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Por qué mataron al Sargento Verdes? Que sabía?

Info3/25/2017

La rebelión del 3 de diciembre, el secreto peor guardado



La misteriosa muerte de Verdes



La certeza de que Seineldín intentaría una sublevación se había instalado en la conciencia menemista en mayo de 1990, cuando Humberto Romero ocupaba el Ministerio de Defensa. Menem ya pensaba en un posible 3 de diciembre, cuando puso como jefe del Ejército —en reemplazo del general Isidro Cáceres, que acababa de morir— al general Martín Bonnet, dueño de un discurso agresivo contra los carapintadas. En esa movida se colocó de segundo jefe a quien sería el encargado de sofocar la rebelión: Martín Balza. "Esa jefatura fue armada en función de lo que se venía", admite hoy un ex funcionario de Defensa.


Lo primero que hizo Bonnet fue sancionar por inconducta y con veinte días de arresto a Seineldín, quien, como respuesta, de inmediato empezó a planear el alzamiento. Más tarde sería enviado a La Pampa y de allí a San Martín de Los Andes, lejos, aislado, pero conspirando.

Luego de consultar fuentes de inteligencia y a distintos funcionarios del Gobierno de Menem, el Equipo de Investigación encontró el primer indicio concreto del conocimiento que tuvo el Gobierno sobre el golpe que planeaban los carapintadas: una advertencia que hizo la Prefectura al Ministerio de Defensa a fines de octubre. En esos días, llamó la atención que integrantes del grupo Albatros se dejaron ver con teléfonos celulares, armando reuniones y manejando bastante dinero en efectivo. Los celulares y el efectivo eran algunos de los aportes que distintos empresarios habían hecho al plan carapintada. Albatros, el grupo comando de la Prefectura Naval, había participado del levantamiento de Villa Martelli y estaba bajo sospecha.
Esos movimientos pusieron sobre aviso a la SIDE y Anzorreguy intervino los teléfonos de todos los líderes carapintadas y de los civiles que simpatizaban con el grupo. Allí comenzó entonces a alertar a Menem. "Lo hacía todos los fines de semana y mucho no le creían", dijo un ex ministro, exagerando, pero no demasiado.
Preso en San Martín De los Andes, Seineldín dio el visto bueno final del plan el 25 de noviembre, con una grabación que envió a sus hombres. Delegó, eso sí, la decisión del día y la hora, en una especie de "estado mayor" clandestino, integrado por coroneles, tenientes y capitanes —12 en total—, que se reunió la noche del jueves 29 de noviembre, en un centro cultural de Vicente López.

Allí evaluaron el momento con precisión. Debía hacerse después del 30 de noviembre, para que los suboficiales —componente mayoritario de la rebelión— cobrarán sus sueldos y se los dejaran a sus familias. Y antes del 5 de diciembre, día en que llegaría al país el presidente de Estados Unidos, George Bush. Tampoco podía aplazarse demasiado, ya que el 10 comenzaba la rotación de los destinos en el Ejército, y habría que reorganizar a todos los rebeldes. Por todo esto se eligió el lunes 3. Lo bautizaron Plan de Operaciones Virgen de Luján.

La idea era, según las memorias de Abete, que "producido el pronunciamiento, ningún general estuviese en condiciones de impartir ordenes y nosotros controláramos aquellos lugares identificados con el ejercicio del comando". Se seleccionaron los objetivos: el edificio Libertador, sede de la Jefatura del Ejército; el Regimiento de Patricios y los cuarteles de Palermo, sensibles por su ubicación. También debían tener el control de los tanques y eligieron la fábrica TAMSE, en Boulogne, y el regimiento de caballería blindada de Olavarría.

Además, para asegurar un triunfo de la rebelión el jefe debía estar al frente de las operaciones. Por eso planearon el rescate de Seineldín y su traslado desde San Martín de los Andes hacia Buenos Aires, un plan que finalmente fracasó.

