
Está finalizando el primer cuatrimestre de 2017 sin alternativas dignas de ser destacadas.
La recesión sigue con un nivel de PBI parecido al del 2011 y con una inflación en descenso forzado a un alto costo en cuanto a actividad pero que es aun alta y rebelde. Si a esto se le agregan las expectativas por las elecciones cada vez más cercanas la situación general es compleja porque en caso de que la actual administración pierda en la Pcia.de Buenos Aires contra una oposición populista generaría un fuerte estrés tanto para administrar el gobierno cuanto para la visión desde el exterior.
Hoy la economía es recesiva con alta inflación y elecciones en medio del reordenamiento de los graves desajustes macroeconómicos perpetrados por la anterior administración.
Esta administración ha decidido aplicar una política monetaria de metas de inflación para reducirla y utilizar una política fiscal con mucho gasto para que no decaiga aún más la ya deprimida demanda doméstica financiando todo con deuda externa.
Ese pragmático y heterodoxo accionar genera algunos problemas en el corto plazo porque se trata de fomentar la demanda doméstica pero al mismo tiempo mantenerla bajo control para no impactar la inflación y naturalmente, la reactivación es mucho menor que en otros ciclos donde no se acelera con el freno colocado.
Tal vez un tanto exageradamente esta administración se ha enfocado en lo que supone un problema electoral expandiendo la política fiscal, es decir, sin restringir los gastos, y eso incrementa la necesidad de financiar gasto público.
Saludablemente no utilizan financiamiento del BCRA (usando reservas internacionales y emisión de moneda) y tampoco le quitan demasiados recursos al sector privado mediante grandes emisiones locales de bonos para financiar el déficit fiscal. Esta administración está siendo muy eficaz para conseguir recursos en los mercados financieros internacionales aprovechando las bajas tasas de interés y exceso de ahorro en el mundo aun pagando más de 3% que Bolivia.
Hasta Santa Cruz quiere colocar deuda (y quizás pueda!) en medio de su crisis financiera.
Mucha emisión monetaria aparentemente.
Cuando se establece un precio al dinero (la tasa de interés) la cantidad de pesos en circulación lo define el sector privado o sea que lo fijan otros que la administración. En abril 2017 y tal como están los precios relativos el sector privado no quiere todos los pesos que la administración está forzada a emitir al transformar el endeudamiento externo en pesos.
El sector privado no quiere todos los pesos que el BCRA emite y termina colocándolos (en realidad le presta los pesos al BCRA) obligándolo a emitir más deuda (LEBAC/ Pases) para esterilizar los pesos sobrantes del mercado monetario.
Cuando se establece una política monetaria de metas de inflación siendo la variable relevante la tasa de interés y no tanto la base monetaria (que no puede ser controlada con esa política) no debería existir la necesidad de emitir moneda, pero nuestra macroeconomía tiene un enorme déficit inelástico y no queda más remedio que seguir emitiendo para financiarlo y no es poco a financiar, se llegará a $170,000 M en 2017.
Además hay que emitir pesos para comprar las divisas que consigue el Tesoro Nacional al tomar dólares y vender esas divisas al Banco Central para conseguir pesos para financiar jubilaciones, obra pública, subsidios sociales, y desarreglos de tarifas.
Hay que emitir para el Tesoro para financiar el déficit y para comprar los dólares que se consiguen prestados porque de otro modo el dólar estaría a menos de $14 pesos. Todos los pesos que emite el Central no son totalmente demandados por la sociedad y el mercado los coloca a la tasa alta de interés de LEBACS o pases.
En doce meses se emitieron para cubrir el déficit y todo lo antes mencionado más de $231.000 M por compra de dólares al Tesoro y $150.000 M para cubrir algo del déficit.
Pero como en medio de la recesión el mercado solo quiso $200.000 M, hubo que colocar LEBAC y Pases por $250.000 M con lo cual los LEBAC y Pases aumentaron muchísimo: de $480.000 M hace un año a $880.000 M en abril 2017 esto significa claramente que el endeudamiento interno aumentó 90% en un año y ahora es más del 112% de la base monetaria.
Nuestro mercado de capitales es prácticamente inexistente debido a medio siglo de inflación la administración coloca deuda tanto en dólares como en pesos para soportar el déficit fiscal con deuda externa que es obtenida en divisas. Se toma deuda en pesos pero en gran medida son fondos especulativos (“carry trade”) es decir, son ingresos de dólares cambiados a pesos para aprovechar el diferencial de tasas.
