
Es normal que al llegar el año nueva muchas personas realicen promesas de lo que este año sí cumplirán y lograrán. Para muchos, esa promesa es y será siempre bajar de peso y perder todos esos kilos de más que la comida navideña les hizo ganar en vacaciones.
Para muchos adelgazar es una decisión personal en base a unos ideales y metas que se proponen las personas, pero para Gemma Hilton, una trabajadora de McDonald’s, su decisión estuvo basada en los años de abuso que sufrió mientras trabajaba en la cadena de comida rápida.
La chica de 20 años era talla 24 hace algunos meses y su enorme tamaño era motivo de burla de la mayoría de los clientes a los que atendía mientras trabajaba en la sección de auto servicio de la cadena de comida rápida.
Por supuesto al ser una persona obesa que trabajaba para McDonald’s muchas personas le preguntaban constantemente si su peso se debía a que se comía toda la comida de sus clientes en vez de entregarla, dándole a la chica el apodo de “McGorda”.
“Ser llamada ‘McGorda’ era muy humillante. Trabajaba en el auto servicio y las personas me lo gritaban mientras pasaban cerca de la ventana. Estaba muy avergonzada pero eso no me detuvo de parar de comer”.
“Cada turno que trabajaba lo terminaba comiendo un combo de McDonald’s con muchos acompañantes y luego cuando llegaba a casa volvía a cenar” aseguró avergonzada Gemma quien asegura que su impulso por comer de más era un reflejo de la ansiedad y depresión que estaba viviendo.
Gemma asegura que se vestía como una mujer de 50 años para poder cubrir su enorme estómago y que a veces en las tiendas no creían que su documento de identificación fuera real pues lucía completamente diferente. Fue entonces cuando Gemma decidió empezar la dieta Cambridge.
La chica de 20 años paso de ser talla 24 a una talla 10-12 al haber perdido decenas de kilos en el proceso. Además, su nueva apariencia le dio la confianza suficiente para cumplir su sueño de convertirse en estilista, pues era lo que siempre había querido ser.
“Cuando fui a la universidad comía todo lo que no debía. En el camino a la parada compraba muchos dulces y chocolates, comía aproximadamente 2 kilos por día. Luego al salir del trabajo compraba comida para llevar, una bolsa grande de papas y otra de chocolates. Luego de ser humillada tantas veces me di cuenta que ya era suficiente”.