por lo que podría haber sido cualquier otro del pueblo. Lo que sí está muy claro es que en sus idas al cementerio, Ed, buscaba los cadáveres más frescos y los llevaba a su casa, para hacerse compañía, a veces utilizaba sus prendas de vestir, e incluso se cuenta que alguna vez se le vió con una máscara de carne transitando los alrededores de su propiedad, al estilo de Leatherface en la Masacre de Texas. Al preguntársele sobre esto al director de la setentera película, el aclamado Tob Hooper, él señalo que la idea de esta cinta nació de los relatos que los campesinos de Wisconsin hacían de Ed.
Además dentro de la sucia casa en donde Ed acumuló basura durante años, se encontraron objetos diversos hechos de piel humana, como cinturones de pezones y algunos artefactos que contenían labios de mujeres y piel humana. Se dice además que la película El Silencio de los Inocentes, con su personaje Buffalo Bill está basada en la conducta de Gein, algo que se corresponde con los relatos y la información recopilada. Durante el bullado caso, la prensa estadounidense transformó al pueblo de Plainfield en la vedette de América, siendo cientos los periodistas y los medios de comunicación los que recorrían las calles del mítico escenario de los crímenes.
Esto dio la idea para la novela Psicosis que unos años después Hitchcook llevaría brillantemente al cine como la traumática relación de un hombre con su madre en una solitaria hospedería, en las carreteras de un pueblo perdido. El juicio hacia Ed Gein lo declaró incompetente para la cárcel por lo que fue enviado al hospital psiquiátrico de Wisconsin en donde vivió todo el resto de su vida hasta que en 1984 murió de un paro respiratorio. Unos meses después de que fuera ingresado al hospital de Wisconsin su casa fue misteriosamente quemada y nunca se encontró al responsable de lo sucedido, sin embargo se presume que fueron los mismos habitantes del pueblo quienes, a modo de protección del turismo indiscriminado de curiosos que venían a la casa del terror, decidieron quemar la propiedad.
A pesar de esto, el día del remate de las cosas restantes de Gein, fueron cientos sino miles los habitantes de todo Estados Unidos los que llegaron al pueblo para hacerse de algún objeto de este particular hombre, entre los que destacó su camioneta que hoy se exhibe en diversos museos americanos como una pieza legendaria y de colección.
Según cuenta uno de los enfermeros de Gein que compartió muchos momentos con él en su reclusorio hospitalario, cuando había luna llena su comportamiento cambiaba drásticamente y sólo se aquietaba cuando la luna recuperaba su normalidad, su estado incompleto, sólo allí volvía a ser el mismo sujeto tranquilo, callado, amable y apacible.