Pero se arrancó de un bajo nivel de deuda (porque a la Administración anterior no le prestaba nadie, a Dios gracias) hoy se puede recurrir al endeudamiento externo sin acercarnos a zonas peligrosas todavía.
Los dólares que ingresan no son todavía Inversiones Extranjeras Directas Productivas – algo casi inexistente aun – sino préstamos que generan mucha oferta de dólares haciendo bajar el dólar y reduciendo el precio de las importaciones, los viajes por turismo y el atesoramiento en activos externos, deporte nacional por excelencia que está muy lejos de reducirse. Como se puede ver la situación es compleja para que la actividad nacional reaccione rápido.
Política monetaria contrapuesta con la Política Fiscal
Hoy la política fiscal de gastar mucho para estimular la demanda doméstica (consumo e inversión) se frena con una política monetaria de tasa de interés muy alta para bajar la demanda doméstica y reducir la inflación.
Por eso el efecto ¨mayor demanda¨ (del gasto) de la política fiscal es, contrarrestado por el efecto contrario de la política monetaria, por lo que, el efecto expansión es menor en el corto plazo con esta política monetaria. El impacto siempre positivo de la política fiscal expansiva sobre la actividad y el empleo será mucho menor que en otras oportunidades contra cíclicas de recuperación. Por eso el crecimiento de PBI para este año será de poco 2.5 /3% aunque hay opiniones diversas, bien fundamentadas que esperan más, casi 4%, pero no es serio colocarse en una predicción cierta.
La salida de la recesión es lenta, mucho más de lo esperado y la administración actual tiene apuro electoral y en consecuencia actúa buscando que aumente la inversión privada de mil maneras buscando una mejora de competitividad genuina.
Pero en el corto plazo, la urgencia es reactivar el consumobuscando un arranque en los trimestres que vienen, el gobierno acelera la obra pública, dice que ejecuta la Reparación Histórica, algo que no es cierto, frena el aumento del transporte público, repone las ventas en cuotas sin interés, relanza el PROCREAR y habilita desde los bancos públicos el crédito hipotecario.
Esta concentración de gasto y crédito público puede eventualmente mover el consumo pero si el gasto público fuera un motor para reactivar, en todos estos años de expansionismo fiscal la economía argentina no hubiera estado estancada sino en un boom de actividad.
Aumentar los planes sociales, acelerar la obra pública, relatar sin hacer nada sobre la reparación histórica a jubilados – un novedoso mundo de realismo mágico al mejor estilo de la administración anterior – transferir fondos a provincias, generar la idea de un boom de préstamos hipotecarios, anunciar nuevos préstamos subsidiados, y hasta animarse un poco a los controles de importación es algo de show off que se parece demasiado al esquema pro consumo Kicillof.
En resumen:
Estas medidas contradictorias impiden la recuperación rápida del PBI y del empleo, por mucho que se relate, porque hay una política fiscal a puro gasto y una política monetaria tipo Paul Volcker que en argentina con el problema de manejar las necesidades de financiamiento del sector público con deuda externa nos llevó a un dólar muy barato que baja el precio de los bienes y servicios importados y en definitiva puede llegar – aun no ocurre en gran medida – a generar mucha demanda de bienes de consumo extranjeros en contra de reactivar la producción local.
Parecería que – tal como están las cosas – aumentar el gasto y el déficit público para reactivar la economía doméstica por puede llegar a aumentar la demanda de importaciones. Por eso la demanda de productos nacionales, que es lo que suma para el PBI aumenta menos y las exportaciones tampoco están favorecidas, por la pérdida de competitividad de la producción local.
Las dos políticas – monetaria y fiscal – opuestas entre sí pueden dar con seguridad resultados positivos en el mediano plazo pero considerando que esta administración tiene otras urgencias parece dudoso que les favorezca electoralmente. Tampoco pueden ser mantenidas mucho tiempo porque no se puede aumentar demasiado el endeudamiento externo junto con la deuda cuasi – fiscal, palabrejas que quieren decir el costo que se paga por esteriliza dinero con pases y/o Lebacs.
Resultados sobre la inflación
El IPC será mucho más bajo hacia fin de año sin alcanzar la meta del 17% de tope para este año que plantea el equipo económico porque para llegar a ese objetivo, la inflación mensual restante debería ser menor del 1% mensual durante el 2do semestre de este año.
