El poder de saber delegar
Como el valor en el ejército, se supone que los gerentes y directivos tienen la capacidad de saber delegar tareas entre sus colaboradores, sin embargo, esto no se corresponde con la realidad.
No todo el mundo sabe delegar ni está capacitado para hacerlo y, de hecho, lo que distingue a un buen directivo de otro que no lo es su capacidad para delegar y tomar decisiones.
Un directivo con sobrecarga de trabajo o incapacidad para delegar es contraproducente para la organización ya que repercute negativamente en su productividad.
No obstante, a pesar de que es algo generalmente aceptado, muchos gestores de empresa no lo hacen del mejor modo, ya que a veces por desconocimiento o por un problema de asignación de prioridades, no se realiza de forma eficiente. Entonces, ¿qué factores tenemos que tener en cuenta para una correcta delegación?
Pues bien, para proporcionar una respuesta a esta pregunta tenemos que remitirnos a las causas que nos 'obligan' a delegar, y señalar todas aquéllas tareas y/o procedimientos que nos restan tiempo para la gestión del negocio y la toma de decisiones, de talmanera que la delegación de funciones a algunos de nuestros subordinados o empleados, nos proporcione el 'oxígeno' necesario para atender los aspectos de gestión y estratégicos que requieren nuestra atención como gestores de empresa.
En algunas ocasiones nos olvidamos de este objetivo al existir ciertos vicios o tareas que nos gusta realizar nosotros mismos, lo que nos debe llevar a realizar un ejercicio de reflexión para evitar distraer nuestra atención con los aspectos no prioritarios que nos impidan abordar las cuestiones más importantes.
Cuando se sabe delegar y se delega bien, el responsable no debe estar pendiente de los procesos o respondiendo preguntas de seguimiento, ya que previamente se han definido unos mecanismos de comunicación eficiente y clara que minimizan esas preguntas de seguimiento que, en muchas ocasiones deben ser innecesarias y reducen drásticamente las reuniones a lo meramente imprescindible para el control de los proyectos.
No hay que olvidar que el objetivo de delegar de tareas es no tener que estar pendiente de ellas ya que el personal desiganado para su ejecución es de nuestra total confianza para acometerlas.
Por último, una de las mejores decisiones que se puede hacer es invertir en recursos que faciliten el proceso de delegación. Si hay una nueva tecnología que reduce los costes de coordinación y facilita la colaboración, no hay que escatimar en ella.
El objetivo, es sencillo, conseguir que la delegación sea lo más transparente posible.
Como el valor en el ejército, se supone que los gerentes y directivos tienen la capacidad de saber delegar tareas entre sus colaboradores, sin embargo, esto no se corresponde con la realidad.
No todo el mundo sabe delegar ni está capacitado para hacerlo y, de hecho, lo que distingue a un buen directivo de otro que no lo es su capacidad para delegar y tomar decisiones.
Un directivo con sobrecarga de trabajo o incapacidad para delegar es contraproducente para la organización ya que repercute negativamente en su productividad.
No obstante, a pesar de que es algo generalmente aceptado, muchos gestores de empresa no lo hacen del mejor modo, ya que a veces por desconocimiento o por un problema de asignación de prioridades, no se realiza de forma eficiente. Entonces, ¿qué factores tenemos que tener en cuenta para una correcta delegación?
Pues bien, para proporcionar una respuesta a esta pregunta tenemos que remitirnos a las causas que nos 'obligan' a delegar, y señalar todas aquéllas tareas y/o procedimientos que nos restan tiempo para la gestión del negocio y la toma de decisiones, de talmanera que la delegación de funciones a algunos de nuestros subordinados o empleados, nos proporcione el 'oxígeno' necesario para atender los aspectos de gestión y estratégicos que requieren nuestra atención como gestores de empresa.
En algunas ocasiones nos olvidamos de este objetivo al existir ciertos vicios o tareas que nos gusta realizar nosotros mismos, lo que nos debe llevar a realizar un ejercicio de reflexión para evitar distraer nuestra atención con los aspectos no prioritarios que nos impidan abordar las cuestiones más importantes.
Cuando se sabe delegar y se delega bien, el responsable no debe estar pendiente de los procesos o respondiendo preguntas de seguimiento, ya que previamente se han definido unos mecanismos de comunicación eficiente y clara que minimizan esas preguntas de seguimiento que, en muchas ocasiones deben ser innecesarias y reducen drásticamente las reuniones a lo meramente imprescindible para el control de los proyectos.
No hay que olvidar que el objetivo de delegar de tareas es no tener que estar pendiente de ellas ya que el personal desiganado para su ejecución es de nuestra total confianza para acometerlas.
Por último, una de las mejores decisiones que se puede hacer es invertir en recursos que faciliten el proceso de delegación. Si hay una nueva tecnología que reduce los costes de coordinación y facilita la colaboración, no hay que escatimar en ella.
El objetivo, es sencillo, conseguir que la delegación sea lo más transparente posible.