Pero el pánico se apoderó de los rebeldes casi sobre la hora. El 30 de noviembre, los hombres de Seineldín advirtieron que tenían un infiltrado que estaba pasando información a los servicios de inteligencia. Por eso, al día siguiente cambiaron sus códigos de comunicaciones y pasaron a los sospechosos de delación ciertos datos falsos sobre la operación.

Ya era tarde. El sábado, el gobierno de Menem esperaba. Al aviso de Anzorreguy se sumó un informe del jefe de Inteligencia del Ejército, Carlos Ricardo Schilling, que llegó a manos del general Bonnet al mediodía, con detalles sobre la operación. Humberto Romero almorzaba con su familia en la quinta del ministro de Defensa en Campo de Mayo y debió hacer un alto para escuchar la conclusión del informe: "Es el lunes", le dijo Bonnet. Romero, a quien en esos tiempos se le adjudicaban simpatías por los carapintadas, llamó a Menem y suavizó la información. Le dijo que los rumores eran fuertes, pero no podía asegurar nada. "Ajá", dijo Menem, otra vez.
Las órdenes que impartió Bonnett no fueron demasiadas. Que los oficiales en servicio se quedaran en sus regimientos y que se diera un sigiloso aviso de alerta. Como la información era bastante precisa sobre los objetivos de la rebelión, el sábado se envió a Entre Ríos al teniente coronel Eduardo Alfonso, hoy general y secretario del Ejército. El domingo por la tarde el teniente coronel Hernán Pita, subjefe del Regimiento Patricios, le avisó a sus oficiales que algo estaba por ocurrir en las próximas horas, sin saber que hablaba de su propia vida: caería muerto esa madrugada al tratar de recuperar la unidad.


Llegó la noche del 2 de diciembre y se puso en marcha la operación. A las 22, el coronel carapintada Luis Enrique Baraldini llegó al Distrito Militar Buenos Aires, dentro de los cuarteles de Palermo, e instaló un puesto de comando para dominar todo ese predio militar.

Al mismo tiempo, Tévere y Abete se instalaban en un departamento de Palermo con sus equipos de radio. A la 1 y 30, ya el 3 de diciembre, Baraldini, Tévere y el mayor Mones Ruiz entran al Regimiento Patricios.

Hablan con el soldado de guardia, le dicen lo que está pasando y esperan hasta que el muchacho —de 19 años— cambie su casco oficial por una boina, símbolo de su transformación carapintada. Tévere avanza, entra al edificio principal del Regimiento, habla con el oficial a cargo, le pide su pistola y le dice, con calma, que el regimiento está tomado.

Ya es la hora de la acción y Abete es el encargado de dar la orden a las unidades. Mira su reloj, se comunica con los demás jefes rebeldes y da la contraseña acordada. "Dios y Patria", dice. Y escucha siempre la misma respuesta: "O muerte".


Si bien lo que viene en la historia es conocida por todos, que fue lo que paso realmente con el Sargento Verdes? 

Por qué aún es respetado por todos sus pares si el era un rebelde? 




Que era lo que realmente sabía este veterano de Malvinas?






EL ROSTRO DEL ODIO



carapintadas



La imagen del sargento Guillermo Verdes, con su rostro embetunado, empuñando un fusil recortado en la puerta del Edificio Libertador, gritando a ''viva voz'' que se alejen de la zona porque era una ''zona de guerra '', despertó a los argentinos aquel 3 de diciembre, dos días antes de la visita oficial del presidente estadounidense George Bush, con quien Menem pactaría acuerdos que sellarían los destinos económicos de los años siguientes. 



 Aquel emblemático sargento Verdes no vio el final de la historia, murió en la represión de un disparo en la frente. Los amotinados habían depuesto su actitud y se mostraban pasivos. 



