
A lo largo de la dilatada historia del planeta tierra se han ido sucediendo diferentes etapas en las que la vida toca a su fin tal y como se conoce. Sólo unas pocas especies se consiguen salvar y repoblar el mundo hasta el siguiente turno. Sin duda esto hace que la especie predominante desaparezca, como en el caso de la última extinción que tuvo lugar hace 66 millones de años y acabó con la supremacía de los dinosaurios.
Aunque en aquella ocasión el fenómeno vino dado por una lluvia de meteoritos, los seres humanos hemos forzado la máquina hasta el punto de que hemos acelerado el proceso. Nos encontramos en lo que podría considerarse el cenit de nuestra especie, ya que no tenemos rival gracias a nuestra tecnología. Pero ni siquiera nuestras herramientas podrían salvarnos de este proceso que se nos avecina.

Con la enorme deforestación que ha provocado la humanidad, ligado al aumento de las emisiones de CO2 al ambiente, hemos reducido la posibilidad de que el propio planeta pueda reabsorber la contaminación. Esto hace que, al producirse más de lo que se elimina, el fenómeno no pare de crecer. Nos encontramos en un momento en el que, por acción directa o indirecta, se extinguen cien veces más rápido de lo normal las especies que coexisten en la Tierra.

Se puede leer en un artículo de la revista Science Advances, que si comparamos el ritmo al que desaparecen con el que se produjo durante la extinción de los dinosaurios, sigue siendo superior el actual. El propio Stephen Hawking, eminente físico, ha dicho en una reciente entrevista que si no conseguimos establecernos en otro planeta llegaremos a extinguirnos en un plazo muy breve de tiempo.

Otros científicos ven muy distante ese momento de la extinción, amparándose en que el estado de deterioro de la atmósfera no es tan grave. Pero aunque dilaten algo más el tiempo, sin duda es una situación que se torna muy próxima. La evolución que se ha desarrollado en el medio ambiente durante los últimos años ha hecho que poco a poco nos vayamos sintiendo cada vez más cerca de nuestro fin.

Quizá por ello algunos científicos, a parte de Hawking, confían más en la colonización y terraformación de otro planeta como Marte. Existe un programa, conocido como Mars One que trata de desarrollar este fin, enviando para ello a un grupo de humanos sin retorno posible. Con ello se trata de comprobar si es viable la creación de una colonia interplanetaria. Personas de la talla de Elon Musk han propuesto la creación de una nave conocida como Red Dragon para poder enviar a más personas a otros planetas ¿Pero debemos dar por perdida la Tierra que nos vio nacer?

Los científicos se han encontrado enfrente de los grandes lobbys de la industria, que prefieren los beneficios que generan sus empresas antes que los sobrecostes de cuidar el medio ambiente. Grandes empresas que contaminan mucho más de lo que debían, subvencionando lo que los gobiernos deben pactar para que sigan haciéndolo. Finalmente esas acciones pasarán factura, pero no a ellos.

Puede que la gran idea sea ahorrar ese dinero para poder comprar un pasaje en el avión de Elon Musk, con el fin de poder salvar a sus herederos. Pero en ese caso, valdría la pena perderlo todo sólo por ser uno de los elegidos y poder escapar a un nuevo planeta para destruirlo ¿sabemos realmente lo que supone la pérdida de nuestro planeta natal para nuestra civilización? ¿realmente es viable la vida en otro planeta?

Cuando pensamos en una colonia en Marte pensamos que podríamos trasladar a todo el mundo allí, cuando realmente sólo podríamos llevar a un muy reducido grupo de personas. Para que una persona se pueda autoabastecer serían necesarios muchos metros de terreno cultivable, zonas de pastoreo y muchas plantas para purificar el aire. Amén de las necesidades externas eléctricas para sostener nuestro ritmo de vida. Marte es grande, pero su atmósfera no es para nada viable para la formas vivientes terrestres.

Para echar el freno a la destrucción de la tierra tendríamos que comenzar por tratar de salvar a los seres vivos que estén más en riesgo. La evolución natural se ha visto repentinamente truncada por nuestra brusca intromisión en todos los rincones del planeta, por lo que tenemos que tratar de restaurar un equilibrio lógico y sostenible. Puede que con mano diestra logremos despertar la conciencia colectiva y hacer que el mundo vuelva a ser habitable.