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Pero como habrá incrementos en el precio de los servicios públicos es improbable que eso ocurra. Puede llegarse a 22/23 % que de por sí sería una reducción de casi el 50% respecto de 2016.
Según datos del INDEC, la inflación núcleo ha permanecido en un promedio mensual del 1,7%. En la Ciudad de Buenos Aires, el panorama la inflación núcleo aumentó en promedio en los primeros tres meses del año respecto a lo que fue el promedio del cuarto trimestre de 2016. Esto, sumado a una nueva ronda de ajustes de tarifas que se está llevando a cabo a lo largo del año, provocará una suba del nivel general de precios superior a la pauta, algo con el proceso necesario para cumplir con la meta que tiene el Banco Central hacia fin de año: como máximo del 17% interanual.
El crédito y la liquidez tienen poca influencia sobre la inflación porque la intermediación financiera en las operaciones comerciales es muy bajo, es decir que las empresas PyME no toman crédito bancario por el alto costo y reducen inventarios. El tipo de cambio no puede ser utilizado porque el atraso cambiario afecta directamente la rentabilidad del sector transable de la economía, retrasa la llegada de inversiones extranjeras y deriva hacia un ajuste cambiario abrupto más adelante que impactaría en el nivel de precios.
El precio del dólar es descendente en los últimos meses colocando el nivel de tipo de cambio real muy por debajo del que se había alcanzado inmediatamente después de la salida del cepo cambiario. Si aún muestra un nivel aceptable es gracias al fuerte proceso de apreciación de la moneda brasilera.
El peso de la política monetaria recae sobre el canal de las expectativas respecto de las negociaciones paritarias que se están discutiendo, y en algunas que ya se han cerrado, donde la política del BCRA ha logrado quebrar las expectativas inerciales. Así, contratos salariales como el del sindicato de empleados públicos de la Provincia de Buenos Aires, Comercio y Bancarios se han fijado más en base a la inflación esperada futura que a la inflación pasada.
Esto significa que la política del BCRA está funcionando. Pero ¿qué efecto tiene subir las tasas si las negociaciones salariales están ya en discusión en valores del 25%?
Si las expectativas ya dieron sus resultados por este año, el crédito es débil como instrumento y el del tipo de cambio está agotado, queda poco para hacer, por el momento, más que aceptar una inflación 2 y 4 puntos por encima del 17%. Lo más probable es un promedio de inflación mensual cercano a 1,3% a partir de mayo, y una anual del 20% a diciembre de 2017.
Las elecciones que tanto preocupan a la administación
La actual administración puede conseguir mas bancas en ambas cámaras pero nunca llegar a la mayoría propia en ninguna de ellas, con lo cual la gobernabilidad seguirá dependiendo de negociaciones con el Peronismo, lo cual hace que en realidad no tengan – objetivamente – importancia decisiva.
Pero ante una población de case media muy sensible, y una clase baja a la que aun no se a logra sacar del problema económico que los agobia ganar o perder la provincia de Buenos Aires, definirá el efecto “ganador” de la elección, más allá de la suma nacional de votos o de legisladores, esto ya ocurrió en 2009 cuando Francisco de Narváez se impuso sobre Néstor Kirchner y en 2013 cuando Sergio Massa lo hizo sobre Martín Insaurralde, cambiando no tanto ese presente cuanto el futuro..
Esta administración mantendrá su estrategia de “polarización”, pero en las elecciones bonaerenses, esta se atenúa. En 2009, Francisco de Narváez se impuso a Néstor Kirchner por 34% a 32%. Cuatro años más tarde, Sergio Massa le gana a Martín Insaurralde, con 37% de los votos. Es decir que una elección de este tipo, en la cual no hay segunda vuelta, puede ganarse en la decisiva provincia de Buenos Aires con menos del 40% de los votos.
Entonces:
La primera definición relevante es el 14 de junio, cuando se presentan las alianzas, y se sepa quien es la oposición real.
Diez días más tarde con las candidaturas a la vista, la provincia de Buenos Aires enciende su luz y si CFK es candidata o no será una definición relevante, especialmente para ella..
Las PASO son el 13 de agosto y si hay competencia entre peronistas bonaerenses será interesante ver – hacia el futuro – como su resultado incide en la elección.