Verdes fue la única baja cuando ya se habían rendidos todos al Gral. Balza. Nadie identificó al francotirador , tampoco se hicieron cargo de las rafagas de disparos que le propinaron a la ambulancia que trataba de asistir al mentado Verdes. 



Tenía algún tipo de información que comprometería seriamente a varios políticos, actuales políticos?.



El Sgto Verdes



La misteriosa muerte de Verdes





Menem y Seineldín eran descendientes de inmigrantes sirios y mucho se ha hablado de promesas incumplidas, incluyendo la posibilidad de que "el Turco" ocupara el cargo de Comandante en Jefe del Ejército. En 1989, Menem llegó al Poder e indultó a los jefes "carapintadas", como antesala de las amnistías que dictaría un año después a los jefes militares y guerrilleros de la década de los setenta. Entonces Aldo Rico inició su carrera política. 



Cuatro civiles fallecieron en el interior de un ómnibus de la línea 60, aplastado por un tanque de guerra (el Coronel que comandaba dicho tanque se
suicidó en el lugar) el resto de las muertes fueron de militares. La decisión con que Menem ordenó la represión fue el claro mensaje de los tiempos que corrían: no habría mas alzamientos militares.Los oficiales que protagonizaron el alzamiento, encabezados por el lugarteniente de Seineldín, Gustavo Brede Obeid, fueron arrestados. 


Las Fuerzas Armadas, encabezadas por el jefe del Ejército, teniente general Martín Félix Bonnet, sofocaron la rebelión y recuperaron los objetivos tomados. El destino de Seineldín estaba sellado, un tribunal militar lo condenó a prisión por tiempo indefinido. Su última aventura había dejado un saldo de 13 muertos y 350 heridos. 

El indulto le llegó durante la presidencia de Eduardo Duhalde. Falleció el 2 de septiembre de 2009 de un paro cardiorespiratorio, esperando el juicio de la historia.






Por qué mataron al Sargento Verdes? Que sabía?


En este video se puede apreciar la famosa escena del Sgto Verdes Cuando pide a los periodistas que se retiren del lugar.



En este video se escucha el disparo que mata a Verdes y se puede ver como le efectúan disparos a la ambulancia que trataba de asistirlo.





Condenan al Estado a indemnizar a la viuda de un carapintada



  • La Cámara en lo Civil y Comercial Federal lo ordenó a favor de la viuda e hijos de uno de los soldados que participó de la rebelión carapintada encabezado por Mohamed Alí Seineldín el 3 de diciembre de 1990 y fue muerto luego de haber tomado la sede del Edificio Libertador
  • El monto de la condena fue fijado en 140.000 pesos, pero el Ministerio de Defensa solo tendrá que afrontar la mitad de esa cifra, porque la Sala I de la Cámara consideró que también hubo culpa de la víctima, porque asumió concientemente una situación de "riesgo" para su vida. 
  • La indemnización fue otorgada a Ingrid Nadir Luna, cónyuge del sargento Guillermo Daniel Verdes, quien formó parte del grupo de amotinados que, comandados por el entonces capitán Gustavo Breide Obeid, ocupó durante horas la sede del Estado Mayor General del Ejército. 
  • Ese día, cuando los insubordinados deponían su actitud y se aprestaban a entregar el Edificio Libertador, Verdes apostado en uno de los accesos al lugar recibió un impacto de bala que provocó su muerte, a pesar de haber sido trasladado al hospital Argerich. 
  • Las pruebas reunidas sumadas a las del juicio penal a los carapintada permitió concluir que el disparo mató al sargento honrado por su actuación en la guerra de Malvinas fue durante el enfrentamiento militar entre leales y rebeldes y provino de un "sujeto indeterminado", pero "integrante del Ejército Argentino". 
  • El Estado, para liberarse de responsabilidad, argumentó que hubo un "motín organizado" por quienes cometieron los delitos de rebelión e insubordinación, y que la víctima había integrado el grupo de los amotinados que tomó el edificio Libertador. 


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