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Xerox PARC: Fuimos héroes, casi anónimos

Info3/23/2017



Todos conocemos como es la historia. “La pequeña empresa que pudo”. Una primero y la segunda, inicialmente, desarrollando software para la otra. Apple y Microsoft. Suficiente para llenar dunas de literatura geek, IT, computacional. Será que las victorias y los millones a temprana edad venden más. Será que estar en el lugar justo, en el momento adecuado, con los vientos a favor, es determinante. O que a la historia, la escriben los que ganan. Habrán tantos motivos para que esto sea de esa forma, pero poco importan ahora mismo, tan lejos en el tiempo.

Lo que importa, es avanzar. Y ese, fue nuestro lema desde el primer día en Xerox PARC.

Era un lugar ideal para su función: la investigación y desarrollo de nuevas tecnologías. Para muchos de ustedes, algunas de ellas ya son tan cotidianas como lavarse los dientes. No creerán tampoco la cantidad que quedaron en el camino, en el tintero, o que eran simplemente ideas inviables en su momento. ¡Cuantos gurúes darían lo que fuera por haber estado en esas tormentas de ideas ! Una extraña mitología propia se desarrolló más tarde, justificada además, tomando en cuenta las cosas que sí hicimos. Bastante logramos desde nuestra posición, aunque tuviera un resultado tan ambiguo, a la larga.

Muchos años antes de que algunas de las mayores compañías computacionales del mundo empezaran en algún garage perdido por ahí, yo colaboré en la escritura de Smalltalk, el proyecto que acuñó la frase “programación orientada a objetos”. Fue una de las tantas cosas de vanguardia con las que experimentamos, jugamos, aprendimos. Una de las que silenciosamente generaría toda una revolución luego, al encontrar las manos indicadas. Tal y como Mouses, Ethernet, WYSIWYG, Interfaz Gráfica… creo que la lista habla por sí sola y su fama la precede.

Pero era el momento de la investigación, el desarrollo, el descubrimiento. De explorar nuestras más fantásticas ideas y llevarlas a cabo. De, literalmente, inventar todo un grupo de esquemas, normas, lenguajes y dispositivos para tales fines. Por lo menos, eso nos decían nuestros jefes. “Cabezas de Tóner“, fue su apodo para la posteridad. Hoy en día poca gente creería que estaban lejos de ser los inoperantes sin visión que la historia de los ganadores se ha empeñado en retratar. Al menos inicialmente, sabían lo que estaban tramando. Nosotros, los genios locos de PARC, sin lugar a dudas lo hacíamos. Durante una década vivimos desarrollando para un futuro incierto, pronosticando, profetizando que podría suceder. Quizás con demasiadas expectativas o inocencia en cuanto a su alcance real. Años, trabajando arduamente, en compañía de algunas de las mejores mentes del planeta en materia de computadoras. Formamos un espacio, un ambiente de innovación que, tal vez, no se ha vuelto a ver desde entonces, esperando que todo saliera bien.

Lo que no esperábamos, lo que no planificamos, aquello que no contemplamos ni en nuestros sueños más disparatos, era el fracaso. Y el fracaso llegó, como muchos de ustedes sabrán. No porque fuéramos adelantados a nuestro tiempo, como se menciona a menudo (que lo éramos). Sino porque simplemente no se nos entendió. Hubieron muy, muy pocas personas que pudieron hacerlo. Lamentablemente, no eran nuestros jefes.
Más allá de algunas computadoras que se produjeron a una escala ínfima como la Xerox Alto, que apenas si llegaron a nutrir de hardware algunas universidades y lugares afines, podíamos sentir como aquello que era tan inmensamente revolucionario… se estaba tardando mucho en serlo. Casi como si fuese sólo un capricho de nuestros directivos, más que una posibilidad fehaciente el mantener y distribuir estas innovaciones. Poco a poco en PARC íbamos temiendo que así fuera y se convirtiera en una realidad.

Ese día finalmente llegó, y se fue anunciando con antelación. Una serie de grupos de jóvenes emprendedores comenzaron a insistir a la directiva con visitar nuestras instalaciones. Para la época, era algo así como ver la fabricación de la piedra filosofal de los alquimistas; un dispositivo para convertir cualquier metal en oro y lograr la inmortalidad. En nuestro caso, la transmutación era de silicio en oro, y la inmortalidad en forma de gloria y honores.

No estaba dispuesta a dejar ir tanto de nuestro esfuerzo, nuestras ideas y sueños tan fácilmente. Las discusiones con los jefes en Xerox fueron en una escalada dramática, conmigo y algunos colegas a la cabeza en representación de PARC. Queríamos que lo intentaran, que avanzaran, que abrieran la mente. Sólo bastaba con arriesgar una pequeña cantidad, en proporcionón con las ganancias que la apuesta en nuestras tecnologías recién nacidas pagarían. Porque una cosa, era contar y mostrar nuestros proyectos a una comunidad en nacimiento, pero el joven emprendedor que llegaría más tarde a las puertas de nuestros laboratorios, tenía más de empresario, de inteligente, que de colaborador.
Dicen, que luché y me resistí, aún al momento de verlo en las puertas. Que todo nuestro destino se selló entre susurros cuando Steve Jobs, y por ende Apple, ofreció un acuerdo con Xerox por un millón de dólares más algún que otro negociado entre ambas compañías. Otros afirman que estuve discutiendo por horas, negándome a darle el tour al que ya suponía que se llevaría tantos cambios de aumento en nuestros lentes para su empresa. Después de todo este tiempo poco importa si así fue, bien sabrán que lo logró, que tomó nuestras ideas y desarrollos, nuestros inventos, uno por uno, y los hizo volar a los niveles que se merecían. A los que Xerox, en sus propias palabras, debería haber llevado, para convertirse en la mayor empresa de computación de la historia.

Tierra de peros, de quizás, de que hubiera sucedido… como ya dije, toda una mitología que será estudiada a través de los años, resucitada cada tanto. Y quizás, nadie nunca se pregunte, sospeche, o crea, que entre tantos combates a capa y espada con Xerox, fui una de las personas que propiciaron la llegada de los Gates, Allens, Wozniacks y Jobs a PARC. De las que a pesar de todo, sentí que nuestro avance no sería en vano, y la rueda del progreso seguiría su curso, aún a pesar de nuestros jefes. O que tal vez, consideramos entre todos, unidos como PARC, que a veces hay que liberar las cosas para que los demás puedan continuarlas. Una lección que los mismos que se beneficiaron de nosotros, parecen no haber aprendido nunca. Porque lo importante, es continuar, es avanzar. Sea en la vida, la tecnología, o las computadoras.

–Adele Goldberg, miembro crucial de Xerox PARC, encargada de guiar la mítica visita de Jobs al lugar.
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